La salud de los cuidadores

El cuidado de un familiar dependiente es, en general, una experiencia prolongada que exige reorganizar la vida familiar, laboral y social. Las personas que atienden directamente a familiares dependientes ?generalmente, una única persona y mujer- tienen que responder a determinadas tareas, esfuerzos y tensiones derivadas de su cuidado. Esto repercute tanto en su propia persona como en su entorno, produciendo múltiples cambios en diferentes ámbitos de su vida cotidiana.

El cuidado de un familiar dependiente puede traer consigo conflictos en el seno de la familia, por desacuerdos en la atención e implicación de los familiares. De la misma manera, se producen cambios emocionales, porque los cuidadores se ven expuestos a un buen número de emociones y sentimientos; algunos positivos, como los sentimientos de satisfacción por contribuir al bienestar de un ser querido, pero otros negativos, como la sensación de impotencia, sentimientos de culpabilidad, rechazo hacia la persona dependiente, soledad...

Frecuentemente, el cuidado prolongado de un familiar dependiente termina afectando de forma negativa a la salud de los cuidadores, porque es una actividad que provoca un gran desgaste. Esta pérdida de salud del cuidador viene dada también porque, al tener a cargo a una persona dependiente, disminuye el número de actividades sociales y de ocio que realizaban anteriormente, lo que puede producir sentimientos de aislamiento y soledad.

Saber pedir ayuda

Las personas cuidadoras deben ser conscientes de que la situación puede prolongarse durante años. Si necesita ayuda debe pedirla cuanto antes, sin esperar a que los demás lo adivinen. Hay que expresar de forma clara y concreta el tipo de ayuda que necesitan, porque pedir ayuda no es signo de debilidad sino una forma excelente de cuidar de su familiar y de sí mismos.