Lo que hay que saber sobre el ictus

El ictus es una de las enfermedades neurológicas más comunes, que cada vez afecta a más españoles. Se trata de un trastorno de la circulación cerebral, generalmente de comienzo brusco, que puede ser provocada por la interrupción de flujo sanguíneo a una parte del cerebro o la rotura de una arteria o vena cerebral. Si no se reacciona de forma rápida, el ictus puede provocar daños neurológicos irreversibles e incluso la muerte.

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El ictus, o también conocido como "Enfermedad vascular cerebral", es una enfermedad cerebral que comunmente llamamos infarto cerebral, derrame, hemorragia o embolia. Lo importante es conocer cómo prevenirlo y de qué forma actuar si sufrimos esta patología.

Tipos de ictus

La mayoría de ictus se producen cuando un coágulo tapona una de las arterias que transportan la sangre al cerebro. Esta patología lleva el nombre de ictus esquémico.  Pero además, hay otros tipos de ictus que exponemos a continuación:

Accidente isquémico transitorio (AIT):
Es un ictus dura menos de 24 horas, puesto que el organismo vuelve a restrablece rápidamente y los síntomas desaparecen. Si bien requiere de una evaluación médica puesto que puede ser un aviso de que existe un riesgo de sufrir un ictus.
Trombosis cerebral
Aparece al formarse un coágulo sanguíneo (trombo) en una arteria (vaso sanguíneo) que proporciona riego al cerebro. Los vasos sanguíneos con placas grasas de ateroma en su pared (ateroesclerosis) son más propensos a formar trombos. El trombo interrumpe el suministro sanguíneo y las células cerebrales se ven privadas de oxígeno.
Embolia cerebral
Es un coágulo que se forma en otra parte del cuerpo y que luego circula por los vasos sanguíneos para acabar alojado en el cerebro. Esto interrumpe el suministro de oxígeno a las células cerebrales. Es más frecuente la formación de émbolos si se tienen latidos cardíacos irregulares, o si se ha sufrido recientemente un ataque cardíaco.
Hemorragia cerebral
Aparece al romperse un vaso sanguíneo dentro del cerebro y sangrar. La hemorragia hace aún más daño porque la sangre se infiltra por el tejido cerebral.

¿Qué efectos tiene un ictus?

No existen dos ictus iguales, y cada persona se afecta de forma diferente. En parte depende de la zona del cerebro dañada, ya que cada parte controla distintas funciones como el habla, la memoria, la deglución o el movimiento.
Los ictus aparecen bruscamente, siendo los signos más frecuentes la pérdida de fuerza, parálisis o entumecimiento del brazo y la pierna. Además, puede ser difícil hablar o comprender lo que el paciente dice.
Puede afectar a la deglución y en este caso, hasta que mejore, tal vez haya que alimentar al paciente a través de una sonda que va de la nariz al estómago (nasogástrica) o, si la comida se va a los pulmones, administrar líquidos por vena.
Los pacientes que han tenido ictus graves pueden perder la conciencia y lamentablemente la posibilidad de recuperación en estos casos es baja.

¿Cómo se trata el ictus?

En los primeros días tras el ictus, el tratamiento consiste en garantizar una buena hidratación y alimentación del paciente. La siguiente fase del tratamiento -recuperación mediante rehabilitación- está a cargo de un equipo de profesionales sanitarios entre los que se incluyen fisioterapeutas, foniatras, terapeutas ocupacionales, enfermeras y médicos. Si la causa del ictus es un coágulo sanguíneo, media aspirina al día hace que la sangre sea menos adherente y menos tendente a formar coágulos. En cualquier caso, debe consultarse con el médico antes de tomar cualquier fármaco.

¿Cuáles son los factores de riesgo?

La presión sanguínea alta (hipertensión), que no produce ningún síntoma, por lo que se recomienda a las personas mayores de 40 años controlársela una vez al año.
En fumadores el riesgo es doble que en no fumadores.
El latido cardiaco irregular (fibrilación auricular) es bastante frecuente en personas mayores, y aumenta el riesgo de ictus ya que se forman coágulos sanguíneos en el corazón. Esto puede tratarse con warfarina, una droga que dificulta la coagulación de la sangre. El tratamiento con warfarina necesita un control cuidadoso mediante análisis de sangre periódicos, y es un medio muy eficaz para disminuir el riesgo de ictus.
La diabetes afecta a una de cada veinte personas mayores, y también aumenta el riesgo de tener un ictus. Un buen control de la diabetes es importante y precisa medidas dietéticas, análisis de orina o análisis de sangre regulares y probablemente algo de medicación.
Beber demasiado alcohol. Los límites "seguros" recomendados de consumo de alcohol a la semana son de 21 unidades para la mujer y de 28 para el hombre (una unidad de alcohol equivale a media copa de licor, un vaso de vino o un botellín de cerveza). Las personas que beben más de esta cantidad tienen mayores riesgos de ictus, de enfermedad hepática y de demencia.

¿Cómo prevenirlo?

  1. Sigue una dieta equilibrada, rica en frutas y verduras, cereales integrales, pescado, carnes blancas (ave), productos lácteos y huevos; y el consumo reducido de carnes rojas y azúcares.
  2. Hacer ejercicio de manera regular.
  3. Si sigues una dieta equilibrada y haces ejercicio de manera regular, ¡será más sencillo mantener el Índice de Masa Corporal entre 18,5 y 24,9!
  4. Ejercitar la mente.
  5. Cuidado con el consumo de alcohol. Si bien una copa de vino al día no tiene efectos negativos en la salud por su poder antioxidante, el consumo excesivo y continuado de alcohol produce efectos contrarios.
  6. Realiza controles periódicos para controlar la tensión arterial y los niveles de colesterol.
  7. Si todavía no lo has dejado, es conveniente que "rompas" con el tabaco. Numerosos estudios advierten de los riesgos de sufrir enfermedades cardiovasculares si fumas.
  8. Di no al estrés. Sufrir de estrés es muy negativo para nuestro cerebro, afecta a nuestro sistema inmunitario, al bienestar emocional y a nuestro humor.

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