Trasplante de médula ósea

Un trasplante de médula ósea consiste en la administración de una pequeña fracción de precursores

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¿Qué es un trasplante de médula ósea?

Un trasplante de médula ósea consiste en la administración al paciente enfermo de una pequeña fracción de precursores o progenitores de la sangre normales con la finalidad de restaurar la formación de su sangre (hemopoyesis) eliminada por el efecto de medicamentos o radiaciones ionizantes previamente administrados. Se trata pues de reconstituir completamente el sistema hemopoyético o formador de sangre del organismo, inyectando unas células con múltiples capacidades llamadas células madre (stem cells en inglés) presentes en la médula ósea normal.

En definitiva, el objetivo de un trasplante hemopoyético, que es el término médico, es la eliminación de la enfermedad subyacente en el paciente junto con la restauración completa de sus funciones hemopoyética (o formadora de sangre) e inmune (o de defensa) del organismo.

Principales tipos de trasplante

1.- Según la relación entre el donante y el receptor distinguimos:

  • Trasplante autólogo: cuando el paciente actúa como su propia fuente de células madre.
  • Trasplante singénico: cuando hay una identidad genética total entre el donante y el receptor, es decir, cuando el trasplante se realiza entre hermanos gemelos univitelinos. No es la situación más habitual como fácilmente se puede comprender.
  • Trasplante alogénico: cuando entre el donante y el receptor existen diferencias genéticas. El donante suele ser un hermano del paciente, aunque puede ser un donante no emparentado (generalmente voluntarios incluidos en los registros internacionales). Es importante señalar que una persona dispone de aproximadamente sólo un tercio de posibilidades de tener un donante compatible entre sus parientes.

2.- Según el origen de las células madre:

Originalmente las células madre se obtenían de la médula ósea mediante punción directa del hueso y aspiración de la médula ósea o tuétano, que era inyectado por vena posteriormente al enfermo. Recientemente, se ha comprobado que en la sangre normal también existen células madre, aunque en menor cantidad que en la médula ósea. Por eso, en la actualidad las células madre se obtienen de la sangre periférica, previa administración de unas sustancias o factores estimulantes que las movilizan, haciéndolas pasar desde la médula ósea hasta la sangre, donde son capturadas por una máquina que las separa. Por último, también es posible obtener células madre de la sangre del cordón umbilical y de la placenta.

¿A quién puede beneficiar este tipo de trasplante?

El trasplante de médula ósea es un tratamiento eficaz para un número cada vez mayor de enfermedades. En la actualidad son muchos los enfermos que pueden beneficiarse de estas técnicas.

Las indicaciones actuales del trasplante de células madre formadoras de sangre son múltiples:

  • Tumores malignos de la sangre, como los distintos tipos de leucemia, el mieloma múltiple, los linfomas no Hodgkin, la enfermedad de Hodgkin.
  • Trastornos adquiridos de la hemopoyesis, como la aplasia medular grave o la hemoglobinuria paroxística nocturna.
  • Inmunodeficiencias.
  • Enfermedades congénitas de la sangre, como la talasemia o la anemia de Fanconi.
  • Otras enfermedades congénitas del metabolismo, graves y raras, como las mucopolisacaridosis o la enfermedad de Gaucher.
  • Tumores sólidos que requieran un tratamiento antineoplásico intensivo.

En los trasplantes alogénicos (en los que el donante y el receptor presentan diferencias genéticas) los potenciales receptores deberían por lo demás ser personas sanas y preferiblemente con una edad inferior a los 55 años. Dadas las posibles complicaciones que pueden aparecer, se exigirá que el donante y el receptor tengan un sistema HLA (Human Leukocyte Antigens o antígenos de los leucocitos humanos, una especie de "DNI" de las células de cada individuo) lo más compatible posible. Esta limitación restringe la disponibilidad de potenciales donantes, siendo un hermano el que mayores probabilidades tendrá de presentar un sistema HLA compatible.

En los trasplantes autólogos se producen muchos menos trastornos inmunológicos que en los trasplantes alogénicos ya que el donante y el receptor son la misma persona.

¿Cómo se realiza el trasplante?

Primera fase: obtención de las células

Las células madre de médula ósea se obtienen con el donante bajo anestesia general mediante múltiples punciones óseas en las crestas ilíacas de la pelvis ósea. Se obtiene aproximadamente 1 litro de sangre medular, que se inyecta al paciente receptor a través de un catéter venoso central. El procedimiento se tolera bien y requiere solamente analgésicos después de la intervención. Son raras las complicaciones importantes.

La obtención de células madre de la sangre periférica se realiza de una forma menos lesiva o agresiva para el donante, mediante una simple punción en las venas de los antebrazos (como cuando vamos a hacernos una extracción para un análisis de sangre). La sangre del donante circula a continuación por una máquina que separa los distintos tipos de células sanguíneas. Las células madre se depositan en una bolsa para transfundirlas al enfermo, y al donante se le devuelven los restantes elementos sanguíneos. De esta forma se obtiene el doble de células madre que con el procedimiento de aspiración de la médula ósea. Esta técnica no precisa anestesia, el ingreso hospitalario es más corto y es más barata, por lo que, en la actualidad, ha reemplazado casi por completo a la punción de médula ósea.

Segunda fase: trasplante

En el trasplante alogénico, el receptor es tratado con altas dosis de quimioterapia y/o radioterapia para eliminar y acondicionar su médula ósea. Un día después de finalizar este tratamiento se realiza el trasplante, infundiendo a través de una vena las células madre obtenidas del donante. Tras un período de supresión (aplasia) de la médula ósea, que dura entre 1 y 3 semanas, se produce la restauración del sistema hemopoyético, aunque puede que no sea completo durante varios meses.

En el trasplante autólogo, al receptor (es decir al propio paciente) se le realiza una recogida de médula ósea o de células madre de sangre periférica mientras la enfermedad se encuentra en remisión, es decir, inactiva. Dichas células son procesadas y congeladas en nitrógeno líquido. A continuación se le prepara y un día después del acondicionamiento del paciente se le inyectan los precursores hemopoyéticos.

Complicaciones del trasplante de médula ósea.

Las complicaciones del trasplante de progenitores hemopoyéticos se deben a los efectos secundarios del tratamiento supresor de acondicionamiento de la médula ósea y a los trastornos inmunológicos debidos a las diferencias genéticas entre donante y receptor.

Complicaciones más frecuentes:

  • la alopecia o caída del cabello
  • cansancio general
  • inflamación de distintas mucosas
  • infecciones producidas por distintos tipos de gérmenes y
  • una enfermedad característica, llamada la enfermedad del injerto contra el huésped (sólo en los trasplantes alogénicos) que se caracteriza, en la fase aguda, por alteraciones de la piel, dolor abdominal con diarrea profusa e ictericia o coloración amarillenta de la piel por afectación del hígado. En la fase crónica aparecen múltiples alteraciones de distintos órganos.

Complicaciones tardías del trasplante (entre otras):

Ambos tipos de trasplante se asocian con una elevada aparición de otras enfermedades o complicaciones, y conllevan elevados índices de mortalidad:

  • para receptores de trasplante autólogo se estima una mortalidad de 5% al 20%
  • en caso de hermanos en trasplante alogénico, del 20% al 30%
  • en trasplantes alogénicos de voluntarios, la mortalidad puede ascender hasta el 45%.

Seguimiento y vigilancia de estos enfermos

A diferencia de los receptores de trasplantes de órganos sólidos, los receptores de trasplantes hemopoyéticos no precisan de inmunosupresión (es decir, tener su sistema inmune de defensa suprimido o deprimido) durante mucho tiempo, y el medicamento que habitualmente se administra para este fin, la ciclosporina A, se puede interrumpir al cabo de unos 6 meses de realizado el trasplante.

Es necesario un seguimiento periódico del paciente con análisis de sangre regulares y se hace preciso un plan de apoyo psicológico por parte del equipo médico que ha realizado el trasplante, la familia y los amigos para una adaptación normal a la vida cotidiana. Ocasionalmente puede ser necesario consejo y tratamiento psiquiátrico.

A pesar de las múltiples posibles complicaciones, la mayoría de pacientes trasplantados vuelven al trabajo y a una vida activa sin tratamiento de continuación. Con vistas al futuro, que ya va siendo presente, la terapia génica en el tratamiento del cáncer se vislumbra como una técnica que resolverá muchos problemas médicos que hoy en día no tienen tratamiento.