La sexualidad en el embarazo

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La sexualidad nos proporciona placer y bienestar. Es una fuente de salud, de placer, de afecto, de intimidad con la pareja, de sensualidad... La sexualidad, sin embargo, se vive de forma diferente en cada una de las etapas de la vida, tanto de forma individual como con la pareja. Uno de esos momentos vitales es el embarazo que, como sabemos, es un periodo de gran cambio en la mujer pero también en el ámbito de la pareja.

Qué afecta

Hay múltiples factores que afectan al plano de la sexualidad como son la cultura, la educación, la situación socioeconómica... que, al igual que en el resto de etapas vitales, vamos a tener que saber compaginar con la sexualidad de forma individual. Pero hay otros que tendrán que llevarse en pareja, como son la comunicación, el grado de vinculación con el otro, la vida sexual en pareja...

A lo largo de todo el embarazo el cuerpo de la mujer cambia: hay aumento de peso y de volumen, sobre todo de la tripa, cambio de coloración de piel y mucosas, hiperflexibilidad de las articulaciones de la pelvis y otros tantos cambios a nivel fisiológico que hacen que se sienta diferente. Todo ello provoca que en algunos momentos las embarazadas no se vean tan predispuestas ni tan sensuales como fuera del embarazo. Pueden sentirse más torpes, y menos apetentes sexualmente por la revolución hormonal que supone el embarazo. La mujer debe acostumbrarse a su nueva constitución corporal, intentando evitar la sensación de inseguridad y de temor a que su pareja la vea menos atractiva.

Evolución del deseo

A lo largo del embarazo el deseo sexual cambia y parece ser que a lo largo del primer trimestre hay una disminución de la actividad y del deseo sexual por parte de la gestante. Sin embargo, en el segundo trimestre suele haber un aumento del deseo sexual, probablemente por haberse acostumbrado al nuevo estado y al reconocimiento de la figura corporal. Por el contrario, durante el tercer trimestre vuelve a disminuir el deseo sexual normalmente propiciado por el temor a dañar al feto, provocar el parto, o por la sensación de los movimientos fetales.

Sólo está contraindicado si...

Aunque hay cierta desinformación en cuanto a la sexualidad en las gestantes sí es cierto que la mayoría temen mantener relaciones durante el embarazo por miedo a dañar al feto, pero hay que decir que en principio se pueden mantenerse, siempre que no exista una complicación o una contraindicación específica como son tener una historia de abortos de repetición, presencia de sangrado, amenaza de aborto o amenaza de parto prematuro, embarazo ectópico o inserción baja de placenta.

Dra. Isabel Giménez Blasco - Especialista en Ginecología y Obstetricia - Médico colaborador de Advance Medical