¿Por qué debo cuidar mi calidad de sueño?

Las horas que dedicamos al descanso son muy necesarias para nuestra salud. No sólo nos permiten recuperar la energía gastada durante el día, sino que además son esenciales para fortalecer nuestro sistema inmune.

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Una de las funciones más importantes del sueño es su contribución en la regulación de la temperatura corporal, funcionando como un termostato que mantiene la temperatura que el organismo necesita en cada momento en función de las actividades que se llevan a cabo en él para facilitar procesos metabólicos, hormonales, etc. Sin este importante termostato, el organismo moriría.

A medida que disminuyen las horas de sueño, podemos comprobar cómo se produce un deterioro en nuestro funcionamiento. Cuando dormimos mal o pasamos largos periodos de vigilia, se produce una disminución de nuestro rendimiento intelectual y llegamos a tener serios problemas de concentración, memoria o razonamiento.

Un mal descanso aumenta la probabilidad de desarrollar trastornos psicológicos, produciéndose alteraciones en el estado anímico aumentando así los niveles de ansiedad e irritabilidad. La falta severa de sueño puede incluso conllevar la aparición de alucinaciones, alteraciones neurológicas y ataques epilépticos.

Cada vez más, los estudios apuntan a que las personas que llevan una vida con pocas horas de sueño son el doble de propensas a fallecer por una enfermedad cardíaca, ya que la privación de sueño se relaciona con un aumento de la presión sanguínea y por tanto se aumenta el riesgo de ataque cardíaco y accidente cerebrovascular (ACV).

La cultura de vida actual lleva a gran parte de la población a privarse de horas de sueño en detrimento de su salud, pero es que es lo que conllevan estos tiempos: el trabajo, las ocupaciones, la familia y un largo etcétera que se come las horas de sueño.

Los expertos recomiendan un mínimo de 7 horas para que el descanso sea efectivo y se recupere el cuerpo de las actividades diarias. Y en relación con el deporte y el entrenamiento recuerda que tan importante es el entrenar como el descansar, ya que el trabajo físico no se asimila sin un buen descanso que permita la recuperación y supercompensación.

Un déficit de sueño está vinculado con desequilibrios hormonales que conllevan problemas de obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares. En definitiva, no dormir  las horas necesarias de forma continuada o someterse habitualmente a periodos de vigilia produce disfunciones en el rendimiento de nuestro cerebro que perduran incluso después de ‘recuperar’ esas horas de sueño.

Además, no descansar lo suficiente influye en nuestros reflejos, lo que está relacionado con accidentes automovilísticos, laborales y domésticos.

Etiquetas: Sueño