Trastornos del sueño: insomnio, narcolepsia, apneas

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El sueño es un estado fisiológico de reposo del organismo, con una inactividad relativa, una ausencia de movimientos voluntarios y una falta casi total de respuesta a estímulos. El ser humano pasa aproximadamente un tercio de su vida durmiendo y pese a su aparente inactividad es un proceso cerebral actico y complejo regulado por varias sustancias, como la serotonina, la noradrenalina, la dopamina o la melatonina, entre otras. El sueño permite la recuperación física del organismo así como la reorganización mental. Un adulto precisa dormir entre 7 y 8 horas diarias, mientras que un anciano suele tener suficiente con 6 horas, aunque evidentemente existe una gran variedad personal con respecto a las necesidades de cada persona.

Como cualquier otro proceso fisiológico el sueño puede verse también alterado por diversas patologías, siendo algunas de las más frecuentes:

  • insomnio
  • síndrome de apnea obstructiva del sueño (SAOS)
  • síndrome de las piernas inquietas
  • parasomnias
  • narcolepsia

Insomnio

El insomnio se define como la dificultad para iniciar o mantener el sueño, así como la sensación de no tener un descanso reparador, disminuyendo tanto la calidad como la cantidad del sueño. Afecta aproximadamente al 30% de la población adulta, especialmente a mujeres, ancianos y personas con algún trastorno psiquiátrico. El insomnio puede ser de conciliación, de mantenimiento, de despertar precoz o mixto.

Las principales causas sueles ser alteraciones emocionales del individuo, como el estrés, la ansiedad, la angustia, el miedo o la tristeza. Enfermedades físicas como el dolor, la fiebre, las neuropatías o las alteraciones gastrointestinales o genitourinarias pueden causarlo, así como diversas sustancias (cafeína, alcohol, sustancias estimulantes o la abstinencia de drogas depresoras del sistema nervioso central). Diversos factores ambientales como el ruido, la luz, la temperatura o las características de la cama pueden influir en un descanso inadecuado e insuficiente.

El insomnio conlleva somnolencia diurna, falta de concentración y energía, irritabilidad y alteraciones del comportamiento.

El tratamiento del insomnio debe iniciarse con una correcta higiene del sueño: procurar ir a dormir y despertarse a la misma hora, dormir unas 7-8 horas diarias, evitar las sustancias estimulantes, no realizar siestas largas (no más de media hora), no realizar actividades físicas ni excitantes a última hora del día, evitar las cenas copiosas y procurar que el dormitorio tenga unas condiciones de temperatura, luz y silencio propicias para conciliar y mantener el sueño.

En caso de precisar tratamiento farmacológico se puede iniciar mediante sustancias naturales como la tila o la valeriana, y si no es suficiente existe un amplio rango de fármacos hipnóticos (benzodiazepinas, antidepresivos, melatonina) que se adaptan a las necesidades de cada tipo de insomnio, siempre bajo la supervisión de un médico.

SAOS

El SAOS consiste en una alteración anatómica de la vía aérea superior que afecta aproximadamente al 7% de la población y conlleva una obstrucción del tracto respiratorio durante el sueño, hecho que acarrea una disminución de los niveles de oxígeno en sangre haciendo que el paciente sufra un despertar brusco ante la falta de oxigenación. Estos despertares, que son más de 5 por hora, hacen que el sueño no sea reparador en absoluto. El cese de la respiración (apnea) suele ser de unos 10-15 segundos aproximadamente.

El estrechamiento de la vía aérea superior puede ser debido a muchas causas, como obesidad, alteraciones nasales, faríngeas, mandibulares o del paladar y la úvula (la campanilla). Otros factores de riesgo relacionados con el SAOS son las enfermedades metabólicas, el consumo de alcohol, el tabaquismo o el uso de sustancias inductoras del sueño.

La clínica de los pacientes con SAOS son los ronquidos de gran intensidad junto con las pausas respiratorias o apneas, los despertares múltiples durante la noche y la hipersomnia diurna.

El tratamiento del SAOS depende del factor desencadenante, pudiendo abordarse el problema mediante una pérdida de peso, evitando el consumo de hipnóticos, alcohol y tabaco o no durmiendo boca arriba. En ocasiones se puede precisar de tratamiento quirúrgico para corregir defectos del tabique nasal, pólipos, alteraciones faríngeas, maxilares o de la úvula y el paladar. En casos graves se puede necesitar de unas máquinas llamadas CPAP o BiPAP, que consisten en unas mascarillas que se aplican a la cara del paciente mientras duerme y ejercen una presión que impide que se colapse la vía aérea.

Síndrome de las piernas inquietas

El síndrome de las piernas inquietas es un trastorno que afecta al 6% de la población, porcentaje que aumenta hasta casi el 15% en los mayores de 65 años, y que consiste en el padecimiento de unas molestias en las piernas y una necesidad imperiosa de moverlas. Dichas molestias se manifiestan como hormigueos, picores, pinchazos o incluso dolor, dándose siempre en reposo y necesitando mover las piernas para mitigar estos síntomas.

Se cree que es debido a un descenso de los niveles de dopamina, así como también de hierro o ácido fólico. Suele darse con frecuencia en situaciones de estrés y es habitual durante el embarazo. Otras enfermedades que predisponen a padecerlo son la diabetes, la artritis reumatoide o la insuficiencia venosa.

El tratamiento suele ser a base de fármacos dopaminérgicos, benzodiazepinas o, en casos extremos, opiáceos o anticonvulsionantes.

Parasomnias

Las parasomnias son diversos trastornos del comportamiento durante el sueño en los cuales se activan partes del sistema nervioso central y del aparato locomotor de forma inadecuada. Las principales parasomnias son:

  • despertar confusional, en que hay una desorientación temporoespacial al despertarse, con un habla poco fluida y una respuesta lenta a estímulos, padeciendo luego amnesia del episodio.
  • sonambulismo, actividad motora compleja durante el sueño, caminando dormido y realizando actividades de las que luego el individuo no recuerda nada.
  • terrores nocturnos, despertares bruscos con gritos, llanto y pánico, con confusión al despertar y amnesia del episodio.
  • somniloquia, emisión de sonidos o hablar mientras se está dormido.
  • bruxismo, aumento del tono de la musculatura mandibular, lo que hace apretar y rechinar los dientes.
  • trastornos de la conducta REM, con actividad física violenta, gritos, patadas y golpes, en general desencadenados por una pesadilla.

Las parasomnias suelen ser más habituales durante la infancia y adolescencia y tienden a ceder por sí mismas con la edad y no precisar tratamiento, aunque algunas pueden requerir el uso de fármacos inductores del sueño como las benzodiazepinas.

Narcolepsia

La narcolepsia es un trastorno poco frecuente (afecta a menos del 1% de la población) y se caracteriza por la presencia de una somnolencia diurna inevitable, así como en muchos casos cataplejía, la pérdida brusca del tono muscular del cuerpo, haciendo que la persona caiga al suelo y no pueda moverse sin llegar a perder el conocimiento; estos ataques suelen desencadenarse por emociones como la risa o la sorpresa. Muchos pacientes con narcolepsia presentan también alteraciones del sueño nocturnos, así como parálisis muscular y alucinaciones al adormecerse o al despertar.

El tratamiento combina la programación de pequeñas siestas diurnas para evitar el adormecimiento inesperado, así como fármacos como el modafinilo, el metilfenidato, antidepresivos tricíclicos o el oxibato sódico, indicado este último tanto para el tratamiento de la somnolencia como de las crisis de cataplejía.

 

David Cañadas Bustos - Especialista en Medicina General - Médico consultor de Advance Medical