¿Cómo ayudarle a dormir?

El sueño de los bebés es una de dificultades con la que se encuentran muchos padres primerizos sin saber, en muchas casos, cómo actuar. De hecho, los problemas de sueño son una de las consultas más frecuentes al pediatra.

El sueño

El sueño es una función vital necesaria para mantener el equilibrio de nuestro organismo. Durante el sueño se recargan energías para afrontar la actividad diaria, se regula la secreción hormonal y la producción de sustancias protectoras como los anticuerpos.

En los bebés, el sueño contribuye a la maduración del sistema nervioso y regula el crecimiento. Es justamente por las noches cuando su cuerpo produce, en mayor medida, la hormona que estimula su crecimiento.

La importancia de un buen descanso

Las alteraciones del sueño pueden aparecer en cualquier etapa del desarrollo del niño. Encontramos el bebé que llora toda la noche, el niño que no quiere irse a dormir, los terrores nocturnos, etc. En este sentido, los niños deben adquirir unos buenos hábitos de descanso ya que si no los padres acabarán agotados, más irritables al no dormir bien y desgastados. A su vez, el niño que no descansa lo suficiente puede pasarlo mal, estar muy irritable y acusar la falta de apetito.

En este sentido, cuando un bebé o un niño altera su ritmo de sueño es importante poder revisar si, durante los últimos días, tuvo lugar alguna situación diferente en la vida familiar o escolar. En otros casos, el problema del sueño es la falta de rutinas.

Métodos para ayudarlo a dormir

Hay muchos métodos para dormir al bebé y que éste, poco a poco, vaya adquiriendo una rutina. Los padres deben escoger una en función de cómo se sienten más cómodos y cómo responde el bebé. Los métodos para enseñar a dormir se basan fundamentalmente en dos acercamientos distintos:

1. Dejarlo llorar: acostar al bebé cuando aún está despierto y permitir que llore durante breves periodos de tiempo (sin dejarlo llorar indefinidamente), entrando a intervalos para calmarlo pero sin cargarlo en brazos.

2. Dormir sin llanto: es un acercamiento más gradual en el que los padres ofrecerán consuelo inmediato cuando el bebé llore, cogiéndolo en brazos si es necesario. Incluso puede compartir cama con el bebé durante los primeros meses o años de vida, hecho que refuerza el vínculo entre la madre y el bebé, que duermen más y mejor cuando están juntos. Por otro lado, refuerza la lactancia materna.

No siempre son problemas de sueño

- Hambre o sed.

- Obstrucción nasal: el sueño mejora realizando un lavado nasal antes de ir a dormir.

- La dentición: algunos bebés pueden tener molestias.

- Cólicos: durante los tres primeros meses de vida del bebé.

- Temperatura de la habitación: la habitación debe estar a una temperatura confortable y se debe tapar al niño de manera adecuada al clima para que no sude en exceso.

- Ruidos.

- Luz y oscuridad: la luz de las primeras horas del día puede despertar precozmente. La oscuridad, por el contrario, incomoda a muchos bebés ya que al despertarse por la noche no se sienten seguros. Para estos casos, se puede utilizar una luz suave de enchufe.

- La cuna o el moisés: si el bebé se mueve mucho, se golpea contra los bordes de la cuna y eso lo despierta.

- El pijama: debe ser cómodo, sin corchetes o cremalleras que molesten ni perneras demasiado amplias que hacen que las piernecitas del bebé se pierdan en el pijama.

- Pañales: muchos bebés se sienten muy incómodos con el pañal mojado.

- Enfermedad: un niño enfermo puede dormir mal. Debemos tomarle la temperatura y valorar que no tenga ningún dolor o molestia que le perturbe el sueño.

En estos casos, si mejoramos el confort del bebé terminando con estas situaciones, se solucionará el problema de sueño por sí solo.

Buenos hábitos antes de dormir

Si seguimos los siguientes consejos, lo más seguro es que el bebé no tenga dificultades para dormir y que los padres puedan disfrutan de un buen descanso.

- Mantener horarios regulares: la hora de acostarse debe convertirse en una rutina y debe ser temprano antes de que el niño esté demasiado agitado o cansado. Además, cantar una nana, leerle o contarle una historia puede ayudar.

- Bañar al niño por la tarde-noche lo puede relajar.

- Mantener la habitación a una temperatura agradable, alrededor de 18ºC.

- Asegurarse de que el niño esté limpio, con ropa cómoda, sin hambre ni sed.

- Realizar siestas de una duración razonable.

Dra. Esther Martínez García - Especialista en Pediatría - Médico Consultor de Advance Medical