{

Síndrome de piernas inquietas

El síndrome de piernas inquietas comenzó a ser conocido en los años 80 del siglo XX, cuando entidades médicas americanas la describieron. Pero la enfermedad no era novedosa, de hecho, se conocía su existencia desde hacía siglos.

piernas inquietas

Fue un médico inglés, el Dr. Thomas Willis quien, en el siglo XVII, describió los primeros casos. Ya en el siglo XIX, el cuadro clínico fue definido como “anxietas tibiarum” y se destacó su frecuente asociación a los síndromes ansioso-depresivos. En el siglo XX pasó a denominarse “restless legs” y es este el nombre con el que se conoce el síndrome en la literatura médica mundial. Finalmente, otro autor, Ekbom, observó que era un cuadro que se asociaba a la ferropenia (déficit de hierro en sangre), hecho que le valió un reconocimiento al incluirse su nombre en el síndrome (también llamado “Síndrome de Willis-Ekbom”).

Cómo se define el síndrome de piernas inquietas

El síndrome de piernas inquietas se define como un cuadro sensitivo y motor, siendo el primero el que más frecuentemente desencadena la consulta médica.

Los pacientes describen una especie de malestar o sensación desagradable en las piernas que no les resulta, frecuentemente, fácil de describir. Dolor, inquietud, desasosiego, tirantez, nerviosismo, hormigueo, cosquilleo… son algunos de los ejemplos. Y estos les impiden mantenerse en reposo. La necesidad imperiosa de mover las piernas es análoga a una compulsión, y se puede controlar momentáneamente, pero acaba convirtiéndose en una urgencia hacerlo. Al poco rato vuelven a aparecer los síntomas.

La visita al endocrino se realiza en el momento en el que vemos un cambio significativo en nuestro metabolismo, ya sea un cambio brusco en nuestro peso sin cambios aparentes en nuestra alimentación, cambios en nuestro pelo o piel, alteraciones de nuestra regla o en pacientes con diabetes.

Saber más >

Frecuencia del síndrome de piernas inquietas

Se trataría de una patología bastante frecuente en la población general, con unas prevalencias en la misma situadas entre el 1% y el 5% de las personas.  Puede presentarse en cualquier rango de edad, aunque es más frecuente a edades avanzadas de la vida. Realizando comparaciones entre distintas etnias, parece ser que es la caucásica la que presenta mayor frecuencia de casos.

Causas

La afección puede ser idiopática (causa no definida) o secundaria a otras afecciones:

  • Idiopática (más frecuente): un elevado tanto por ciento de pacientes de este grupo presentan antecedentes familiares de padecimiento de la enfermedad, así como frecuente coincidencia entre gemelos monocigóticos, lo que refuerza el hecho de que exista una base genética que predisponga a la enfermedad. Hasta el momento actual, se han identificado diversas localizaciones genéticas donde podría hallarse el origen, demostrándose la existencia de variaciones en hasta cuatro genes que podrían aumentar el riesgo de padecer el síndrome. Es, por tanto, una enfermedad denominada poligénica (se ven involucrados varios genes en su aparición).
  • Secundaria: en estos casos el síndrome de piernas inquietas estaría relacionado con un proceso causal que englobaría dos grupos:
    • Por un lado, todas aquellas afecciones que provocan una alteración del metabolismo del hierro (por ejemplo, situaciones de insuficiencia renal crónica, embarazo, etc.) o defecto dopaminérgico (de la dopamina).
    • Enfermedades que cursan con dolor en las extremidades inferiores como sería el caso de las mielopatías (enfermedades de la médula ósea), la esclerosis múltiple o las polineuropatías (especialmente la diabética), la fibromialgia o las artritis, entre otros ejemplos.

Signos y síntomas del síndrome de piernas inquietas

Muchos pacientes con síndrome de piernas inquietas presentarán síntomas tan leves que ni siquiera propiciarán la consulta al médico.

Generalmente se afectan las dos piernas, en ocasiones en localizaciones asimétricas y, en mucha menor proporción, los brazos, el tronco o la cara.

Se asociarán frecuentes despertares y, consecuentemente, pérdida de la calidad del sueño, causando, secundariamente, cefaleas (dolor de cabeza), disminución de la libido, depresión, ansiedad, etc.

GUÍA GRATUITA: Consejos para dormir mejor

Diagnóstico

Para llegar al diagnóstico de síndrome de piernas inquietas es necesaria la presencia de los cuatro criterios diagnósticos siguientes simultáneamente:

  • Existencia de una necesidad irrefrenable de movilizar las extremidades inferiores tras sentir síntomas desagradables en las mismas.
  • Esta situación aparece más frecuentemente cuando el paciente se halla inmóvil, sentado o tumbado.
  • Los síntomas desagradables mejoran al movilizar las extremidades, aunque muchas veces sólo momentáneamente.
  • Existencia de un ritmo circadiano de predominio de síntomas en el atardecer o en la noche.
  • Algunas pruebas complementarias que apoyarían el diagnóstico serían la polisomonografía, los tests farmacológicos, etc.

Tratamiento del síndrome de piernas inquietas

Es sintomático. Se basa en estrategias aisladas o combinadas que persiguen la reparación de los trastornos del metabolismo del hierro (administración de suplementos de hierro), corrección del desequilibrio dopaminérgico (administrando fármacos análogos a la dopamina) y, finalmente, el alivio del dolor.  En las formas secundarias, se basaría en el tratamiento y manejo de la enfermedad de base.

Otras terapias alternativas tales como la acupuntura, la medicina oriental o el abandono del tabaco, no gozan de suficiente evidencia científicamente demostrada.

Pronóstico

El síndrome presenta un curso variable y del todo impredecible. Puede ocurrir que sólo se padezca un episodio en la vida, que sea recurrente cursando brotes o dando lugar a un curso crónico y estable a lo largo de los años. Todas las opciones serían posibles. Del mismo modo, unos pacientes pueden presentar síntomas sólo de forma ocasional y otros todos los días de la semana.

Ponte en forma desde casa

Comentarios


También te puede gustar...

Miniatura
Por qué debemos hacer sentadillas
claves para educar a los hijos
Cómo educar a los hijos
acudir al endocrino
¿Cuándo acudir al endocrino?