Anemia en la infancia

La anemia se diagnostica cuando se observa una disminución en el número de hematíes (glóbulos rojos) y/o éstos contienen menos cantidad de hemoglobina. En función de la gravedad de la misma, el niño puede estar sin síntomas o bien con una clínica muy marcada.

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La importancia del diagnóstico precoz

Es importantísimo un diagnóstico precoz que  permita un tratamiento adecuado y evitar así las consecuencias a largo plazo. Los valores normales de hemoglobina y hematocrito varían en función de la edad del niño, por lo que las analíticas siempre deben ser valoradas por su pediatra. En los recién nacidos, por ejemplo, la concentración de hemoglobina es máxima (16,5-18,5 g/dl),  en los primeros días de vida puede descender hasta 9-10 g/dl entre los 2 y 6 meses. Se mantiene en cifras de 12-13,5 g/dl entre los 2 y 6 años de edad y llegan a 14-14,5 g/dl en la pubertad (para niñas y niños, respectivamente). Estos valores siempre se refieren a niños que viven sobre el nivel del mar. Cuanto mayor es la altura sobre el nivel del mar, el aire contiene menos oxígeno, y los valores de hemoglobina se incrementan.

Tipos de anemia

  • Anemia como consecuencia de una incapacidad de producir hematíes.
  • Anemia por destrucción aumentada (hemólisis) o pérdida de hematíes (hemorragia).

También se pueden clasificar según el tamaño de los hematíes en:

  • Microcíticas: el tamaño de los hematíes está disminuido.
  • Normocíticas: el tamaño de los hematíes está dentro de la normalidad.
  • Macrocíticas: el tamaño está aumentado.

Según el periodo de instauración se clasifican en crónicas o agudas.

Además, las anemias pueden ser hereditarias o adquiridas.

Anemias más frecuentes en la infancia

Anemia  ferropénica

La falta de hierro es una de las carencias nutricionales más frecuentes en el mundo y es una causa muy frecuente de anemia. Sus causas pueden ser por problemas de absorción intestinal, por sangrado o por carencias nutricionales en momentos de rápido crecimiento.

Este tipo de anemia es el más frecuente en los niños. Los síntomas son la pérdida de apetito, palidez, fatiga, irritabilidad, y retraso del desarrollo o aprendizaje. Si no hay problemas de absorción o hemorragias se puede prevenir su desarrollo con una ingesta apropiada de hierro en la dieta. El hierro se encuentra en moluscos (almejas y berberechos), carnes, cereales y gambas. Los vegetales que aportan más hierro son la soja, lentejas, guisantes, espinacas, calabacín y alubias blancas, aunque la absorción de su hierro por parte de nuestro organismo es peor que el de origen animal.

El tratamiento de la anemia ferropénica es mediante la suplementación de hierro en forma de gotas, ampollas o comprimidos, dependiendo de la edad del niño.

Anemia de las enfermedades crónicas y enfermedades del riñón

Las enfermedades crónicas como la artritis juvenil, el lupus, la colitis ulcerosa o bien el cáncer suelen acompañarse de anemia debido a que la médula ósea tiene disminuida su función.

 Esferocitosis hereditaria

Es un tipo de anemia hemolítica, es decir, los hematíes se destruyen por una alteración en su forma, siendo ésta esférica. Esta anomalía les ocasiona una disminución en su capacidad de deformación propiciando su destrucción en el bazo. Los niños con este tipo de anemia presentan en la analítica un aumento de bilirrubina y en la exploración física un aumento del tamaño del bazo (esplenomegalia).

 Talasemias

Son un grupo de anemias hereditarias muy frecuentes en el Mediterráneo. Es una alteración genética que produce hemoglobinas anómalas. La gravedad es muy variopinta siendo clasificadas en talasemia minor (no necesita tratamiento) y talasemia mayor (mucho más grave y que requiere transfusiones de sangre, suplementos de ácido fólico y, en ocasiones, trasplante de médula ósea).


Dra. Esther Martínez - Especialista en Pediatría - Médico colaborador de Advance Medical