Aversión sexual, el miedo al sexo

Quienes sienten asco y repulsión ante cualquier tipo de contacto sexual, o ante la simple idea de mantener relaciones sexuales sufren lo que se ha denominado como trastorno por aversión sexual.

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Quienes sufren aversión sexual, experimentan altos niveles de ansiedad y estados de pánico ante la sola consideración de un acto sexual, y desarrollan un miedo muy intenso que les lleva a evitar los contactos sexuales, sobre todo si son genitales y, en los casos más graves, a no relacionarse con ninguna persona susceptible de convertirse en potencial pareja sexual, o incluso a romper relaciones que han empezado bien, cuando éstas están dando indicios de avanzar hacia la intimidad. Supone un problema importante para quien lo sufre, porque a pesar de querer tener relaciones sentimentales duraderas, sus limitaciones sexuales se lo impiden.

Tipos de aversión sexual según su momento de aparición

  • Aversión sexual primaria: el rechazo sexual se ha tenido siempre y la causa suele ser un trauma sexual en la infancia o adolescencia, como abusos sexuales, violaciones, etc. Pero también es posible que haya habido una educación sexual deficiente, rígida o restrictiva, como en el caso de las personas educadas en ambientes muy religiosos, en los que se transmite una idea del sexo como algo nocivo, dañino, pecaminoso e indecente, que les puede llevar a desarrollar una aversión al sexo.
  • Aversión sexual secundaria: el rechazo sexual viene a raíz de una vivencia sexual desagradable, brusca o traumática, como puede ser un abuso sexual o una violación, pero en este caso, la persona ha experimentado sin problemas su sexualidad hasta ese momento. También es posible que a raíz de presiones de la pareja por realizar determinadas prácticas sexuales, la persona acabe desarrollando una aversión al sexo. O que una dispareunia, es decir, un coito doloroso, termine por generar un temor a practicar el sexo. 

En ambos casos, se produce un proceso de condicionamiento basado en la asociación del estímulo aversivo (el sexo) con la respuesta de evitación, acompañada de síntomas fisiológicos y emocionales que provocan un intenso malestar físico, psicológico y emocional.

Síntomas psicofisiológicos frecuentes

  • Aumento de la frecuencia cardíaca.
  • Sudoración.
  • Nauseas y/o vómitos.
  • Vértigos o sensación de mareo.
  • Tensión muscular.
  • Sensación de asfixia o falta de aire.

Síntomas cognitivos

  • Terror al placer sexual.
  • Obsesión y extrema vigilancia respecto a los asuntos sexuales.
  • Preocupación por la actividad sexual de los demás.
  • Dudas obsesivas sobre la propia educación sexual.
  • Temor excesivo y preocupación por las enfermedades de transmisión sexual.
  • Miedo obsesivo por las intenciones de los demás.
  • Vergüenza de las propias experiencias sexuales, por su cuerpo y sus atributos. 

Síntomas conductuales

  • Abandono de la higiene corporal para evitar situaciones o personas con las que exista un riego de iniciar algún tipo de contacto sexual.
  • Excesiva implicación en otras actividades que le permitan tener una excusa para no buscar un espacio para un posible contacto sexual o relación sentimental.

Tratamiento

En la gran mayoría de los casos, la causa es psicológica, por lo que acudir a un especialista será fundamental para establecer un diagnóstico y localizar el detonante de la aversión sexual: 

  • Psicoterapia individual: el psicólogo buscará y trabajará en la base del problema, utilizando las técnicas más adecuadas según el caso; y se centrará en hacer frente a los síntomas invalidantes y que mayor malestar generen en la persona.
  • Psicoterapia de pareja: se realizará en el caso de que el trastorno se refiera a un cónyuge, o si se requieren sesiones de pareja para que también pueda ayudar en el problema mediante unas pautas de actuación.
  • Tratamiento farmacológico: si los ataques de pánico son tan graves que generen una angustia adicional.

En líneas generales, el tratamiento de la aversión sexual persigue:

  • Reducir la ansiedad ante el pensamiento de tener contacto sexual.
  • Conseguir que la persona llegue a disfrutar de las relaciones sexuales.
  • Mejorar la vida en pareja de la persona que sufre aversión.

  

Mireia Galán – Especialista en Psicología Clínica y Psicoterapeuta familiar y de pareja – Psicóloga consultora de Advance Medical