Inactividad infantil

Consecuencias en la salud por la inactividad infantil repentina, y cómo revertirla los próximos meses.

Inactividad infantil

Es incuestionable que la situación de confinamiento que hemos vivido, y la inactividad infantil dejará una impronta imborrable. Nadie es tan inocente para pensar que estas semanas pasadas y futuras no tendrán una repercusión en la salud física y emocional de nuestros hijos. Es indiscutible que, cuando estos cuenten historias a sus nietos, el coronavirus y las semanas de aislamiento serán unas de las que recordarán con sus pros y sus contras.

Consecuencias de la inactividad infantil y el confinamiento

La AEP (Asociación Española de Pediatría) ha elaborado un documento muy completo sobre las consecuencias del confinamiento para nuestros niños, así como una pequeña guía para poder sobrellevar esta situación de la mejor manera posible. Nadie estaba preparado para ello y eso es lo que lo hace especialmente difícil.

Es indudable que las desigualdades socioeconómicas inciden en el impacto de la salud emocional y física de las familias.

La inactividad infantil, por ejemplo, es uno de los ítems más relacionados con la falta de bienestar en los niños. El incremento en el uso de pantallas también preocupa a pediatras y psicólogos.

Si bien es verdad que los niños tienen una capacidad extraordinaria de adaptación y resiliencia, no dejan de ser uno de los colectivos más afectados.

Las prisas nunca son buenas, es algo que decimos mucho pero que practicamos poco. Las familias, en general, llevamos un ritmo de vida acelerado, empezando por las jornadas frenéticas de los padres que se acaban transmitiendo a los hijos.

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Los puntos clave del análisis del confinamiento en niños

Necesitan moverse

El confinamiento tiene consecuencias para los niños ya que son la población más vulnerable, mucho más que los adultos. Para su correcto desarrollo necesitan aire fresco, movimiento, luz del sol, naturaleza y juego. Para crecer saludablemente, se estima que son necesarias al menos tres o cuatro horas diarias de juego espontáneo al aire libre. No disponer de esos momentos de movimiento y “quema de energía” puede hacerlos sentir irritables, con problemas de sueño e, incluso, con menos apetito.

En los adolescentes la situación se complica. Ellos necesitan a sus iguales para su desarrollo, actividad física para su bienestar junto con momentos de autonomía y privacidad.

¿Qué podemos hacer?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que durante el confinamiento se dedique al menos una hora al ejercicio físico: saltar, bailar, hacer un pequeño circuito en casa o subir y bajar escaleras. Evidentemente, las familias que disponen de terraza o jardín lo han tenido más fácil. Con los adolescentes es primordial, además, respetar su espacio, permitir que mantengan las relaciones sociales de manera virtual y estar dispuestos a conversar con ellos en el momento que lo necesiten.

Jugar, el mejor método para aprender

Los niños están menos seguros en casa

Esto parece una paradoja, pero los estudios en Psicología Ambiental así lo demuestran. Los niños tienen más accidentes en espacios cerrados, la menor libertad de movimiento se une la fatiga atencional de los padres, por un exceso de concentración, teniendo efectos negativos sobre el humor y el comportamiento.

¿Qué podemos hacer? Para criar un hijo hace falta una tribu. Este proverbio africano es de rabiosa actualidad. Poner solución a esto durante el confinamiento es complejo, pero debe hacernos pensar en que no podemos relajarnos en la supervisión de los niños dentro del domicilio y revisar todas las medidas de seguridad. Realizar un horario de rutinas nos puede ordenar el tiempo y el espacio a utilizar en cada momento, siendo más capaces de controlar a los pequeños.

En el tema académico, hacer lo que se pueda

Una crisis de esta magnitud, lo menos importante es tener la sensación de que “pierden el curso”. Su futuro no depende de un trimestre y los aprendizajes que les aportará esta situación son inigualables por mucho colegio virtual y fichas que hagan nuestros hijos. Además, la situación de estrés, secundaria al confinamiento, no puede ser acrecentada por la presión escolar.

¿Qué podemos hacer? Quizás es un buen momento para cultivar sus intereses, investigar sobre temas que les motiven… Muchos de los grandes genios de la Historia estuvieron confinados en sus casas por enfermedad o por otro tipo de circunstancias y ello les permitió salirse de la rutina escolar para descubrir y desarrollar una pasión que se convertiría en su vocación y su profesión. Por otro lado, invertir tiempo para jugar en familia, favorecer la comunicación, la conexión y el disfrute en común, aporta bienestar a todos.

Si la vida te da limones, ¡haz limonada!

Pues eso, a pesar de todo lo negativo que podamos encontrar a esta situación, los momentos de bajón o desesperación (lícitos y naturales), esto es lo que nos ha tocado vivir, por lo tanto, intentemos verlo como una oportunidad para crecer, aprender y sacarle el mayor de los provechos. La pandemia y el confinamiento pueden ser una oportunidad para:

  • Convivir en familia, sin madrugones, sin prisas, dejando el ajetreo (nada sano, por cierto) del día a día de nuestra normalidad.
  • Disfrutar del tiempo juntos del eterno domingo en el que parece que estamos inmersos.
  • Conocernos mejor, sacar lo mejor de nosotros mismos para transmitir positividad, alegría y esperanza.
  • Reflexionar sobre nuestro modelo de vida anterior y el actual: qué nos gusta más, qué menos y qué nos gustaría incorporar a nuestro futuro inmediata y la nueva vuelta a la normalidad.
  • Agradecer que estamos bien, que estamos juntos, que la vida puede tomar otro tempo.
  • Concienciarnos de nuestro papel fundamental para protegernos a nosotros y a los demás, así como nuestra responsabilidad en el mantenimiento del medio ambiente y la capacidad de revertir el cambio climático.
  • Volver a disfrutar, cuando nos dejen, de las pequeñas que antes pasaban sin pena ni gloria: dar un paseo, salir con los amigos o ir al parque.
  • Descubrir que el aprendizaje va más allá de las tareas escolares y que es muy interesante leer en familia, hacer un bizcocho casero, ver una peli o realizar las tareas de casa. Todo es aprendizaje.

Saldremos reforzados o no de este confinamiento, saldremos mejores o no como sociedad, lo superaremos y aquello que nos quedará en la memoria será cómo lo vivimos, que hicimos y qué sentimos. Es probable que las familias permanezcan más unidas, y se valore más la salud, las pequeñas cosas y los derechos básicos.

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