¿Es beneficioso comer helados?

Es un alimento placentero, de capricho, al que cuesta resistirse, una auténtica tentación para las personas que se siguen una dieta de control de peso.

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Los helados siempre se han relacionado con las estaciones de calor, pero actualmente se encuentran disponibles todo el año. Es un alimento placentero, de capricho, al que cuesta resistirse, una auténtica tentación para las personas que se siguen una dieta de control de peso.

De agua y de leche

Existe una gran variedad de helados, y su composición nutricional puede variar en función de los ingredientes, pero en general, podemos diferenciar entre los de agua y los de base láctea y cremosos. Desde un punto de vista calórico, los helados de agua son más ligeros, y sus calorías provienen principalmente de su contenido en azúcar. En cambio, en los helados con base de leche su contenido graso eleva su aporte calórico. Si tenemos en cuenta solo el aspecto energético, está claro que son más calóricos los segundos. Si, además, se les suman otros ingredientes como chocolate, frutos secos, galleta o mermelada, el valor calórico aún es mayor. Los de hielo oscilan sobre las 70-130 Kcal, y los de leche y cremosos sobre las 150-250 Kcal. Por tanto, en dietas de control de peso, y teniendo en cuenta sólo el aspecto calórico, es mejor escoger uno de hielo.

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¿Qué otros nutrientes nos aportan los helados?

Contemplando otros aspectos nutricionales, hemos de decir que los helados con una base láctea son buenas fuentes de calcio, proteínas de alto valor biológico (la de la leche) y vitaminas como la A, B1, B2 y folatos. El contenido de calcio en este tipo de helado lo convierte en un alimento que contribuye al aporte de calcio con buena biodisponibilidad en la dieta. Los helados con base de agua, en ese sentido, quedan más limitados, a no ser que contengan ingredientes naturales que aumenten su calidad nutricional.
El componente que da más mala fama a los helados es la grasa, pero ¿hasta qué punto hemos de preocuparnos? Son los helados cremosos los que aportan mayor proporción de grasa, que puede variar mucho según el tipo. La grasa proviene en parte de la leche, y en parte de grasas vegetales añadidas al helado para aumentar su textura cremosa. Pero estas grasas en muchas ocasiones son de coco, de palma o grasas vegetales hidrogenadas, y sumadas a la grasa de la leche, incrementan la proporción de grasa saturada en estos productos. Por tanto, en principio no son recomendables desde un punto de vista cardiosaludable. Pero hay que destacar que hoy en día la industria alimentaria está elaborando nuevas fórmulas para sustituir estas grasas por otras más convenientes, o incluso disminuir su proporción. Por tanto, dependiendo de la cantidad y la frecuencia, y dentro del marco de una dieta equilibrada, podemos darnos el capricho de incorporar algún que otro helado en nuestra dieta.


Isabel López - Licenciada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos - Diplomada en Nutrición Humana y Dietética - Nutricionista consultora de Advance Medical