Nuestra cultura occidental entiende el “no hacer nada” como un error, como si la acción constante fuera el único estado en el que deberíamos estar siempre y esto, sin darnos cuenta, se lo inculcamos a nuestros hijos. Niños que tienen la agenda completamente saturada y que disponen de poco tiempo para aburrirse. Pero ¿es bueno que los pequeños no tengan espacio para el aburrimiento y poder pensar?

Deporte

Lucía Galán

Lucia Galan experto

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¿Por qué es necesario el aburrimiento?

Habilidades adquiridas durante el aburrimiento:

  • Creatividad y resolución de problemas: el aburrimiento es la antesala de la creatividad. Si los niños tienen periodos de aburrimiento en que no tienen nada que hacer que les satisfaga, se ven obligados a poner en marcha sus propios recursos para que esto no suceda. La creatividad necesita tiempo, y muchas de las grandes ideas han surgido en momento de relax.
  • Autonomía y tolerancia: el aburrimiento desarrolla la autonomía personal, el pensamiento propio y nos hace más tolerantes. Si un niño se aburre y nadie le dice qué hacer, él mismo acabará conectando con sus propios talentos para buscar actividades o acciones que puedan sacarlo del tedio, es decir, terminará dando con una forma de entretenerse.

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Por eso es tan importante que los niños no tengan todo su ocio programado, porque en la libertad del tiempo libre pueden aprender y desarrollar infinitas capacidades positivas para su crecimiento, que no pueden aprender de otra forma. Dicho en otras palabras, es esencial que los pequeños dispongan de ese espacio para detenerse y pensar, “¿y ahora qué hago?

¿Qué puedo hacer como padre?

Es importante enseñar a nuestros hijos a ver el aburrimiento no como un estado negativo, sino como una situación llena de posibilidades.

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  • No critiques la inactividad momentánea: no reproches nunca a tu hijo por no hacer nada, la mayoría de nosotros pasaremos nuestra vida adulta intentando aprender a no hacer nada.
  • No busques soluciones a su aburrimiento: no ofrezcas una lista de ideas, o intervengas organizando una actividad rápidamente cuando está aburrido. De ese modo, castrarás su propia capacidad para resolver problemas e impedirás que sean los autores de su propio tiempo.
  • Haz pequeños gestos: si realmente tu hijo necesita un “empujón” para salir del aburrimiento, haz un cambio menor, como abrir una ventana, reproducir música, o colocar un libro o un puzle encima de la mesa sin hacer ningún comentario.
  • No le distraigas: si tu hijo está inmerso en alguna actividad, no lo interrumpas, ni comentes nada. Esta interrupción le redirige a buscar constantemente la próxima entrada sensorial, la próxima distracción.
  • No sobrecargues su tiempo libre con planes: ir al parque, al cine, a una fiesta, un museo… ¡genial! Pero que sea esa la única actividad programa del día.
  • Sé un ejemplo: ¿cuánto tiempo hace que tu hijo no te ve disfrutando de leer un libro, o escuchar música? Disfruta de tu tiempo delante de él, serás un ejemplo a seguir.
  • Permite que pase tiempo solo: confirma que está seguro, y hazle saber que estás cerca si te necesita, pero a menudo es conveniente alejarse de ellos para que, en la privacidad de su juego, encuentren su ritmo y sus intereses.
  • Deja material a su alcance: es muy positivo que los niños tengan a su alcance medios y posibilidades de hacer cosas. Material de manualidades, juegos de construcción, o cosas que puedan potencias esa libertad y creatividad, para que no recurran siempre a la tele o a los videojuegos.

¿Conoces el Slow Parenting?

Es una filosofía de vida que cree que más deprisa no siempre es mejor. Que las personas y los niños necesitan menos actividades programadas y más tiempo en la naturaleza, menos entretenimiento y más paz interior. Este estilo de vida nos propone compartir momentos de calidad con nuestros hijos que no tienen por qué ser siempre actividades excitantes. Se trata de parar y sacar tiempo para observarles en momentos cotidianos, de desconectar las pantallas y de compartir tareas sencillas en familia.

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