Buenos recuerdos y su relación con la felicidad

Como propone la letra de “El baúl de los recuerdos” de Karina, volver la vista atrás es bueno a veces y nos permite mirar hacia delante con menos temor.

Recuerdos felices

Si lo que rescatamos del famoso baúl son recuerdos felices que han quedado atrás nos viene bien para progresar y ser feliz. Y es que este pasatiempo tan sencillo y aparentemente trivial que hacemos de forma natural con cierta frecuencia es muy útil porque nos ayuda a regular mejor nuestras emociones y nos hace sentir aquello que conocemos como felicidad.

¿Qué sucede en el cerebro cuando recordamos buenos momentos? 

Cuando revivimos mentalmente los buenos momentos de nuestro pasado, la actividad neuronal es muy parecida a la que tuvimos en el momento recordado, es decir, experimentamos, casi con la misma intensidad, las emociones que en aquel entonces sentimos. Al ser gratificantes, el cerebro reacciona activando el sistema de recompensa, envía señales para que se libere un neurotransmisor responsable de las sensaciones placenteras, la dopamina, y eso nos hace sentir bien y aumenta la motivación. 

¿Por qué recordar buenos momentos nos hace ser más felices? 

Rememorar recuerdos felices tiene una función adaptativa, nos permite hacer frente con más éxito a las experiencias negativas que están por llegar. Algo así como una especie de vacuna contra el desánimo o, lo que es lo mismo, la desmotivación. De hecho, revivir emociones positivas al echar un vistazo al pasado, se relaciona con el nivel de resiliencia, es decir, la capacidad que tiene cada persona de sobreponerse al dolor emocional y las situaciones adversas. Se ha demostrado que las personas resilientes tienen una mayor activación del sistema de recompensa al recordar buenos momentos pasados y que, por tanto, es la mayor dosis de dopamina la que les motiva a seguir adelante y a mirar hacia el futuro con optimismo. 

Podemos entonces afirmar que disfrutar en la imaginación de los sucesos positivos de nuestro pasado es una buena táctica para combatir los problemas que nos traerá la vida y nos ayuda a ser más felices. 

¿Por qué nos ponemos nostálgicos cuando recordamos? 

Cuando nos sentimos solos, tendemos a sentirnos nostálgicos, una sensación que, según diversos estudios, provoca sentimientos positivos y refuerza nuestra sensación de ser amados, a la vez que reduce los sentimientos negativos, como la soledad. En otras palabras, añorar el pasado no sólo no es malo, sino que puede convertir un mal día en uno bueno

¿Cómo se almacenan los recuerdos? 

Las experiencias extraordinarias y nuevas se codifican mejor: al requerir un mayor procesamiento cognitivo elaborativo, las experiencias que se salen de lo habitual o rutinario son más fáciles de recordar. Es por ese motivo por el que una gran parte de nuestros recuerdos son de la adolescencia y la juventud, la edad de las primeras experiencias: primeras citas, primer beso, primer cigarro, etc., lo que se conoce como bulto de la reminiscencia, es decir, la tendencia a acumular recuerdos de todo tipo en épocas de grandes cambios, como es la etapa de los 15 a los 25 años. 

  • Las emociones intensas se consolidan mejor: la parte más importante de un recuerdo es la emoción que trae consigo. Si una situación concreta está acompañada de una intensa emocionalidad, el cerebro acumulará los datos con mayor facilidad. Este es el motivo por el que todos recordemos mejor los momentos significativos como una boda, el aniversario o el nacimiento de un hijo, porque están cargados de emociones de alta intensidad. 
  • Los sentidos ayudan a registrar momentos: un aroma, una canción, una imagen o un tacto especifico concreto pueden hacer más vívido un recuerdo, aumentando las probabilidades de conservarlo y recuperarlo. Esa es la razón de que, por ejemplo, un determinado olor pueda evocarnos un lugar o persona concretos. Las experiencias de muchísimos años atrás pueden venir a nuestra memoria a través de los sentidos. 
  • Los acontecimientos con una final feliz se almacenan mejor: el efecto del pico final es un sesgo que nos empuja a valorar positivamente los acontecimientos con un final feliz. Este comportamiento se debe a la gran importancia que asignamos inconscientemente a la forma de concluir los acontecimientos, por ello resulta más gratificante una comida después de pasar el día realizando deporte o algún esfuerzo, que si tomamos la misma comida tras pasar el día sin hacer nada en casa. 

Estrés y desconexión durante la maternidad

¿Cómo puedo generar recuerdos que me ayuden a ser feliz? 

Convierte en extraordinario lo ordinario: atrévete a innovar y a darle “chispa” al día. Si siempre cenas frente al televisor, reúne a la familia una noche para cenar a la luz de las velas, y si siempre cenas con velas, quizás una maratón de cine mientras degustas una buena comida convierta lo rutinario en algo más extraordinario. Si asociamos emociones positivas a situaciones rutinarias, aumentaremos la cantidad de recuerdos felices al echar la vista atrás. 

  • Intensifica el momento presente: concéntrate en lo que estás haciendo en cada momento. Si estás disfrutando de una cena entre amigos o de una excursión en la montaña, desconecta el móvil para que puedas dedicar toda tu atención a lo que estás haciendo. Absorber cada detalle multiplica las posibilidades de regresar a aquel momento tan pronto nos crucemos con algún detalle que nos vincule al pasado. 
  • Utiliza los sentidos: reviste los momentos con estímulos sensoriales. Prepara una lista de música para ese viaje en coche, enciende incienso, velas o aromas para una cena especial, utiliza texturas agradables a la hora de dormir, etc. Cada vez que escuches esa canción, huelas ese aroma o sientas ese tacto, la mente, en un segundo, te trasladará al pasado.  
  • Haz fotos y videos de tu vida: date cuenta de que los episodios que más recuerdas de tu infancia y juventud son aquellos de los que tienes fotos. Y es que, hacer fotos y videos, para volver a verlas de vez en cuando, nos ayuda a mantener frescos aquellos buenos momentos y a mirar hacia el futuro con ilusión. 
  • Construye un final feliz: después de una experiencia mala, prepárate tu comida preferida, ves a un buen restaurante, cómprate algo bonito, etc. Si a una mala experiencia, le asociamos seguidamente una emoción positiva, con el paso del tiempo, la valoración que haremos al recordarlo será más buena. 

  

Mireia Galán

Artículo de Mireia Galán

Psicóloga

Especialista en Psicología Clínica y Psicoterapeuta familiar y de pareja - Psicóloga consultora de Advance Medical

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