Carcinoma basocelular. Cáncer de piel

El carcinoma basocelular o de células basales es el tumor maligno más frecuente en la especie humana. Es también el tumor de la piel más común. Se origina en la capa de células de la base de la epidermis. No tiene prácticamente capacidad de provocar metástasis, aunque sí de provocar destrucción local y graves secuelas si no es tratado de forma precoz y correcta.

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¿A quién afecta?

En general, el carcinoma basocelular aparece en personas mayores, de más de 60 años, y sobre zonas expuestas al sol. Es más común en hombres que en mujeres. Es raro en personas jóvenes, y si aparece antes de los 30 años cabe descartar una enfermedad hereditaria llamada síndrome de Gorlin, que asocia los carcinomas con otras alteraciones. Se sabe que la exposición continua al sol o los rayos UVA de las cabinas de bronceado están implicadas en la producción de este tumor, debido al daño que la radiación ultravioleta provoca en las células de la piel.

¿Qué síntomas provoca?

Lo habitual es que sea indoloro. Es frecuente que tenga el aspecto de un bulto de color rosa o pálido, con un brillo que recuerda al de una perla, que puede contener vasos sanguíneos en su superficie (telangiectasias). Además, puede aparecer en forma de parches rojos y escamosos, o llagas abiertas que pueden sangrar, formar costras y crecer muy lentamente, formando una úlcera con aspecto de socavón, de bordes sobreelevados. A diferencia del carcinoma escamoso, el carcinoma basocelular crece muy despacio, a lo largo de meses o años.

Las zonas más comúnmente afectadas son las zonas expuestas al sol, como la frente, la nariz, las sienes o las zonas perioculares. En el tronco es frecuente verlos en la parte superior del pecho y la espalda.

Los pacientes suelen acudir al médico por un bulto que crece muy lentamente o una llaga que no cura, forma costra y sangra ocasionalmente. Muchas veces los carcinomas basocelulares persisten durante años sin provocar ninguna molestia, y si llegan a un tamaño grande pueden provocar más problemas, e incluso metástasis y extensión a otros órganos, aunque esta es una complicación muy rara.

¿Cómo se trata el carcinoma basocelular?

El tratamiento estándar es la extirpación mediante cirugía. En la mayoría de los casos se puede realizar con anestesia local y sin ingreso. Si el tumor es de pequeño tamaño puede erradicarse y cerrar la herida con puntos directamente. En casos de mayor tamaño, o en áreas de la cara con compromiso estético, puede ser necesario recurrir a plastias o injertos.

En carcinomas infiltrantes, que han recidivado tras una intervención previa, o que están en áreas anatómicas comprometidas, como próximas a los ojos o la nariz, la cirugía ideal es la llamada Cirugía de Mohs, en la que se controlan en directo los márgenes de la extirpación con microscopio, y sólo se considera curado el tumor cuando estos márgenes están limpios.

Algunas alternativas a la cirugía son la criocirugía (destrucción del tumor mediante congelación), la radioterapia o la quimioterapia tópica o sistémica.

¿Cómo se puede prevenir?

La principal medida preventiva es la protección solar, adecuada al tipo de piel del paciente y a sus hábitos de exposición al sol.

¿Cuál es su pronóstico?

El carcinoma basocelular no causa prácticamente mortalidad, pero provoca mucha destrucción local. En muchos casos, los pacientes que desarrollan varios carcinomas pueden acabar teniendo deformidades o cicatrices antiestéticas en zonas muy visibles de la cara. En casos de gran tamaño o largo tiempo de evolución puede haber destrucción de estructuras como las orejas, la nariz o el globo ocular. En cambio, la posibilidad de que un carcinoma basocelular origine metástasis o se extienda a otros órganos es excepcional.


Equipo Médico Advance Medical