¿Por qué es un problema la obesidad infantil?

Según las últimas estadísticas, alrededor del 30 por ciento de los niños y niñas tienen exceso de peso. Esa situación es cada día más preocupante, porque no solo tiene consecuencias físicas y psicosociales en el presente sino que en muchos de los casos significará un lastre en la salud de esos niños y niñas cuando sean adultos.

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En la mayoría de los casos, la obesidad infantil está relacionado con los estilos de vida y, en concreto, con los hábitos de nutrición y de actividad física. El mantenimiento del peso corporal surge del equilibrio entre las energías ingeridas (alimentación) y las consumidas en las actividades cotidianas (actividad física).

En los últimos veinte años se han producido dos cambios simultáneos en nuestro estilo de vida que explican en gran parte este aumento de la obesidad: por un lado, consumimos cada vez más alimentos que tienen un alto valor energético y, al mismo tiempo, a lo largo del día nos movemos menos que antes y en consecuencia gastamos menos energía. En resumen, nuestros niños y niñas comen peor, con alimentos que nos aportan más energía, y se mueven menos, lo que hace que el exceso de energía se vaya acumulando en forma de grasa corporal.

¿Qué consecuencias tiene en la salud de los niños y niñas?

La obesidad infantil tiene consecuencias inmediatas y futuras en la salud de los más pequeños. En lo inmediato, los niños y niñas obesos pueden padecer dos tipos de consecuencias:

  • Psicosociales, como aislamiento social, discriminación, pérdida de autoestima y trastornos de la alimentación que provoquen bulimia o anorexia.
  • Físicas, como alteraciones ortopédicas y molestias respiratorias.

A más largo plazo, los niños y niñas obesos están incrementando los riesgos de padecer en la adultez o la vejez una larga lista de patologías, entre las que se encuentran la hipertensión; la diabetes; las enfermedades cardiovasculares; algunos tipos de cáncer; problemas en las articulaciones; y enfermedades degenerativas, como el Alzheimer.