Cinco hábitos que pueden arruinar tu relación de pareja

Ocurre en muchas relaciones que, tras años de convivencia, se atraviesa una etapa cargada de comportamientos que más que unión generan distanciamiento entre ambos miembros de la pareja.

Hábitos que pueden arruinar tu relación de pareja

Un sinfín de hábitos que, por el mero hecho de instaurarse en la rutina, pueden arruinar la relación. ¿Quieres conocer cuáles son los principales hábitos que entorpecen el buen funcionamiento de una relación? Tomar consciencia siempre es el primer paso para producir un cambio, por eso te los explicamos, para que aprendas a identificarlos.

Principales hábitos que pueden arruinar tu relación de pareja

Si me quiere, debería saber lo que pienso

¿Te suena esta situación? Has pasado un día duro en el trabajo, te sientes agobiado/a, triste y con ganas de hablar, has comido en 5 minutos para poder salir antes y pasar más tiempo con tu pareja, pero llegas a casa y… ¡Sorpresa! no está, a pesar de que le comentaste que hoy tenías especialmente ganas de descansar. “¡Qué decepción, qué disgusto! Seguro que está por ahí sin pensar en mí”. Es un clásico de los problemas relacionales de la pareja, el que uno de los miembros se enfade porque el otro no ha sabido leerle el pensamiento. Crearse expectativas respecto a cómo debería comportarse el otro en función de lo que yo pienso, provoca frustración al comprobar que no se ajusta a ellas y deteriora la relación de pareja.

Nadie, por muchos años que lleve de relación de pareja, es capaz de leer la mente del otro, pues ello implicaría tener unas estructuras neurológicas iguales y unas experiencias vitales similares. Pensar que todo lo que hace, dice y siente el otro está equivocado porque no coincide con nuestra manera de procesar, es un error relacional importante que todos debemos cambiar.

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Solución: no esperes a que averigüe qué piensas y expresa aquello que necesitas. Hubiera sido más sencillo expresarle que necesitabas tenerlo cerca porque habías tenido un mal día en el trabajo y querías su compañía para hablar.

Yo tengo la razón

Cuando estamos en desacuerdo respecto a un tema, tenemos por costumbre mirar exclusivamente nuestro ombligo y defender a capa y espada nuestros argumentos intentando convencer al otro de que llevamos la razón. Esta actitud, tomada por ambos lados, provoca una discusión sin límite, llamada escalada simétrica, que termina por desgaste, pero sin ninguna solución. Este comportamiento, mantenido en el tiempo, acaba por desgastar la relación de pareja y distanciando a sus miembros.

El objetivo de una discusión de pareja es llegar a un acuerdo sobre la forma de funcionar la próxima vez que nos encontremos ante tal situación. Los terapeutas de pareja en este sentido, tenemos mucho trabajo a hacer, pues la mayoría de las parejas que atendemos en consulta, necesitan ser instruidas en la forma adecuada de batallar.

Solución: empatiza. Escucha con atención a tu pareja, demuestra interés por lo que expresa y deja de lado el impulso de querer convertirle a tu opinión. Haz un esfuerzo por ponerte en su lugar y ver las cosas bajo su mirada. Las desavenencias amorosas son necesarias si con ellas, conseguimos comprendernos más.

¿Te estresan los planes fuera de casa?, ¿te angustia el furor de la gente por querer quedar en persona? Tranquilo, no eres el único.

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Lo nuestro es para siempre

Dar por hecho que la relación de pareja se va a mantener sola, sin prestarle atención, lleva a descuidarla. Con el paso de los años, a veces se pierden las formas, se descuidan los detalles y se olvida encontrar tiempo de calidad para disfrutar de la relación.

No cuidar la relación, a la pareja, los detalles, las formas, el respecto, etc., contribuye a que la relación se vaya transformado en algo más incómodo y cada vez más difícil de disfrutar. Aquello de que “la confianza da asco” es una representación a la que no debemos llegar.

Solución: nunca digas nunca, vuestra relación también puede terminar. Haz una lista con todo aquello que hacías al principio y trata de reproducir aquellos buenos hábitos que os hacían sentir bien. Cuidarse uno mismo, tener la casa bonita, salir a disfrutar, hablar cariñosamente, etc., son aspectos que pueden solventar la dejadez como forma de vida.

No es para tanto

Cuando aparecen conductas que nos dañan y las dejamos pasar, quitándoles peso para poder soportarlo, estamos normalizando circunstancias que nos provocan sufrimiento y desarrollan una relación tóxica.

Para construir relaciones sanas debemos tener muy claro dónde están nuestros límites y qué es aquello que no estamos dispuestos a negociar bajo ningún concepto. Si no marcamos los límites desde la primera vez que aparecen estas conductas, se repetirán infinitamente.

Solución: Busca ayuda psicoterapéutica o termina la relación. Los bucles relacionales instaurados en el dolor son difíciles de manejar por uno mismo, de modo que, la salida, si es que se decide apostar por la relación, siempre debe ser mediante la intervención de un profesional especializado.

Mira qué bien lo hace otro

A veces con la buena intención de querer provocar un cambio en nuestra pareja, tendemos a compararlo con los demás. Pero lejos de conseguir nuestro objetivo, reacciona enfadándose y rigidizándose todavía más en su posición de no cambiar, lo que provoca un distanciamiento emocional.

El hábito de comparar es dañino y peligroso para relación. Genera expectativas poco realistas para el comparador y lo siente como un ataque el comparado.

Solución: Nunca compares a tu pareja con otras personas, es única. Céntrate en las virtudes que tiene y deja de sacar defectos. Para que se produzca un cambio, la demanda no debe venir desde el exterior, si no que es la persona quien debe sentir la necesidad de cambiar.

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