La hipertensión

Se calcula que más del 30% de los adultos padece algún tipo de hipertensión arterial. Al ser una enfermedad que no produce síntomas, puede afectar con facilidad al corazón y al sistema vascular de la persona durante años sin dar señales. Si esta hipertensión arterial se mantiene en el tiempo sin tratamiento, sus consecuencias serán una importante amenaza para la persona que la presenta.

Nuestro corazón es una bomba que impulsa la sangre por todo nuestro cuerpo y late generalmente de 60 a 80 veces por minuto, a un ritmo regular y constante durante toda nuestra vida. Después de cada bombeo (latido), el corazón se relaja y se vuelve a llenar con más sangre que será bombeada de nuevo en el siguiente latido, dando lugar a un continuo ciclo de contracción (sístole) y relajación (diástole).
La sangre bombeada o impulsada por el corazón sale a través de los vasos sanguíneos llamados arterias, y vuelve al corazón proveniente de todo cuerpo a través de los vasos sanguíneos llamados venas.
La presión a la que está la sangre dentro de las arterias es la que se conoce como ?presión arterial? o ?tensión arterial?. El corazón al latir impulsa la sangre por el sistema arterial a una determinada presión (llamada presión arterial sistólica, la máxima presión del ciclo) y cuando éste está relajado también hay una presión en el interior de las arterias (presión arterial diastólica, comúnmente conocida como ?mínima?). La presión arterial sistólica refleja la cantidad de presión en las arterias cuando el corazón bombea y la presión diastólica representa la presión en el periodo entre latidos, cuando el corazón se relaja.

¿Qué es la presión arterial?

Nuestro corazón es una bomba que impulsa la sangre por todo nuestro cuerpo y late generalmente de 60 a 80 veces por minuto, a un ritmo regular y constante durante toda nuestra vida. Después de cada bombeo (latido), el corazón se relaja y se vuelve a llenar con más sangre que será bombeada de nuevo en el siguiente latido, dando lugar a un continuo ciclo de contracción (sístole) y relajación (diástole).
La sangre bombeada o impulsada por el corazón sale a través de los vasos sanguíneos llamados arterias, y vuelve al corazón proveniente de todo cuerpo a través de los vasos sanguíneos llamados venas.
La presión a la que está la sangre dentro de las arterias es la que se conoce como ?presión arterial? o ?tensión arterial?. El corazón al latir impulsa la sangre por el sistema arterial a una determinada presión (llamada presión arterial sistólica, la máxima presión del ciclo) y cuando éste está relajado también hay una presión en el interior de las arterias (presión arterial diastólica, comúnmente conocida como ?mínima?). La presión arterial sistólica refleja la cantidad de presión en las arterias cuando el corazón bombea y la presión diastólica representa la presión en el periodo entre latidos, cuando el corazón se relaja.

¿Cómo se mide?

La presión arterial se mide en milímetros de mercurio (mmHg). Las cifras óptimas de presión arterial, medidas en condiciones de reposo, son de menos de 120mmHg la sistólica y de menos de 80mmHg la diastólica (por debajo de 120/80). Se considera hipertensión cuando la presión sistólica es superior a 140mmHg y la diastólica es superior a 90mmHg (por encima de 140/90).

La medición de la presión arterial es una medida fácil y muy importante para el control de los factores de riesgo cardiovascular, ya que la hipertensión sostenida en el tiempo colabora con el endurecimiento de las arterias (arteriosclerosis) y un aumento del tamaño del corazón por tener que vencer una presión demasiado elevada para poder eyectar la sangre (hipertrofia cardíaca); estas circunstancias, con mucha frecuencia producen enfermedad en el corazón y/o enfermedades vasculares en territorios como el cerebro, los ojos o el riñón.
Las máquinas para medir la presión arterial en el hogar, si están homologadas y están bien calibradas, tienen una fiabilidad muy aceptable para la detección y el control de la presión arterial.

Mantenerla a raya

Para el control de la hipertensión arterial es necesario seguir unos hábitos y estilo de vida sano y a menudo seguir tratamiento farmacológico asociado. Los hábitos y estilos de vida incluyen la realización de ejercicio físico moderado, mantener el peso adecuado, evitación del tabaquismo y el alcohol, dieta sana y variada con escaso aporte de sal, control de las grasas en la sangre, etc.
El tratamiento farmacológico es muy diverso y debe ser individualizado para cada paciente, con el objetivo de mantener las cifras tensionales en los límites normales. En algunos casos no es suficiente la utilización de un solo fármaco, y a menudo se requiere tratamiento que asocie dos o más fármacos utilizados de manera crónica.
Generalmente, el tratamiento correcto consigue el control de la tensión arterial dentro de las cifras recomendadas; en la mayoría de los casos, las consecuencias de la hipertensión se reducen hasta presentar el mismo riesgo que las personas que presentan cifras normales.

Dra. Elisabeth Herrero - Dr. Jordi Esquirol - Especialistas en Medicina Familiar y Preventiva - Médicos Colaboradores de Advance Medical