¿Qué sabemos de las aguas minerales?

Aunque el mundo de los refrescos es cada vez más amplio y atrayente, el agua sigue siendo la bebida más saludable para mantener nuestro cuerpo bien hidratado. No aporta calorías, pero es fundamental para prácticamente todas las funciones del organismo y es también su componente más abundante.

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En los últimos años ha habido un incremento destacado del consumo de aguas embotelladas, en parte debido a cierta desconfianza hacia el agua de suministro general o “del grifo”. Es por ello que muchos hogares se abastecen comprando aguas minerales envasadas por pensar que proceden de fuentes más puras y seguras. La diferencia entre el agua del grifo y las aguas minerales es que la primera está tratada para garantizar un consumo seguro, y las segundas llegan al consumidor tal y como se encuentran en la naturaleza, con una determinada composición mineral y pureza original, pudiendo resultar especialmente interesantes para nuestro organismo.

Las aguas minerales naturales son de origen subterráneo, y contienen un determinado contenido en minerales y oligoelementos que ha de ser estable y ha de constar en el etiquetado. Se prohíbe el tratamiento del agua, por tanto, el agua original debe ser potable, sana y de composición lo más invariable posible. No hay que confundirlas con las aguas de manantial (envasadas), pues en este caso su composición mineral puede ser variable y no se indica en el envase. Eso sí, en ambos casos se debe cuidar de forma exhaustiva el acuífero y la zona geológica de la que surge el agua para garantizar su salubridad.

Mucha variedad
La gran variedad de aguas minerales viene determinada por su contenido mineral, que a su vez dependerá de las características del suelo de dónde surge. En función del residuo seco, las aguas minerales se clasifican en: muy débiles (≤ 50mg/l), baja (≤ 500 mg/l), media (≤ 1500 mg/l), y fuerte mineralización(≤ 1500 mg/l). Dependiendo de las necesidades de cada persona, se puede recomendar uno u otro tipo, y escoger la composición mineral óptima para cada caso. Pero, en general, las aguas muy débiles son las más aconsejadas por favorecer la diuresis. Este tipo de aguas minerales convienen a personas con hipertensión o con tendencia a la retención de líquidos.

Al agua mineral envasada se le puede añadir gas carbónico (CO2), dando lugar al agua con gas, que tiene un peculiar sabor “ácido”. Estimula el proceso digestivo, pues en el estómago favorece  la secreción de jugo gástrico y  la motilidad. Ejerce cierto efecto aperitivo y suele consumirse sobre todo como bebida de mesa, aunque también es habitual escogerla como bebida refrescante para tomar fuera de casa.

El agua mineral natural es de alta calidad. La ventaja de las aguas minerales es, por un lado,  que siempre nos aportan los mismos minerales y el mismo sabor y, por otro, que como es sana desde su origen, no necesita tratamiento químico antimicrobiano.


Isabel López – Licenciada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos – Diplomada en Nutrición Humana y Diétetica – Nutricionista consultora de Advance Medical