Lo que hay que saber sobre la diabetes

La diabetes es una enfermedad muy frecuente, que según las estadísticas afecta a más del cinco por ciento de la población. Afortunadamente, disponemos de armas terapéuticas capaces de enlentecer su progresión y sus efectos sobre determinados órganos.

Los alimentos que consumimos están formados por lípidos o grasas, proteínas e hidratos de carbono (azúcares). El nivel de los hidratos de carbono en sangre está regulado por la insulina, una hormona producida por el páncreas que tiene como función principal reducir el nivel de glucemia (azúcar) en sangre. Cuando este mecanismo no se desarrolla normalmente, los pacientes terminan desarrollando una diabetes.

Hay varios tipos de diabetes, pero dos de ellos predominan de forma especial:

  • Personas diabéticas en las cuales el páncreas no produce nada de insulina, a las que se llama diabéticas tipo I.
  • Personas diabéticas en las que el páncreas produce menor cantidad de insulina, que se conocen como diabéticas tipo II.

Habitualmente la diabetes tipo I es más frecuente en jóvenes, mientras que la diabetes tipo II lo es en personas mayores.

Se admite como normal una cifra de glucemia comprendida entre 95-125 mg/dL, después de transcurridas, al menos, dos horas, desde la última comida. Si al realizar un análisis la cifra de glucemia es superior, eso nos está informando que el páncreas de esa persona no produce la insulina de forma correcta; es decir, no es capaz de producir mayor cantidad de insulina cuanto mayor sea la cifra de azúcar.

¿Cómo se trata la diabetes?

El tratamiento de la diabetes tiene tres pilares básicos: alimentación, ejercicio y tratamiento (antidiabéticos e insulina).

Los pacientes diabéticos tienen que seguir una alimentación especial, que no contenga determinados tipos de azúcares (aquellos que se metabolizan rápidamente), de esta forma se evitan subidas bruscas de la glucemia.

El ejercicio realizado de forma regular ayuda a los pacientes a controlarse la glucemia, evitando la aparición de complicaciones.

En determinados pacientes, no en todos, estas medidas no son suficientes y es preciso recurrir a la administración de un tratamiento farmacológico, puede realizarse mediante insulina (se realiza a base de inyecciones, ya que no existe en el mercado la insulina oral) y/o antidiabéticos orales (comprimidos). El tipo de tratamiento depende de las peculiaridades de cada paciente.

El control de los niveles de azúcar en sangre de las personas con diabetes es fundamental, porque el exceso produce, a la larga, un efecto nocivo en la práctica totalidad de nuestro organismo.