Evitar conflictos en vacaciones

Los conflictos familiares forman parte inevitable de la convivencia, pero, con la llegada de las vacaciones de verano, en ocasiones se incrementan debido a la cantidad de tiempo que pasamos todos juntos. Por ello te traemos algunas claves que pueden ayudar a evitar conflictos en el periodo estival.

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Los conflictos familiares ocurren en todas las familias, por muy buena relación que tengan sus miembros, ya que, en determinados momentos cualquier grupo tiene disparidad de opiniones, lo que da lugar al conflicto y si no se resuelven bien, pueden debilitar las relaciones entre sus miembros. Pero bien gestionados, estos conflictos nos permiten crecer y desarrollar mejores formas de relacionarnos.

La familia es un sistema vivo que crece y avanza junto, pero a veces también puede retroceder y estancarse, lo que ocasiona numerosas situaciones conflictivas por las que atraviesa una familia. Lo que hay que saber hacer es afrontarlas y superarlas. El conflicto puede interpretarse como una lucha entre las partes o también verse como una oportunidad de cambio que nos beneficia.

Por ello, es importante comprender que cuando, los conflictos se dan en las parejas, o en las familias, los esfuerzos deben dirigirse a procurar hacer el menor daño posible y más cuando hay niños de por medio. A veces, las partes están más preocupadas por negociar en base a ganar o perder que se olvidar de las consecuencias de esa negociación, y en lugar de beneficiar la relación, la distancian más.

Siguiendo los consejos que os planteamos podemos hacer de nuestras vacaciones una experiencia más gratificante y disfrutar más de nuestro tiempo en familia.

El conflicto puede interpretarse como una lucha entre las partes o también verse como una oportunidad de cambio que nos beneficia

Existen diferentes tipos de padres, autoritarios o negligentes, en el que una de las partes siempre sale ganando o perdiendo. Lo ideal es seguir un modelo en el que nadie pierde, más democrático, en el que se tienen en cuenta las opiniones de todos y cada uno de los miembros y se busca la solución que favorezca más a todas las partes.

Si algo nos molesta lo hablamos, no lo gritamos

Es simple, hay situaciones que por minúsculas que sean, a veces no se está de buen genio para tolerarlas. Te sugerimos esperar a que pase el mal humor (siempre pasa) y hablarlo al momento de la comida o antes de ella. ¿Quién puede estar de malas y comer?

Asambleas familiares

Simples reuniones informales que surgen espontáneamente y que se pueden aprovechar para hablar seriamente sobre algún problema pendiente, o para llamar la atención sobre algún error que se está cometiendo y dar opciones, guía o consejos para corregir el camino.

Caminar, respirar profundo y luego, hablar

Después de una discusión o simplemente para no generar una, lo mejor que se puede hacer es salir y dar un paseo, eso te dará tiempo para liberarte de las emociones negativas, oxigenarás tu cerebro y así podrás pensar mejor. Al regreso, seguro la tensión en el ambiente habrá disminuido y será entonces conveniente tratar de arreglar las diferencias sin lastimar a nadie.

Pedir disculpas nunca está de más

Todos cometemos errores, nos equivocamos y hablamos sin pensar, y a causa de esto alguien de la familia sale lastimado. Lo justo es reconocer el equívoco y pedir perdón o excusas por lo que se ha hecho.

Problema solucionado

Hay familias que tienen conflictos con más frecuencia de lo que desearían. Y no es que uno quiera vivir con problemas; es solo que hay quien no sabe cómo solucionarlos. Una posible solución es empezar el día a día con energías renovadas, con buen ánimo y con una buena actitud para con la familia, porque recuerda que no tienes la certeza de cuándo vas a partir de este mundo. Lo mejor es que tengas relaciones afectivas más sólidas y duraderas, colmadas de amor y comprensión.

Y recuerda meter en la maleta paciencia y dejar en casa los rencores.