Comer con niños fuera de casa

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Salir con la familia a comer fuera de casa es algo habitual e importante para algunos padres. Por tanto, si queremos que nuestro hijo se habitúe a comer fuera de casa, lo hemos de llevar, para que se acostumbre desde bebé. Es imprescindible valorar una serie de detalles que nos faciliten la salida.

Comer de picnic: ¿qué le llevo?

En los niños que amamantan o que toman leche artificial, es fácil: pecho a demanda o llevar agua caliente en un termo y la leche en polvo para preparar el biberón.

En los bebés que están empezando con la introducción de alimentos debe respetarse la introducción de los mismos y no ofrecer alimentos que no les corresponden por edad. Para un día fuera los potitos pueden ser una buena opción, sobre todo los de fruta para los bebés que todavía comen triturado. Si llevas el puré o la comidita hecha de casa recuerda guardarla en un envase isotérmico para que se mantenga ligeramente caliente y sea un placer para el bebé comérsela. A  nadie le gusta un plato frío.

Los niños deberían comer de todo a los dos años, vigilando sólo que las texturas y tamaño de los bocados sea el adecuado y evitando los frutos secos o los caramelos ya que, por su dureza y pequeño tamaño, pueden ser causa de atragantamiento. En estos casos las ensaladas de pasta, las croquetas, tortillas o un sándwich blandito podrían ser una muy buena opción. La fruta se puede llevar entera.

Nunca nos debemos olvidar el agua y mantener una cuidadosa higiene de las manos. Es muy práctico llevar un gel desinfectante en el bolso.

Comer en un restaurante

Es una opción muy habitual para pasar tiempo en familia y una manera excelente para que los niños aprendan a comer de todo en diferentes ambientes. Para que salir no se convierta en una pesadilla podemos tomar estar precauciones:

  • Llevar juguetes, libros, dispositivos electrónicos con juegos infantiles o lápiz y papel para que se puedan entretener durante la espera de los platos y la sobremesa. No se aconseja que el niño juegue mientras coma, tan sólo en los momentos donde se le pueda hacer más aburrido.
  • Escoger un restaurante que sea sensible a los más pequeños: tenga sillas de bebé, menú infantil, atención especial o zona de juegos. En la mayoría de restaurantes podemos llevar la papilla del bebé y la calientan sin problemas, si ese es el caso.
  • Intentar adaptar la salida a los horarios del bebe. Las rutinas son importantes y, si el niño o bebé está acostumbrado a comer a cierta hora, hacerles esperar demasiado puede ser contraproducente, volviéndoles más irritable.
  • Pedir los platos que han de comer los más pequeños en primer lugar, que vayan saliendo los primeros, incluso antes de pedir los adultos, para que la espera no se haga tan larga.
  • Solicitar que las sopas o purés no estén demasiado calientes.
  • Si los niños son muy inquietos, prolongar la sobremesa no es una buena opción... es mejor optar por dejar el café para más tarde y cambiar de local, o dar un pequeño paseo, para que la comida no se les haga interminable.
  • Es un buen momento para mejora los modales de nuestros hijos: sentarse bien, cuidar la forma de comer, pedir las cosas por favor y dar las gracias.
  • Es una oportunidad para ofrecer al niño a partir de dos años nuevos sabores. Vale la pena no limitarse al menú infantil y atreverse a probar nuevos platos.
  • Incluso potenciar la lectura es posible. Los niños que están aprendiendo a leer o que ya saben, darles la carta para que la lean, pregunten lo que no entiendan y escojan, en algún caso, lo que quieran comer.

Dra. Esther Martínez García - Especialista en Pediatría - Médico colaborador de Advance Medical