Sangrado nasal, ¿qué hacer?

Algo que es completamente normal durante la infancia, pero que es signo de alarma para todos los padres, es el sangrado nasal. ¿Sabrías actuar ante ella?

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El sangrado nasal o epistaxis puede ser recurrente, molesto y muy alarmante para padres y niños, pero, afortunadamente, suele ser un proceso banal y autolimitado.

¿Es muy frecuente?

La epistaxis (término griego “que fluye gota a gota”) es un problema de salud frecuente. Un porcentaje elevado de niños han padecido, por lo menos, un episodio de epistaxis a lo largo de su vida. Suelen ser más frecuentes en los períodos más secos del año, en el contexto de infecciones respiratorias, en las estaciones que priman los cuadros de rinitis alérgicas y con cambios bruscos de temperatura y/o humedad ambiental.

¿Por qué puede producirse?

Puede ser de dos tipos:

  • Causas locales (más frecuentes en los casos infantiles): factores que afectan a la zona septal de la nariz (tabique nasal), donde se encuentra una maraña de vasos sanguíneos denominada área o plexo de Kiesselbach. Ejemplos de factores que pueden provocar una alteración nasal serían los cambios bruscos de temperatura y/o humedad ambiental, la existencia de sequedad nasal, las infecciones y/o costras en la zona de entrada de la nariz, la congestión mucosa o rinitis en los resfriados/alergias, la presión ejercida al sonarse la mucosidad con el pañuelo, la existencia de cuerpos extraños nasales, los traumatismos como el rascado por picor nasal con las uñas afiladas…).
  • Causas sistémicas: existencia, por ejemplo, de enfermedades corporales con alteración de los mecanismos de la coagulación sanguínea (por ejemplo, la enfermedad de Von Willebrand o déficit de factor VIII de la coagulación, plaquetopenias o déficit de recuento plaquetario…).

Cómo se diagnóstica

En la mayoría de los casos suele ser suficiente con una anamnesis (entrevista médica) seguida de una meticulosa exploración física.

  • La primera se llevará a cabo recabando aspectos acerca de la repetición y frecuencia de los episodios, la existencia simultánea de episodios de catarro de vías altas y/o rinitis alérgica, la existencia o no de sangrados en otros lugares del cuerpo, la ingesta de medicamentos, la existencia de antecedentes familiares de enfermedades hematológicas (discrasias sanguíneas), etc.
  • En la exploración física nasal se debe descartar la existencia de cuerpos extraños incrustados (pequeñas piezas de juguete, pequeños alimentos…), valorar si existe una rinitis seca o alguna masa o tumoración nasal, así como se debe intentar localizar el punto sangrante.
  • En algunos casos, será necesaria la práctica de más pruebas complementarias diagnósticas como, por ejemplo, análisis de sangre (en las que se solicitará un hemograma con recuento plaquetario, el TP, el TTPa, fibrinógeno…) o también una Rx de cavum nasal, entre otros ejemplos. 

Tratamiento

En la mayoría de los niños, la epistaxis se resuelve espontáneamente o tras la aplicación de pequeños primeros auxilios, que consisten en la colocación de un taponamiento (algodón) que puede estar impregnado de agua oxigenada (H2O2) junto a la compresión durante diez minutos del ala nasal sangrante (Método de Trotter). Estas medidas ya pueden ser aplicadas en el domicilio. Es preferible que el niño se mantenga sentado, solo o sobre un familiar según su edad, con la cabeza en posición vertical y, a ser posible, un poco avanzada/flexionada (para que las gotas de sangre, por simple efecto de la gravedad, salgan hacia fuera y no sean ingeridas). Si se tragan, al ser la sangre muy nauseabunda, se generará el consecuente vómito posterior, que característicamente es de color negro, provocado por la sangre digerida con el ácido gástrico y que asustará sobremanera y de forma innecesaria a los padres).

Ya en el hospital, si persiste el sangrado se puede cauterizar el vaso sanguíneo sangrante con una barrita de nitrato de plata, previa aplicación de anestesia tópica con lidocaína o proceder al taponamiento nasal, mediante el uso de materiales homeostásicos reabsorbibles (Surgicel ®, Gelitacel ®), expandibles (Merocel ® impregnado con vaselina o pomada antibiótica, que es el más usado) o mediante la técnica del neumotaponamiento.

Aquellos casos de difícil control y que pueden comprometer el estado general del niño, deberán ser valorados de forma preferente y urgente por un otorrinolaringólogo

Prevención

Irá dirigida a aumentar la humidificación de la mucosa nasal mediante lavados nasales con suero fisiológico o agua de mar varias veces al día, el uso de humidificadores en el hogar, etc.

Si se observa una mucosa seca se recomendarán pomadas intranasales vaselinadas con o sin vitamina A, o con ácido hialurónico, en cada fosa nasal, dos o tres veces al día, durante un periodo mínimo de uno a dos meses. Si se sospecha sobreinfección, se prescribirán pomadas antibióticas tópicas (Fucidine ®, Bactroban ®, Plasimine ®…).

Para finalizar, conviene destacar que se debe restringir el uso de corticoides tópicos nasales en los niños, por su potencial contribución a la aparición de epistaxis y, como alternativa, proceder a la prescripción de antihistamínicos por vía oral.

 

Dra. Gemma Cardona – Especialista en Pediatría – Médico consultor de Advance Medical

 

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