Hipertensión arterial: Causas y efectos

La hipertensión arterial puede dañar el corazón. No te quedes sin saber sus causas, sus consecuencias y su posible tratamiento.

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La hipertensión arterial es una enfermedad muy presente en nuestra sociedad. Se caracteriza por cifras de tensión arterial sistólica (la máxima) superiores o iguales a 140 mm Hg y/o cifras de tensión arterial diastólica (la mínima) superiores o iguales a 90 mm Hg. La tensión normal de una persona sana debería estar por debajo de 129 mm Hg la sistólica y por debajo de 84 mm Hg la diastólica. Cifras entre 130-139 mm Hg y 85-89 mm Hg se consideran normales pero elevadas, por lo que debería hacerse un seguimiento por parte del médico de cabecera y medir la tensión arterial de forma regular.

  1. ¿Cómo se diagnostica la hipertensión arterial?
  2. Consecuencias de la hipertensión arterial

¿Cómo se diagnostica la hipertensión arterial?

Para poder diagnosticar hipertensión arterial a una persona, no basta con una sola medición aislada. Para sospecharlo, se deben tener dos medidas realizadas en la consulta separadas en el tiempo (semanas), siempre y cuando las cifras no sean muy elevadas, con una tensión diastólica superior a 130 mm Hg o una medición de la tensión superior a 180/120 mm Hg acompañada de síntomas, lo cual ya sería indicativo de hipertensión arterial.

Tras las dos tomas alteradas, lo ideal es realizar una monitorización ambulatoria de la presión arterial (MAPA). Consiste en un aparato que registra la tensión arterial durante 24 horas y de esa manera se puede ver si las cifras elevadas son puntuales o mantenidas. En caso de no poder realizar una MAPA, se puede hacer una medición de la presión arterial en el domicilio por parte del paciente o de familiares.

En la mayoría de las ocasiones. la hipertensión arterial es idiopática, es decir, de origen desconocido. Independientemente de esto, siempre se deben descartar causas secundarias que puede ser tratables, como fármacos (esteroides, anticonceptivos hormonales, sustancias adrenérgicas, ciclosporina, eritropoyetina, antiinflamatorios), alteraciones endocrinas (feocromocitoma, hipertiroidismo, hipotiroidismo, hiperparatiroidismo, hiperaldosteronismo), o enfermedades renales.

Consecuencias de la hipertensión arterial

La hipertensión arterial no controlada supone un riesgo importante para la salud del paciente. Esto se debe a que la elevación continuada de las cifras de tensión arterial puede provocar daños severos en los llamados órganos diana, que son aquellos que se ven más afectados por el efecto de la tensión arterial. Los órganos diana son el corazón, los riñones, el cerebro, las arterias y la retina.

La hipertensión leve, sin afectación de órganos diana, suele ser totalmente asintomática y su diagnóstico es casual. Dentro de la sintomatología atribuible a hipertensión arterial, el síntoma más constante es la cefalea, de predominio frontal u occipital.

El hecho de padecer hipertensión arterial supone un factor de riesgo cardiovascular ya que conlleva que el corazón tenga que bombear la sangre con más fuerza para lograr irrigar correctamente los tejidos. El excesivo trabajo al que se ve sometido el corazón hace que, a medio plazo, este tenga que aumentar la masa muscular para hacer frente al sobreesfuerzo y que las arterias coronarias se engrosen, lo cual dificulta el riego sanguíneo y favorece que se produzca un episodio cardiovascular como un infarto. Asimismo, la hipertrofia ventricular izquierda puede causar una insuficiencia cardiaca congestiva.

Las complicaciones a nivel del sistema nervioso central pueden ser desde un accidente isquémico transitorio a un infarto cerebral en territorios de las arterias carótida interna o vertebrobasilar, infartos lacunares que, en conjunto, pueden desembocar en una demencia vascular, o una hemorragia cerebral, cuya principal causa es la hipertensión arterial.

El aumento de la presión también puede dañar los riñones. Esto es debido a que se ven sometidos a mayor presión y tienen que trabajar más para depurar el aflujo incrementado de sangre que les llega, provocando a la larga una insuficiencia renal.

El aumento de la presión arterial en las arterias, pese a que sean gruesas como la aorta, puede dañar sus paredes y debilitarlas. Esto puede conducir a situaciones graves como un aneurisma de aorta, una disección o bien problemas en otras arterias de menor calibre.

La tensión arterial sostenida afecta especialmente a las arterias de la retina, causando lesiones por hemorragias o edema de la papila, lo cual puede poner en peligro la visión del paciente.

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Dr. David Cañadas Bustos – Especialista en Medicina General – Médico consultor de Advance Medical

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