Actividad física y esperanza de vida

La actividad física ha de formar parte de los hábitos saludables. Está muy relacionada con el aumento de la esperanza de vida.

Este mismo año se ha publicado un gran estudio prospectivo danés, es decir a lo largo de varios años (de 1976 a 2010), que concluye que con una actividad física regular (para el estudio se valoró como ejercicio correr), una o dos horas por semana (incluso en periodos de 20 minutos) aumenta la esperanza de vida en 6,2 años en hombres y en 5,6 años en mujeres. Peter Schnohr, uno de los médicos autores del estudio, afirmó que ?la carrera, practicada con asiduidad, aumenta la longevidad. El aspecto positivo es que no es necesario demasiado esfuerzo para observar un claro beneficio?.

La existencia de distintas disciplinas hará que distintas partes del organismo puedan verse más o menos favorecidas, lo que va a influir, de manera directa, en una mejor calidad de vida e incluso en una mayor esperanza de vida. Cabría hacer aquí una reflexión ya que el ejercicio en sí tiene dos vertientes, ambas saludables: una sería la de prevención y la otra sería terapéutica, cuando existe una prescripción médica y sirve como terapia. Sea por la razón que sea, la mejora que va a experimentar la persona será siempre en positivo buscando llegar de la mejor manera posible a edades avanzadas y alargar nuestra vida en las mejores condiciones.

A nivel de prevención el deporte, siempre de forma mesurada y sin excesos, es una gran manera de mantenerse en forma por dentro y por fuera. Se trata de evitar con nuestra regularidad males posteriores. Para ello, basta tener en cuenta, por ejemplo, las cifras publicadas en el estudio danés, que muestran que en el periodo de seguimiento el riesgo de fallecimiento se redujo en un 44% para los corredores, tanto hombres como mujeres. Queda claro, pues, que el beneficio es inmensamente mayor que quedarse sentado en el sofá viendo la TV.

Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en la sociedad occidental (la cardiopatía isquémica provoca, según la Organización Mundial de la Salud -OMS- el 12.8% de muertes), por lo que con poco que hagamos alejaremos los factores de riesgo asociados a las enfermedades cardiacas.

Para nuestro sistema cardiovascular, el ejercicio significa que el corazón, siendo un músculo como es, se mantiene activo. Así pues, cuanto más entrenado esté, mejor responderá ante las necesidades diarias, no siendo necesario subir un pico de montaña sino simplemente ser capaces de subir una calle empinada sin problemas. Si uno empieza a ejercitarse a edades tempranas y es capaz de ganar resistencia, el corazón estará sano y será menos susceptible de sufrir problemas, como la insuficiencia cardíaca.

Junto con el corazón, los vasos sanguíneos se benefician del ejercicio de manera que están menos rígidos, con una mejora del riego sanguíneo, y se evita la aparición de aterosclerosis o la temida hipertensión, tan comunes en la sociedad en la que vivimos. Quien incluye actividades aeróbicas (bicicleta, nada, andar, patinar, bailar...) en su agenda controlará las cifras de la tensión arterial en la franja considerada normal (140/90 mmhg).

La esperanza de vida va unida ineludiblemente a una buena calidad de vida y para que sea así en general se requiere una correcta movilidad ya que con la edad una de las frases más repetidas es: ?me siento oxidado y me cuesta moverme?. Sea desde el suelo, con ejercicios de estiramientos, o en el agua, la base es el movimiento. Los músculos, huesos y articulaciones son efectivamente ?diana? de los beneficios que ofrece el ejercicio. Quien más quien menos ha tenido que hacer un parón y descansar; tirones, roturas? Al volver a la normalidad, dependiendo del tiempo que se ha tenido que interrumpir la actividad uno se da cuenta de la pérdida de la masa muscular porque estos necesitan un estímulo para mantener el tono.

Con simples caminatas ya estaremos activando la musculatura y las articulaciones. Si a andar le añadimos un poco de resistencia como puede ser hacerlo por terrenos con desniveles, mejor que mejor, más fortaleza estaremos dando al esqueleto y, en paralelo, al corazón.

No todo se centra a nivel físico, la parte del beneficio psicológico no es una minucia. Desde bien pequeños nos va a ayudar pero en personas de edades más avanzadas tener una rutina de ejercicio es una manera de sentirse acompañado ya que la mayoría de veces se practica actividad en grupo. Las personas que acuden a realizar ejercicio se ponen una obligación y eso al fin y al cabo es mantenerse activo y potenciar la calidad de vida.

Dra. Eva Ferrer Vidal-Barraquer - Especialista en Medicina del Deporte - Médico colaborador de Advance Medical