Hazlo por ellos

Está demostrado que el humo del tabaco no sólo es malo para la salud de los fumadores activos, sino también para aquellos que respiran el aire que el fumador contamina en el lugar de trabajo, en el hogar o en el grupo de amistades. Cuidar de la salud de nuestros seres queridos es una razón más que importante para dejar de fumar.

Cuando se enciende un cigarrillo se forman dos tipos de humo: el principal, que es el que aspira el fumador con cada calada; y el secundario o lateral, que se desprende de la combustión espontánea del cigarrillo entre las caladas. Muchos de los contaminantes están en mayor proporción en la corriente secundaria que en la primaria. Así, los fumadores pasivos están respirando involuntariamente el aire contaminado por humo de tabaco.

Desde la aplicación de la nueva legislación antitabaco, que impide fumar en los lugares de trabajo, se ha limitado la exposición a este humo dañino. Sin embargo, está limitación no llega a los hogares, y todavía hoy las personas con las que convivimos (y especialmente los más pequeños de la casa) son los más expuestos al daño provocado por el humo del tabaco.

Puedes evitarles estos daños

Si eres padre o madre, debes conocer el daño que estás haciendo a tus hijos al exponerlos al aire contaminado por el humo del tabaco.En el caso de las madres embarazadas que fuman durante la gestación, el feto es un fumador pasivo expuesto a muchos de los componentes del humo del tabaco, especialmente la nicotina y el monóxido de carbono, que pasan a través de la circulación sanguínea de la madre al feto. Esto puede provocar numerosas alteraciones en el niño que se está gestando, como retraso en el crecimiento intrauterino del feto; reducción del peso esperado del recién nacido; muerte súbita del lactante; riesgo elevado de partos prematuros y abortos espontáneos; y diversas alteraciones placentarias como desprendimiento prematuro de placenta y placenta previa.

La exposición del humo del tabaco también tiene consecuencias sobre la salud de los niños y niñas pequeños, aumentando los riesgos de enfermedades cuando los padres son fumadores. En comparación con hijos de padres no fumadores, los hijos de padres fumadores presentan un 20% más de crisis asmáticas; un 30% más de infecciones respiratorias; y un 50% más de otitis. Se estima que los hijos de padres fumadores inhalan en un año el humo equivalente a fumar 30 cigarrillos cuando el padre es fumador; de 50 cigarrillos cuando la fumadora es la madre; y de 80 cigarrillos cuando fuman el padre y la madre.