¿Son eficaces los probióticos?

Los probióticos son microorganismos vivos. El más conocido es el yogur. Te presentamos su funcionamiento y sus aplicaciones.

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Cada día están más en boga los alimentos con probióticos, pero ¿qué son? Hoy lo descubrimos como hicimos hace unos días con la col Kale.

  1. ¿Qué son los probióticos?
  2. Historia de los probióticos
  3. ¿Cómo funcionan los probióticos?
  4. Aplicaciones y beneficios de los probióticos

¿Qué son los probióticos?

Los probióticos son microorganismos vivos que, cuando se administran en cantidades adecuadas, confieren un beneficio para la salud. Para que un microorganismo sea calificado como probiótico es imprescindible demostrar científicamente que produce un efecto positivo en el organismo. Además, deben ser microorganismos que no provoquen enfermedades por ellos mismos ni toxinas que puedan perjudicar al funcionamiento de nuestro cuerpo. Esto quiere decir que la comunidad científica esté de acuerdo en que es seguro, no como pasa con el agua cruda, tema en el que hay mucha controversia.

Los efectos beneficiosos, por lo tanto, deben demostrarse con estudios realizados en seres humanos y con la metodología científica adecuada. Son tan estrictas las normas que, a pesar de que una cepa haya demostrado eficacia, no se puede extrapolar el resultado a las cepas de la misma familia. Cada estudio debe enfocarse y demostrar eficacia en diferentes áreas de la salud humana. Por ejemplo, un probiótico puede haber demostrado beneficio en la prevención de diarreas pero no por ello su indicación será válida para la prevención de alergias.

Estos microorganismos no son la solución a todos nuestros problemas de salud, a pesar de que, durante muchos años, nos los han vendido como casi un milagro. Por otro lado, también es verdad, que parece ser que hay condiciones médicas que se benefician de su consumo.

Historia de los probióticos

Los humanos llevamos consumiendo probióticos hace miles de años a través de la lactancia materna (de ahí muchos de sus beneficios y su gran impacto en la salud del lactante) y el yogur.

Los probióticos empezaron a estar en boga en 1965 tras un artículo publicado en la revista Science por Daniel M. Lilly y Rosalie H. Stilwell. Ellos fueron los que bautizaron a este tipo de bacterias con el término pro (a favor de) y bios (vida). Por lo tanto, probiótico significa “a favor de la vida”. Escogieron este nombre para que fuera sustantivamente distinto a antibiótico, ya que pensaron que eran sustancias secretadas por un microorganismo que estimulaban el crecimiento de otros.

En el 2014, Colin Hill del Instituto de Biociencias de la Universidad de Cork (Irlanda) definió a los probióticos como “microorganismos vivos que, al ser administrados en cantidades adecuadas, confieren un beneficio para la salud del huésped.” Se han realizado muchos estudios sobre el tema, sobre todo con algunos tipos de bífidobacterias, lactobacilos y estreptococos. De entre ellos, el más estudiado es el yogur. El yogur no es más que un tipo de conserva de leche fresca y se produce tras el contacto de la leche con unas bacterias (Streptococcus thermophilus y Lactobacillus delbrueckii bulgaricus) que vivían en los sacos de piel de cabra, donde antiguamente se transportaba.

¿Cómo funcionan los probióticos?

Para explicar los posibles efectos terapéuticos de los probióticos sobre la salud humana podemos decir que pueden actuar a diferentes niveles:

  • Efecto metabólico directo al interactuar con la flora intestinal (microbiota).
  • Acción en la mucosa intestinal mejorando la función de barrera y el sistema inmunológico asociado a dicha mucosa.
    1. La barrera intestinal es muy importante para evitar desórdenes como las enfermedades inflamatorias intestinales o infecciones digestivas.
  • Acción en el sistema inmune en general y en el sistema nervioso central.
    1. Se dice que modulan la respuesta inmune y pueden actuar sobre la inmunidad innata y la adquirida pudiendo proteger de enfermedades inflamatorias e infecciones.

Aplicaciones y beneficios de los probióticos

En estas condiciones médicas, los probióticos has demostrado eficacia tras realizar estudios con metodología científica en humanos:

  • Reducción de la incidencia de diarrea por rotavirus en niños.
  • Reducción de la incidencia de diarrea asociada a antibióticos en adultos.
  • Mejoría sintomática en el síndrome del intestino irritable.
  • Reducción de la frecuencia y severidad de la enterocolitis necrotizante en prematuros.

Todavía no existe suficiente evidencia científica en los beneficios de los probióticos en algunos campos. Aunque se auguran resultados prometedores, hacen falta más estudios científicos para comprobar su eficacia:

  • La enfermedad inflamatoria intestinal.
  • Dermatitis atópica.
  • Infecciones respiratorias.
  • Infecciones genitourinarias.
  • Tratamiento complementario frente a Helicobacter pylori.

El efecto beneficioso de los probióticos en algunos procesos infecciosos para que se apoya en el papel de estos microorganismos como posibles moduladores de la microbiota intestinal y el sistema inmunológico.

Algunas cepas de Saccharomyces boulardii, Lactobacillus casei y Lactobacillus rhamnosus han demostrado ser eficaces en el tratamiento de la diarrea infecciosa aguda infantil (sobre todo en la causada por rotavirus).

La combinación de las cepas de Bifidobacterium infantis, bifidum y Lactobacillus acidophilus tiene potencial de reducir el riesgo de incidencia de enterocolitis necrotizante en neonatos prematuros.

En la colitis ulcerosa, cepas de Escherichia coli parece que son eficaces en mantener los periodos de remisión de síntomas. Otras cepas que colaboran en mejorar esta función son: Streptococcus thermophilus, Lactobacillus y Bifidobacterium.

Por lo tanto, según las últimas publicaciones científicas, el impacto de los probióticos en la microbiota humana y su capacidad de modular el sistema inmune otorgan a los probióticos la capacidad de tratar algunas condiciones médicas. Es necesaria más investigación para descubrir nuevas líneas de tratamiento en la salud humana.

Dra. Esther Martínez-Especialista en pediatría-Médico colaborador de Advance Medical

Etiquetas: Alimentación