Comprador compulsivo

Un comprador compulsivo es una persona adicta al consumo y se caracteriza principalmente por una carencia en el control de los irresistibles impulsos hacia la compra de objetos, aunque éstos sean superfluos, no los necesite o no se los pueda permitir.

Miniatura

La adquisición de objetos por parte del comprador compulsivo va acompañada de un sentimiento de urgencia y ansiedad y, tras la compra y un breve periodo de euforia, alivio y satisfacción inicial, la persona puede empezar a experimentar un sentimiento de culpa y remordimiento, pero éste no le impedirá volver a comprar.

Sin embargo, no es comparable un comprador compulsivo con una persona a quien le gustan las compras y las realiza con placer. El primero suele comprar de forma obsesiva y lo hace por el mismo placer que obtiene durante el proceso de compra, no por el objeto mismo ni por necesidad. Suele experimentar satisfacción al poder decidir sobre los objetos que adquiere y tiende a confundir la compra con su propia persona, su imagen o el lugar que ocupa en la sociedad. A menudo, a través de esa compra de objetos, cree estar obteniendo a la vez otros elementos como la realización personal, la belleza, el estatus, la inteligencia, la felicidad, la pertenencia a un grupo, el poder, la autenticidad, entre muchos otros. El placer de lo nuevo, de estrenarlo y de poder mostrarlo a los demás le produce un intenso placer.

La figura del comprador compulsivo es propia de las sociedades consumistas y aunque parece mostrarse en mayor medida en mujeres jóvenes con un nivel económico, cultural y profesional medio-elevado, también se manifiesta en los hombres y en la franja adolescente. Los principales objetos susceptibles de compra compulsiva son los relacionados con la ropa, el calzado, las joyas y los productos de belleza, pero en los últimos años también se han añadido a esta lista los artículos de tecnología.

La presencia de este comportamiento en la conducta humana suele detectarse varios años después de los inicios de la manifestación de esta adicción, en cuanto empieza a acompañarse de deudas, dificultades financieras y legales, problemas de pareja y familiares o sentimientos de rechazo o de culpa.

Existen diferentes factores que pueden influir en su desarrollo:

  • Determinadas carencias afectivas, el sentimiento de vacío, la frustración o la insatisfacción personal y vital.
  • La presencia de trastornos del estado de ánimo o relacionales, intentando compensarlos o esquivarlos con este tipo de comportamientos.
  • Algunos rasgos de personalidad previos como la impulsividad, la competitividad, la inmadurez y la ansiedad, entre muchos otros.
  • La atracción por los estímulos de consumo: el miedo a perderse una ganga, una rebaja o un objeto que se crea único o disponible por tiempo limitado.
  • La aceptación de los valores consumistas y la vulnerabilidad psicológica hacia los mensajes que relacionan el consumo con la felicidad o el éxito social.
  • Un bajo nivel de autoestima y subestimación de las propias aptitudes y habilidades.
  • Perfeccionismo.

Algunas pautas que se pueden tener en cuenta para intentar solventar este comportamiento son:

  • Aprender a diferenciar una necesidad real de un deseo.
  • No llevar tarjetas de crédito encima. Es preferible salir a comprar con dinero en efectivo y ajustado a la idea inicial de compra.
  • Evitar, en la medida de lo posible, la compra por internet.
  • Establecer presupuestos previos, vigilar los gastos diarios y consultar regularmente las cuentas bancarias. Si se estima conveniente, es aconsejable solicitar la supervisión de un familiar cercano.
  • Antes de adquirir un nuevo objeto, es importante plantearse cuestiones como: ¿realmente lo necesito?, ¿lo voy a utilizar?, ¿hay algún otro gasto más necesario que éste?, ¿qué pasa si no lo compro?, ¿realmente me sentiré mejor cuando lo adquiera?, etc.
  • Aplazar la compra: una técnica que puede favorecer a superar esta adicción se basa en visitar tiendas sin llevar ningún medio de pago; al detectar un objeto atractivo, se debe esperar unos días para comprobar si ese objeto realmente se echa en falta o, si con el paso del tiempo, ha ido desapareciendo el anhelo de poseerlo.
  • Buscar otras formas de resolver las carencias emocionales realizando otras acciones que reporten un beneficio más duradero y trascendente. Hacer ejercicio, bailar, leer, cultivar plantas, estudiar, fomentar las relaciones sociales, etc.
  • Buscar la ayuda profesional de un psicólogo si por los propios medios o con la ayuda familiar o social no se logra el suficiente control.

Equipo de Psicólogos Advance Medical