Conociendo la enfermedad de Parkinson

La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurológico crónico que puede afectar a personas de cualquier sexo y edad, aunque se produce con más frecuencia entre mayores de 50 años. El temblor de manos y piernas, la disminución de los movimientos corporales y la rigidez muscular son las señas de identidad de esta enfermedad, que conlleva una pérdida lenta pero progresiva de la autonomía personal.

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El conocimiento limitado e impreciso de las causas que originan la enfermedad de Parkinson se convierte en un obstáculo insalvable para su cura. Actualmente, se sabe que la enfermedad se produce por una pérdida progresiva de la sustancia negra del mesencéfalo, una zona nerviosa que controla y coordina los movimientos corporales; como consecuencia de ese proceso, se produce una disminución de la dopamina cerebral, que es la sustancia que transmite impulsos de unas células nerviosas a otra. Al perder esas sustancias, el cerebro deja de emitir las señales con normalidad, lo que conlleva alteraciones en los movimientos y en la coordinación corporal. Pero lo que nadie ha podido explicar todavía es la causa de la pérdida de esas sustancias, con lo que cualquier intento de prevenir el desarrollo de esta enfermedad se convierte en un imposible.

Sin posibilidades de prevenir, sin posibilidades de curar, nuestra capacidad de intervención se reduce a detectar la enfermedad cuanto antes para limitar los daños y discapacidades que genera. Y no es poca cosa, ya que un enfermo bien tratado puede disfrutar de una muy buena calidad de vida hasta diez años después de diagnosticada la enfermedad.

Hasta el momento no se conoce la forma efectiva de prevenir la enfermedad de Parkinson. Por ello, nuestra arma más eficaz es estar atentos a la aparición de los síntomas característicos de la enfermedad. El síntoma más habitual, que se produce en más de la mitad de los pacientes, es el temblor. Suele aparecer habitualmente en manos, brazos y piernas, y el temblor es más intenso cuando la persona está en reposo. Otro síntoma muy habitual es una progresiva rigidez corporal, que se manifiesta en dificultades para andar (especialmente cuando se inicia la marcha) y movimientos más lentos que lo habitual; suele afectar muy particularmente a los músculos de la cara, lo que quita expresividad al rostro, hace disminuir el parpadeo y mantener la boca abierta. La inestabilidad postural, con dificultades para mantenerse de pie, es otra de las manifestaciones frecuentes de la enfermedad. Existen otros síntomas menos habituales, que suelen aparecer según se desarrolla la enfermedad. Entre ellos, se encuentran las dificultades en el habla, que se hace monótona y en voz baja; problemas para realizar movimientos con precisión, como escribir o comer; alteraciones psíquicas, como depresión o demencia; trastornos del sueño; y, alteraciones fisiológicas, como estreñimiento y urgencias urinarias.

Lejos de mantenerse estable, la enfermedad de Parkinson suele ir evolucionando a peor con el paso del tiempo, en un proceso en el que el paciente va sufriendo cada vez más discapacidades hasta perder por completo su independencia y autonomía. Si en un comienzo síntomas como el temblor afectan sólo a una parte del cuerpo luego se extienden a su totalidad, para provocar después trastornos cada vez más evidentes de la postura, hasta culminar con el paciente confinado en la cama o en un sillón.

Por el momento, no existe ningún tratamiento que permita curar la enfermedad. Los tratamientos existentes solo permiten retrasar la evolución de la enfermedad y mejorar la calidad de vida de los pacientes, lo que no es poco. Existen medicaciones efectivas que permiten aliviar los síntomas de la enfermedad, que deben ser indicadas por el médico según las características propias de cada paciente. En algunas ocasiones, el profesional sanitario puede disponer el tratamiento quirúrgico, en particular en los casos de pacientes que no responden al tratamiento farmacológico adecuado a la etapa de desarrollo de la enfermedad.

Pero más allá de los beneficios que traen estos tratamientos, es fundamental que el paciente encare un proceso de rehabilitación, que le permita recuperar las capacidades que pueda haber perdido por la enfermedad y disfrutar de la vida con la mayor autonomía posible. Cuanto antes se detecte la enfermedad y se trate, mayor será la calidad de vida de la que podrá disfrutar la persona afectada.


Este artículo ha sido elaborado por Fundadeps, educación para la salud. La Fundación tiene como finalidad fomentar la salud a través de la promoción de la salud, la educación para la salud y la investigación científica y técnica, aumentando la calidad de vida de la ciudadanía por medio de la Cultura de la Salud.