Niveles de glucosa

La glucosa es fundamental para vivir. Conoce el método para medirla y cuáles son sus niveles óptimos sin complicaciones de salud.

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La glucosa es una molécula básica para nuestro organismo. Se trata de un hidrato de carbono que obtenemos de la alimentación (azúcares, cereales, legumbres, féculas, frutas, hortalizas, leche) y que es la principal fuente de energía de nuestro organismo. Los niveles de glucosa se deben mantener en valores normales:

  1. ¿Qué es la glucosa?
  2. Niveles de glucosa en sangre
  3. ¿Qué es la diabetes?
  4. Niveles altos de glucosa
  5. Bajada de glucosa

¿Qué es la glucosa?

Cuando comemos, los ácidos del estómago y las secreciones intestinales procesan los alimentos y los degradan en unidades básicas (proteínas, hidratos de carbono, grasas, vitaminas, oligoelementos) para poder absorberlos y que pasen a la sangre, desde donde se distribuyen a los diferentes tejidos.

La glucosa se almacena sobre todo en el hígado, en forma de glucógeno, y en el músculo, y parte de ella se transforma asimismo en grasas. De todos modos, no toda la glucosa se absorbe. Siempre hay una cantidad circulando en la sangre porque la glucosa se utiliza en todos los órganos como fuente de energía. El organismo se encarga de regular que siempre haya unos niveles de glucosa en sangre de entre 70 y 110 mg/dl, lo que se considera el intervalo de normalidad.

Niveles de glucosa en sangre

Para lograr mantener esos niveles en sangre, el organismo emplea básicamente dos hormonas que produce el páncreas: la insulina, que se encarga de disminuir los niveles de glucosa en sangre haciendo que esta entre dentro de las células, y el glucagón, que ejerce la función contraria, aumenta los niveles de glucosa en sangre extrayéndola sobre todo de las reservas hepáticas.

Cuando ingerimos alimentos, hay un aumento de los niveles de glucosa en sangre. Ante esta subida se incrementa la producción de insulina para hacer frente a este aporte de glucosa y lograr restablecer los valores normales. Por el contrario, cuando, por ejemplo, realizamos una actividad física, todas las células requieren energía en forma de glucosa, de manera que la producción de insulina disminuye y aumenta la de glucagón, haciendo que haya más glucosa en el torrente sanguíneo a disponibilidad de los órganos (músculos, cerebro, corazón, pulmones) que lo necesiten.

Cuando los niveles de azúcar se ven alterados por exceso o por defecto de manera continuada (si las alteraciones son puntuales el cuerpo se encarga de regular estas variaciones), se pueden producir problemas graves, siendo el fundamental la diabetes.

¿Qué es la diabetes?

La diabetes es una alteración metabólica de múltiples etiologías que se caracteriza por unos niveles de glucosa elevados de manera crónica y un trastorno del metabolismo de los hidratos de carbono, las proteínas y las grasas, por defecto de la producción de insulina, de su acción o de ambas.

Se deben diferenciar dos grandes tipos de diabetes:

  • Diabetes tipo I: Es una enfermedad autoinmune en la cual el organismo ataca las células beta del páncreas, que son las que producen insulina, de manera que al no haber insulina la glucosa no se absorbe, no llega a las células y causa daño a los vasos sanguíneos por su acumulación en la sangre. Se diagnostica generalmente durante la infancia y requiere del aporte de insulina externa para poder vivir. En Europa, su incidencia va en aumento a un ritmo del 2-5% anual.
  • Diabetes tipo II: Se produce una resistencia a la insulina. De esta manera, el páncreas segrega más de manera continuada hasta que las células beta se van deteriorando y la producción disminuye. La consecuencia es que el hígado excreta glucosa a la sangre, con lo que los niveles se mantienen elevados.

La diabetes tipo II es la más habitual. El 90% de los casos de pacientes con diabetes son de tipo II y se suelen diagnosticar en edades adultas. Para el diagnóstico de diabetes se necesita:

  • Glicemia en cualquier momento superior a 200 mg/dl con síntomas (aumento de la sed, de la orina diaria y pérdida de peso).
  • Glicemia en ayunas de 8 horas superior a 126 mg/dl.
  • Glicemia superior a 200 mg/dl 2 horas después de una sobrecarga de glucosa de 75 g.
  • Hemoglobina glicosilada (HbA1c) superior a 6,5%.

Cuando los niveles de glicemia de una persona se encuentran elevados al realizar estas pruebas, pero sin llegar a niveles diagnósticos de diabetes podemos hablar de un estado de prediabetes (glicemia basal alterada o intolerancia a la glucosa) que debe ser seguido de cerca por el médico. Las modificaciones del estilo de vida (dieta, ejercicio, control del peso) reducen el riesgo y la proporción de pacientes que evolucionan hacia una diabetes establecida.

Niveles altos de glucosa

Los niveles altos de glucosa en sangre son un reconocido factor de riesgo cardiovascular. La glucosa excesiva daña la capa más interna de los vasos sanguíneos, lo que favorece la arterioesclerosis, un endurecimiento de los vasos, hecho que dificulta el paso de la sangre y que, por lo tanto, aumenta el riesgo de que se produzca una oclusión arterial.

Cuando un paciente tiene una elevación mantenida de los niveles de glucosa se suele producir un aumento del apetito, de la sed, de la orina y una pérdida de peso sin explicación. Asimismo, cuando una persona diabética sufre un aumento brusco de los niveles de glucosa en sangre aparecen síntomas como dolor abdominal, náuseas, vómitos, malestar general, mareos, dolor de cabeza, boca seca, debilidad y fatiga.

Bajada de glucosa

Por el contrario, cuando se sufre una bajada de glucosa, se sea o no diabético, como tras realizar una actividad física excesiva sin el adecuado aporte previo de nutrientes, se puede dar irritabilidad, ansiedad, palpitaciones, palidez, temblor, sudoración, salivación, sensación de hambre, hormigueo en las manos y, en casos más graves, síntomas neurológicos, como dolor de cabeza, lentitud en el habla, visión borrosa o doble, somnolencia, confusión, convulsiones, obnubilación o incluso coma, lo cual es una emergencia vital.

Una vez se ha realizado el diagnóstico de diabetes y en función del estado de salud del paciente debido a otras enfermedades, el tratamiento inicial siempre debe ir dirigido a modificar los hábitos de salud con respecto a la dieta y la actividad física. En la dieta debe haber un aporte de calorías adecuado a la edad, el sexo, la actividad física y el peso del paciente. Se debe priorizar la ingesta de hidratos de carbono ricos en fibra, para lo que la dieta mediterránea es ideal. Esta dieta es rica en frutas, verduras, hortalizas, legumbres, frutos secos, cereales, aceite de oliva virgen, lácteos desnatados y pescado (sobre todo el azul).

La actividad física debe ser moderada y ajustada a la edad, con un predominio del ejercicio aeróbico como mínimo dos horas y media cada semana durante al menos tres días a la semana.

Si con estas medidas no es suficiente para lograr los objetivos de control de la glicemia existen por suerte hoy en día muchos fármacos que bien aislados, bien en combinación, ayudan a contralar los niveles de glucosa en sangre. Estos fármacos pueden, según su mecanismo de acción, aumentar la producción de insulina pancreática, disminuir la resistencia a la insulina, inhibir la formación hepática de glucosa, reducir la absorción de los hidratos de carbono o aumentar la captación de glucosa a nivel muscular. Cuando todos estos mecanismos son insuficientes es cuando el paciente precisará del aporte de insulina externa.

Un control de los niveles de glicemia se deben realizar cada tres años en los mayores de 45 años y anualmente si existen factores de riesgo como antecedentes familiares, antecedentes de diabetes durante el embarazo, sedentarismo, enfermedad cardiovascular, hipertensión, dislipemia o sobrepeso. En caso de ser diagnosticado de diabetes es muy importante ser consciente de la gravedad de la enfermedad y de la necesidad de la implicación personal y del entorno del paciente para poder adecuar la vida y los hábitos a la nueva situación, siempre bajo la supervisión de un médico.

Dr. David Camadas Bustos – Especialista en Medicina General - Médico consultor de Advance Medical

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