Degeneración macular

La mácula lútea, también llamada fóvea, es una parte central de la retina que se observa como una mancha (de ahí su nombre) de color amarillo y que se encarga de la visión fina, es decir, que permite apreciar los detalles precisos de los objetos observados.

 

La mácula, con el paso del tiempo, puede sufrir una degeneración que puede alterar la capacidad de visión, especialmente a nivel central. La degeneración macular es la primera causa de ceguera irreversible en personas mayores de 55 años, con una prevalencia del 15% entre los 65 y 74 años, del 25% entre los 75 y 84 años y del 30% en personas mayores de 85 años.

Los principales factores de riesgo son:

  • Edad.
  • Antecedentes familiares, con algunos genes implicados como los que codifican el factor del complemento H o el gen regulador de la apolipoproteína E.
  • Tabaquismo.
  • Otros como la hipertensión arterial, la exposición ocular a la luz solar sin protección o los niveles bajos de carotenos.

La degeneración macular no aparece bruscamente sino que se trata de un proceso que va evolucionando. Inicialmente la visión puede ser completamente normal pero con el paso del tiempo se va acumulando un material amarillento o blancuzco en la retina, lo que se conoce como drusas, que van empeorando la visión nítida de los objetos. A medida que la degeneración macular va progresando, el estado avanzado puede presentar dos formas:

  • Degeneración macular seca, en la que se atrofia parte de la retina y el paciente ve los objetos más borrosos, con dificultad para leer, precisa cada vez más luz para ver correctamente y aparece una mancha borrosa el centro del campo visual.
  • Degeneración macular húmeda, en la cual en la retina se forman vasos sanguíneos nuevos que pueden causar hemorragias y causan una pérdida de la visión central, lo que se conoce como un escotoma central, y las líneas rectas se ven torcidas; al progresar, la ceguera se hace irreversible.

El diagnóstico se realiza inicialmente por los síntomas que explica el paciente y a continuación con diversas pruebas diagnósticas, como son:

  • Examen del fondo de ojo con la pupila dilatada y mediante la lámpara de hendidura.
  • Retinografía, que permitirá observar la mayoría de las lesiones.
  • Angiografía, que permite valorar los vasos sanguíneos del fondo del ojo tras administrar un contraste especial por la vena.
  • Tomografía de coherencia óptica, con la cual se obtiene imágenes de cortes de la región de la mácula y se aprecian las posibles alteraciones.

El tratamiento de la degeneración macular dependerá del estadio de la enfermedad. En las fases iniciales no se ha demostrado que ningún tratamiento la frene, pero se debe procurar dejar de fumar, controlar la ingesta de grasas y la tensión arterial, tener una dieta rica en frutas y verduras (especialmente espinacas, berros, naranjas, brécol) y alimentos ricos en omega-3 (pescado azul, frutos secos).

En fases más avanzadas se pueden llevar a cabo otros tratamientos más agresivos, como la administración intraocular de fármacos (bevacizumab, pegaptanib y ranibizumab) que frenen el crecimiento de los vasos sanguíneos que oscurecen la mácula, fotocoagulación con láser, terapia fotodinámica o cirugía. El tratamiento dependerá de cada paciente y del grado de evolución de la degeneración macular. Habiendo afectación de un ojo la probabilidad de que la degeneración se establezca en el otro ojo de del 39%.

Ante la presencia de síntomas como los anteriormente descritos, sobre todo la visión de las líneas que son rectas como torcidas, o la presencia de una zona central sin visión, es importante pedir consulta cuanto antes con un oftalmólogo.

 

Dr. David Cañadas Bustos - Especialista en Medicina General - Médico consultor de Advance Medical