Hipo: ¿Por qué se produce y cómo se soluciona?

Tener hipo es una situación muy molesta. Conoce las causas que te pueden llevar a esta situación y cómo tratarlo de forma efectiva.

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El hipo consiste en una serie de contracciones espasmódicas de la musculatura que empleamos para inspirar que se dan de manera involuntaria y súbita. El principal músculo implicado en el hipo es el diafragma, que sube y baja para permitir el llenado y vaciado de los pulmones en cada inspiración y espiración. Cuando se produce el hipo, el diafragma se contrae bruscamente a la vez que se produce un cierre de la glotis, una parte de la laringe, lo que hace que el aire se propulse produciendo el peculiar sonido que caracteriza al hipo.

  1. Causas del hipo
  2. ¿Cómo actuar?
  3. Remedios "caseros" para combatirlo

En la mayoría de los casos, suele ser benigno y autolimitarse en el tiempo sin necesidad de hacer nada. Sin embargo, si se prolonga durante días, puede provocar insomnio, pérdida de peso, estrés emocional, apertura de heridas que estén cicatrizando o incluso alteraciones del ritmo cardíaco.

Hablamos de hipo persistente cuando este se mantiene ininterrumpido durante más de 48 horas, mientras que definimos como hipo intratable aquel que se prolonga de manera más o menos continua a lo largo de más de un mes.

Causas del hipo

Puede tener diferentes causas, entre las cuales destacan:

  • Trastornos gastrointestinales: reflujo gastroesofágico, hernia de hiato, dilatación del estómago, distensión abdominal por comidas copiosas o con mucho gas, pancreatitis, esofagitis, úlcera gástrica, cáncer de esófago o cirugía abdominal.
  • Trastornos neurológicos: infecciones cerebrales, meningitis, ictus, malformaciones venosas cerebrales, afectación del nervio frénico (el nervio que permite la movilidad del diafragma) por laringitis, otitis, rinitis, faringitis o cuerpos extraños en el conducto auditivo externo, traumatismos craneales, tumores cerebrales, Parkinson.
  • Trastornos torácicos: neumonía, tuberculosis, infarto de miocardio, pericarditis, afectaciones pleurales, cirugía torácica, esofagitis, bocio.
  • Trastornos metabólicos: diabetes y diversas enfermedades renales que alteran los niveles de ciertos iones en sangre, como el calcio, el potasio o el sodio.
  • Trastornos tóxicos: enolismo, tabaquismo, corticoides, benzodiacepinas.
  • Trastornos psicógenos: puede descartarse la causa psiquiátrica si el hipo se mantiene durante el sueño.

¿Cómo actuar?

La mayoría de las veces el hipo cede por sí solo, pero si persiste se debe acudir al médico para poder discernir alguna posible causa. Mediante el interrogatorio y la exploración se obtiene mucha información y no siempre resulta necesario realizar pruebas complementarias, que variarán en función de la causa que se sospeche.

Si se cree que la causa es digestiva o torácica podría ser preciso realizar una ecografía abdominal, una endoscopia, una tomografía axial computarizada (TAC) toracoabdominal, una medición durante 24 horas del pH gástrico (pHmetría) o una valoración de las presiones de apertura y cierre de las válvulas gástricas y esofágicas (manometría).

En caso de orientar la causa del hipo como neurológica es probable que se tenga que realizar una resonancia cerebral o bien un TAC.

De cara a tratar el hipo persistente se debe intentar filiar la causa que lo provoca y pautar el tratamiento adecuado para solventarla. Sin embargo, si se desconoce la causa, se pueden llevar a cabo maniobras no farmacológicas para intentar frenarlo.

Remedios “caseros” para combatirlo

La sabiduría popular recoge cientos de remedios para subsanar el incómodo hipo, basándose algunos de ellos en principios fisiológicos:

  • Aguantar la respiración o bien respirar en una bolsa: el aumento de la concentración de CO2 en la sangre inhibe el hipo.
  • Estimulación del nervio vago: se logra bebiendo agua repetidamente, haciendo gárgaras, tragando pan seco o hielo picado, tirando de la lengua o frotando la campanilla.
  • Presionar con cuidado los ojos o bien detrás de la unión entre las clavículas y el esternón se puede estimular el nervio frénico y lograr que ceda el hipo.

En caso de que estas medidas no funcionen y el hipo persista, se pueden probar algunos tratamientos farmacológicos, siendo los más habituales la clorpromazina y el baclofeno, así como otros (metoclorpramida, ácido valproico, haloperidol, amitriptilina, fenobarbital, clonazepam o carbamazepina). Lo habitual es administrar baclofeno junto con un fármaco para la causa más frecuente, el reflujo gastroesofágico, como puede ser el omeprazol o la ranitidina.

En caso de hipo intratable se puede recurrir a intervenciones quirúrgicas o bloqueos anestésicos para inhibirlo.

El hipo es una patología que en la mayoría de casos cede por sí misma, pero en caso de persistir más de 48 horas es aconsejable acudir al médico para que lo valore.

Dr. David Cañadas Bustos – Especialista en Medicina General - Médico consultor de Advance Medical