Melanoma, ¿qué es y cómo prevenirlo?

En épocas del año en la que la exposición al sol es contínua, debemos tomar mayores precauciones para evitar la aparición de un melanoma.

El melanoma es un tumor maligno que deriva de las células que confieren el color a la piel: los melanocitos. Es un cáncer potencialmente grave si no se diagnostica y trata en fases iniciales, por lo que es importantísimo el diagnóstico precoz. La incidencia del melanoma ha aumentado enormemente en los últimos 50 años, en paralelo a la exposición al sol y al hábito del bronceado, en especial en los países con una elevada radiación solar y una población con piel clara.

¿Cómo se produce?

Los mecanismos de producción del cáncer son complejos, e incluyen muchos factores, tanto genéticos como ambientales. Se ha descubierto que la causa principal del melanoma es la exposición incontrolada al sol en las pieles muy claras. La exposición solar que implica mayor riesgo la constituyen las quemaduras o exposiciones solares intensas y puntuales durante los primeros años de vida, es decir, la exposición solar recreacional o vacacional. La exposición indiscriminada a los rayos UVA de las cabinas de bronceado también debe considerarse un factor de riesgo. Es un cáncer que puede afectar a gente joven, y es crítico diagnosticarlo pronto, antes de que se haya extendido, ya que provoca una alta mortalidad.

¿Se puede prevenir?

La mejor prevención es la fotoprotección solar. Las campañas dirigidas a la población general alertan sobre la exposición indiscriminada al sol, en especial en personas de piel clara, con muchas pecas, o con historia familiar de melanoma. Debe evitarse tomar el sol en las horas centrales del día, y deben emplearse cremas o lociones fotoprotectoras correctamente. La fotoprotección es especialmente importante en la infancia. La eficacia de los protectores solares, incluso los de factor de protección alto, es limitada, así que también se debería emplear la protección física con sombreros de ala ancha, gorras o camisetas de tejidos adecuados que no dejen pasar la luz. Esto es especialmente importante en la época estival, en las horas de mayor insolación, en lugares como la playa donde el reflejo de la luz en el mar y la arena aumenta la irradiación, y a grandes alturas (alta montaña) donde el filtrado de la luz por la atmósfera es menor. Asimismo, todo el mundo debería aprender a autoexplorarse la piel en busca de pecas nuevas, distintas a las otras, y que cumplan la regla ABCD de asimetría, bordes irregulares, colores diferentes y diámetro de más de 6 mm. Atención sobre zona que no solemos explorar como la planta del pie. Ante la mínima sospecha de un melanoma, el paciente debe ser visitado por un dermatólogo.

¿El melanoma da síntomas?

El melanoma puede pasar totalmente desapercibido para el paciente ya que se desarrolla sobre una peca y no causa ninguna molestia. En la mayoría de los casos, comienza como una peca o nevus, pero que suele mostrar características diferentes a las pecas que tienen todas las personas. Es una peca con forma poco simétrica, no redonda y regular, con bordes irregulares o poco definidos, con varios colores en su interior (en especial si uno de ellos es muy negro), y en general suele alcanzar rápidamente un tamaño mayor que las otras pecas (más de 6 mm – el tamaño de la goma de borrar de un lápiz). El melanoma puede aparecer sobre la piel normal, o surgir a partir de una peca o nevus preexistente. Por ello, en personas de riesgo es tan importante controlar las pecas sospechosas como explorar regularmente toda la piel.

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¿Cómo se diagnostica?

En el diagnóstico de melanoma se realiza por sospecha clínica tras la exploración de la piel y la detección de una peca “sospechosa” con las características descritas. Para su confirmación es necesaria una biopsia, es decir, tomar una muestra de la lesión que se examina al microscopio. La biopsia cutánea confirma el diagnóstico de melanoma y además valora diversos parámetros importantes para el pronóstico y la evolución. El más importante es el grosor del melanoma, es decir, la profundidad a la que llegan los melanocitos malignos en la dermis. Si este grosor o profundidad (que se conoce como nivel de Breslow) supera 1 mm, el melanoma tiene un riesgo más elevado de haberse extendido a localizaciones distantes (metástasis). Si el melanoma cumple ciertos criterios y se considera con riesgo de metástasis, se debe realizar un estadiaje mediante la técnica del ganglio centinela. En este procedimiento, se inyecta un trazador que identifica el primer ganglio linfático al que drena la zona donde está situado el melanoma. Se extirpa y analiza este ganglio, y se busca si hay metástasis en el mismo, es decir, si las células del melanoma lo han invadido. El resultado de esta prueba dirige e indica el tratamiento posterior.

¿De qué depende que un melanoma se extienda por el cuerpo dando metástasis?

Aunque el comportamiento del melanoma es muy impredecible, en general distinguimos los melanomas “finos”, que no llegan a invadir en profundidad la dermis, de los “gruesos”, que descienden en profundidad a la dermis. Los primeros suelen tener buen pronóstico, y solamente extirpándolos con un margen de seguridad adecuado el paciente está curado. En cambio, los segundos pueden haber diseminado sus células a los ganglios linfáticos, a la sangre o a otros órganos en el momento de ser operados, con lo cual el paciente ya tiene una enfermedad a distancia que hay que detectar y tratar. En la actualidad, se considera que un melanoma es grueso y tiene peor pronóstico cuando la invasión de la dermis (el llamado “índice de Breslow”) es de más de 0,75 mm. No se puede saber la profundidad de un melanoma hasta que no es extirpado y analizado al microscopio.

Si el melanoma se extiende, ¿hacia dónde lo hace?

Se considera que el melanoma es un tipo de cáncer que puede extenderse tanto a través del sistema linfático como por la sangre, o por la piel próxima, por lo que puede dar metástasis en la misma piel, en los ganglios y en otros órganos, como el cerebro o el pulmón.

¿Cómo se trata?

El tratamiento inicial es siempre la cirugía del melanoma, es decir, su extirpación. Los márgenes de extirpación del melanoma, es decir, el área de piel sana que se extirpa alrededor del mismo, deben ser adecuados al grosor o nivel de Breslow que se objetiva con el análisis de la biopsia. Esto supone que, en muchos casos, al conocer mediante la primera biopsia el nivel de Breslow, ser necesaria una segunda intervención para ampliar los márgenes. En cuanto al tratamiento posterior, en muchos melanomas de bajo grosor (Breslow menor de 1 mm) no debe realizarse quimioterapia ni radioterapia. En los melanomas de alto riesgo de metástasis (melanomas gruesos y biopsia del ganglio centinela positiva) la conducta es variable en función de cada paciente.

¿Cómo se trata el melanoma de alto riesgo o cuando ya se ha diseminado?

En estadios más avanzados, es muy probable que el melanoma se haya extendido ya a los ganglios o a otros órganos. Por otro lado, es un tumor habitualmente poco sensible a la radioterapia y quimioterapia convencionales. El manejo clásico con quimioterapia o radioterapia se basa en destruir al máximo las células cancerosas evitando producir grandes daños colaterales en el resto de las células del organismo. La eficacia de la quimioterapia y de los tratamientos inmunomoduladores (vacunas) empleados hasta la fecha ha sido muy limitada. El único medicamento aprobado para el tratamiento del melanoma de alto riesgo es el interferón. Los nuevos tratamientos tienen en cuenta el perfil genético y molecular de las células cancerosas en cada paciente, por lo que están dirigidos de forma mucho más exacta contra ellas. Para seleccionar un tratamiento, primero se deben hacer estudios genéticos y moleculares complejos que dibujan un perfil o “carnet de identidad” del cáncer en cada paciente. Por ello, hablamos de tratamiento “hecho a medida” o “personalizado” para cada caso. Estos medicamentos, así como otros nuevos, pueden administrarse a los pacientes, en general, dentro de ensayos clínicos. No todos ellos se administran ya de forma rutinaria.

Dr. Jorge Romaní – Especialista en Dermatología – Médico colaborador de Advance Medical

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