La actividad física en edad pre-escolar

Los seres humanos tenemos un instinto natural al movimiento y, por si fuera poco, la actividad física es fundamental para un adecuado desarrollo desde los primeros años de vida. En este artículo damos algunas claves de la importancia de la actividad física para niños y niñas a partir de los 3 años.

En los primeros años de vida, y fundamentalmente a partir del momento en que empiezan a caminar, los niños y niñas muestran su instinto natural de movimiento, un instinto que se basa en el placer de interactuar con sus pares y gastar energía. 

En esa etapa de la vida, son como una pila cargada que responde a un proceso poco conocido: necesitan descargar las baterías para volver a cargarlas rápidamente, y en ese proceso de carga-descarga de energía se van produciendo las adaptaciones madurativas y el pleno desarrollo de sus capacidades. 

Ese instinto natural de movimiento sufre sin embargo un choque con la realidad al llegar a la edad de escolarización, a partir de los 3 años. ¿Por qué? Porque la necesidad de socialización en las escuelas infantiles obliga a mantener a los niños y niñas quietos y, de alguna manera, a reprimir ese instinto de movimiento. Ahí puede encontrarse el punto de partida de los problemas de sedentarismo e inactividad física que se manifiestan con más claridad a más adelante en la niñez y en la adolescencia. 

Actividad física sí, deporte todavía no

La actividad física debe tener un espacio muy importante en la vida de los niños y las niñas, pero hay que tener claro que a estas edades el deporte no es opción adecuada. Los niños de edad preescolar no deben ser incluidos en actividades sistemáticas de ningún tipo. 

Entre los 3 y los 6 años, la maduración corporal todavía es insuficiente. En esa etapa de la vida, los niños y niñas se benefician mucho más de otro tipo de actividades físicas más ligadas al mundo lúdico, el juego, la recreación y la estimulación de los sentidos, las sensaciones y las percepciones. 

Desde el punto de vista psicomotriz, la variedad de estímulos fomenta la capacidad para analizar y dar respuesta a problemas de la vida cotidiana elementales, como manejar de forma coordinada los utensilios (tenedor, cuchara), saltar pequeños obstáculos o mantener el aseo personal. Este tipo de actividades también permiten mejorar la concentración, desarrollando la capacidad de poner la atención en una situación para superar la dispersión típica de niños de menor edad o menos estimulados.