Atracción por el dulce

El azúcar es una buena fuente de energía, y consumido de forma adecuada dentro del marco de una dieta equilibrada cumple importantes funciones, como aportar glucosa de forma rápida al cerebro y al músculo. Pero, por sí solo, aparte de hidratos de carbono de absorción rápida, no aporta ningún otro nutriente relevante para la dieta. Es más, un consumo excesivo puede conllevar desajustes alimentarios que a su vez provoquen la aparición de enfermedades crónicas como la obesidad, entre otras. Parte del aumento de la obesidad y el sobrepeso en las sociedades industrializadas se debe al aumento del consumo de calorías provenientes de azúcares simples y grasas saturadas.

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Desde niños…

En la infancia, nos acostumbramos al sabor dulce, en las primeras etapas a través del sabor naturalmente edulcorado de la leche, y después a través del azúcar que se le suele añadir a algunos alimentos y bebidas, como por ejemplo, zumos cítricos o yogures, no sólo para aumentar su aporte energético, sino también para hacerlos más apetecibles y favorecer la toma de los mismos, y con ellos el resto de nutrientes que los componen. Los niños que crecen habituados al sabor dulce, se convertirán en adultos dependientes de este ingrediente que aporta calorías superfluas. En otras etapas de la vida, como es la ancianidad, en las que disminuye la percepción del gusto, se suele aumentar la cantidad de azúcar añadido para percibir el mismo nivel de dulzor al que la persona estaba acostumbrada.

 

Bienestar momentáneo

Comer algo dulce produce un efecto de bienestar muy plancentero, pero momentáneo y, en cierta manera, un poco adictivo, porque una vez pasado, la tendencia es tomar de nuevo algo dulce para volver a tener la misma sensación. Esta costumbre puede llegar a convertirse en una obsesión en personas con inestabilidad emocional, pues son más susceptibles de buscar con mayor frecuencia la satisfacción inmediata que provoca la ingesta de los alimentos dulces. Si se convierte en un hábito y perdura en el tiempo una ingesta elevada de azúcares simples en la dieta, pueden provocarse hiperglucemias de forma frecuente, dar lugar a desequilibrios nutricionales, y derivar en problemas de sobrepeso u obesidad, así como en otros problemas de salud asociados. El azúcar proporciona una felicidad transitoria, pero a la larga puede afectar a la salud de nuestro cuerpo.

 

Cómo actuar

Por ello, es conveniente adaptarse a un nivel bajo o moderado de sabor dulce y seguir un horario y distribución de comidas ordenado, que permita controlar mejor el apetito. Pues cuando se está hambriento, se tiende a desear alimentos dulces y muy densos a nivel calórico. La mejor recomendación es una dieta variada y equilibrada que incluya nutrientes procedentes de los diferentes grupos de alimentos, incorporando ejercicio físico de forma habitual.

 

Por otro lado, hay que tener en cuenta que la industria alimentaria utiliza el azúcar como ingrediente para favorecer el consumo de muchos alimentos que sin su presencia serían difíciles de consumir. Por ello, es importante fijarse en el etiquetado de los productos manufacturados.

 

Isabel López  - Licenciada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos - Diplomada en Nutrición Humana y Dietética - Nutricionista consultora de Advance Medical