Alimentación infantil

Los problemas actuales de la nutrición infantil van desde la muerte por desnutrición de los niños de los países del tercer mundo por carencia de recursos materiales y económicos, hasta el desequilibrio alimentario en los niños del llamado primer mundo, derivado de una insuficiente educación nutricional (Ruíz M y Aranceta J, 2006).

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Alimentación infantil en edad escolar

Concretamente la muerte y desnutrición proteico-energética que se produce por un déficit en la alimentación, tanto energético como de nutrientes, afecta a una parte importante de la población mundial, sobre todo a los niños de corta edad, así como a las embarazadas con diversas secuelas en el desarrollo posterior del individuo. Los casos graves de desnutrición proteico-energética se manifiestan bajo dos formas: el Kwashiorkor y el marasmo, aunque la mayoría de los afectados presentan signos de ambas patologías (Cervera P, 2005). Al mismo tiempo la obesidad adquiere caracteres de epidemia, ya que, desde 1998 la OMS considera la obesidad una epidemia global. El sobrepeso y la obesidad están aumentando en niños y adolescentes de lo que se puede llamar el primer mundo (Rossner S, 2002).

Uno de los mejores indicadores de salud individual y poblacional es el estado nutricional, sobre todo en los niños, donde el crecimiento y desarrollo están en gran parte condicionados por éste.
El período que comprende desde el primer año de edad hasta la pubertad se suele denominar ?período latente? o ?inactivo? del crecimiento (Russolillo G y col, 2001). En contraste con la triplicación del peso de nacimiento que ocurre en los primeros 12 meses, transcurre otro año antes que se cuadruplique el peso de nacimiento. Asimismo, la longitud al nacimiento aumenta en 50% durante el primer año, pero no se duplica sino hasta los cuatro años de edad, aproximadamente. Se produce un aumento importante de las extremidades inferiores y se pierde masa grasa y agua corporal, mientras que aumenta el agua intracelular, la masa muscular y el depósito de mineral óseo. Los verdaderos cambios son de poca cuantía en comparación con los de la lactancia y la adolescencia (Lucas, 2001; Leis y col, 2001).

La composición corporal en los niños preescolares y escolares se mantiene relativamente constante. A los 3 años, el grado de madurez alcanzado por la mayoría de los órganos y sistemas es similar al del adulto. La regulación del apetito, el desarrollo funcional del aparato digestivo, renal y neuromuscular ha alcanzado un nivel de eficiencia que permite que el niño tolere una alimentación variada.

En esta etapa la alimentación debe proporcionar un balance positivo de nutrientes estructurales con el fin de satisfacer la acumulación de energía que precede a los cambios morfológicos, funcionales y psicológicos que conducen a la adolescencia; también tiene que permitir realizar un nivel importante de actividad física y ser adecuada para que el niño desarrolle satisfactoriamente sus actividades escolares y sociales (García MC y García MT, 2003).

Un informe de la FAO/OMS/UNU (1985) define los requerimientos energéticos como el nivel de ingesta energética a partir de los alimentos que equilibraría el gasto energético cuando el individuo tiene un tamaño y composición corporal, y un nivel de actividad física, consistente con una salud prolongada; y que permitiría el mantenimiento de una actividad física económicamente necesaria y socialmente deseable. Se añade una advertencia para los niños que dice el requerimiento debería incluir las necesidades energéticas asociadas con la creación de tejidos (es decir, crecimiento) a unas proporciones consistentes con una buena salud.
Los problemas de esta población relacionados en gran parte con la alimentación, son como es sabido, la obesidad y, por otro lado, alteraciones de conducta alimentaria como anorexia y bulimia.