Piel atópica

Seguramente se trata de un término demasiado escuchado, y es probable que se exagere el diagnóstico de “piel atópica”. En rigor, la condición atópica traduce una forma de ser de la piel que la hace más sensible, más propensa a la sequedad, el picor y el eccema.

piel atopica

En su forma completa, la dermatitis o la piel atópica se asocia con enfermedades de naturaleza alérgica, como la rinitis primaveral, la conjuntivitis alérgica, el asma o las alergias alimentarias, aunque a muchos niños se les etiqueta de atópicos sin que exista un fondo alérgico probado.  

¿Es lo mismo la dermatitis o piel atópica en el niño y en el adulto?

Se sabe que son dos situaciones muy diferentes. En los niños, la dermatitis atópica aparece muchas veces en el primer año de vida, y va mejorando con la infancia y la adolescencia. En cambio, existe una forma denominada dermatitis atópica del adulto que puede comenzar más tarde y no mejorar con la edad. En general, es más grave, se asocia más frecuentemente con asma de difícil control, y necesita medicación para el control del picor y para conseguir un sueño reparador. Puede ser una enfermedad muy invalidante. 

Entonces, ¿la piel atópica es alergia?

La condición de piel atópica se asocia, como hemos dicho, con patologías alérgicas, pero en sí misma no es una alergia a nada en concreto, y las pruebas de alergia no siempre identifican causantes cuya evitación mejore las manifestaciones clínicas. Las personas con dermatitis atópica suelen tener elevada la IgE, una inmunoglobulina o anticuerpo que traduce problemas alérgicos, pero se trata de un parámetro poco específico. No hay que obsesionarse con realizar pruebas alérgicas a medicamentos, alimentos u otros posibles desencadenantes sin el criterio de un alergólogo o un dermatólogo, porque pueden no tener ninguna utilidad. Por ejemplo, un atópico puede ser alérgico al polvo o al polen, pero evitarlos mejorará su asma y su rinitis, pero no siempre el eccema y el picor de su piel. En muchas personas con piel atópica, los desencadenantes tienen más que ver con cambios de temperatura, de sequedad del ambiente o con el estrés, y no con alérgenos concretos. 

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¿Es una enfermedad del mundo desarrollado?

Efectivamente, muchos estudios epidemiológicos nos dicen que existe más atopia en las sociedades occidentales y en las ciudades que en los entornos rurales. La causa hay que buscarla en los hábitos de higiene (ducha o baño diario con jabón) y la manera en que los niños se exponen a los microorganismos del ambiente. Los niños correctamente vacunados, con higiene escrupulosa, y que son criados en casa con un menor contacto con la calle, los animales y la naturaleza, desarrollan un sistema inmunológico diferente al de los niños de las zonas rurales. No es bueno ni malo, sólo diferente. En los niños “urbanitas”, el comportamiento del sistema inmunológico ante su interacción con un exterior más “higiénico” causa más manifestaciones alérgicas y también más dermatitis atópica. La lactancia materna y la alimentación influyen también en gran manera sobre el desarrollo de la piel atópica. 

¿Qué debo hacer si mi hijo tiene piel atópica?

En primer lugar, dejarse aconsejar por un pediatra o un dermatólogo. En la mayoría de los casos, tener piel atópica es un trastorno leve. En los bebés, las medidas básicas consisten en no abusar del baño (incluso no bañar al niño cada día), hacerlo con agua tibia, utilizando “syndets” (jabones sin detergente), sin frotarlo, secarlo suavemente y aplicarle una leche o crema hidratante por todo el cuerpo cuando la piel está todavía mojada. 

Hay que tener claro que las cremas hidratantes lo que consiguen es retener en la piel el agua que se ha captado con el baño, no dejándola escapar. No hace falta utilizar las cremas más caras del mercado, pero ser constante y cuidadoso con la hidratación diaria. También conviene prestar atención al tipo de ropa del niño: los niños atópicos son “calurosos”, tienen tendencia a sudar y a tener prurito cuando pasan calor. Hay que vestirlos con capas que se pueden ir poniendo y quitando en función del sitio donde estén, mejor con ropa de algodón en contacto con la piel. En cuanto al ambiente, son niños que se encuentran mejor en ambientes húmedos. En el invierno, cuando el aire de las casas se reseca con la calefacción, puede ser conveniente usar humidificadores, que también ayudan cuando el niño tiene asma bronquial o mucosidades en las vías respiratorias. 

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¿Y qué tratamiento conviene realizar cuando hay picor y eccema?

En este caso, hablamos de dermatitis o eccema atópico. La hidratación puede no ser suficiente para mantener al niño asintomático. Hay que emplear cremas con corticoides o inmunomoduladores, tal y como indique el pediatra o dermatólogo. En casos más extensos y severos hay que emplear tratamientos en pastillas o en inyecciones, o tratamientos con rayos ultravioleta (fototerapia). A estos tratamientos se accede con una visita a un dermatólogo, mejor que a un pediatra o alergólogo. 


 

Árticulo de la Dr. Jorge Romaní

Especialista en Dermatología – Médico colaborador de Advance Medical

Dermatólogo del Centre Sanitari Can Mora. Lo encontrarás en el cuadro médico de DKV para pedir cita con este especialista en dermatología y venereología.

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