La comunicación y el afecto, claves en el desarrollo de nuestro bebé

Aunque sean muy pequeños y empiecen a asomarse al mundo, los recién nacidos tienen sus estrategias de comunicación. El llanto es la principal, ya que por este medio manifiestan sus necesidades. Pero también, traen otras: gesticulan y, poco a poco, desarrollan la llamada sonrisa social, para atraer a los adultos. Según algunas teorías, estas son los recursos que la especie humana tiene para agradar, pedir ser cuidado y sobrevivir.

Miniatura

Desde que nacen, los bebés son sensibles a los sonidos y a la luz. Si bien no pueden enfocar la vista hasta los tres meses (esto hace que parezcan bizcos), sí pueden dirigir su mirada y ver a 30 centímetros. Curiosamente, los adultos siempre nos acercamos a esta distancia de forma natural para hablarle. Un dato llamativo: la psicología evolutiva ha comprobado que los bebés prefieren mirar las formas redondeadas (rostros humanos) a las cuadradas. La comunicación y el afecto son fundamentales.

Para aumentar la comunicación con tu bebé, háblale despacio y con cariño a poca distancia. Cántale o cuéntale qué es lo que haréis a lo largo del día, cómo fue su nacimiento, cómo lo esperabais o, sencillamente, un cuento. También es muy importante que pongas nombre a sus emociones. Por ejemplo, si lo notas enfadado, es bueno que se lo digas y le expliques su causa.

El juego es una de las formas de comunicación más natural con los bebés. Cuando esté despierto, haz ruido con un sonajero para que distinga de dónde proviene el sonido. También, muéstrale objetos coloridos para que siga con la mirada.

Por último, no olvides el contacto físico.  Acarícialo, bésalo, mímalo y tómalo en brazos. Cámbialo de posición de forma delicada. El afecto es una necesidad emocional, que repercute en la salud y el sano desarrollo psicológico del bebé.