Pues como se suele decir, los niños no vienen con un manual bajo el brazo. En este artículo queremos darte algunas claves para que no vayas tan perdido en la intensa, pero gratificante, tarea de cómo educar a los hijos.

  1. ¿Cuándo empiezo a educar a mi hijo?
  2. Claves para educar a los hijos
  3. Recuerda que a la hora de educar a los hijos…

¿Cuándo empiezo a educar a mi hijo?

La mejor prevención en educación es la intervención temprana. A partir de los seis meses, los niños, a pesar de no expresarse del todo bien mediante signos o el lenguaje, entienden muchas cosas, como, por ejemplo, empezar a diferenciar entre lo que sí se puede hacer y lo que no se puede hacer (“esto sí, esto no”). Tratar de educar a un chico de 15 años al que se le lleva consintiendo todo este tiempo resulta una tarea inútil o extremadamente dificultosa de conseguir sin la ayuda de un profesional. Por ello, la educación debe empezar desde la cuna.

Cuanto antes sepan tus hijos que hay normas, que los premios van asociados al cumplimiento de responsabilidades, y que todos tienen que colaborar, antes conseguirás tener hijos educados, responsables y con autonomía.

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Lucía Galán

Lucia Galan experto

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Claves para educar a los hijos

  • No le grites: conseguir que te haga caso no es cuestión de hablar alto, pues nadie quiere obedecer a alguien que no se muestra seguro y relajado. El poder de influir en el comportamiento de tu hijo tiene más que ver con lo que dices, y en las consecuencias que conllevará no hacerlo a la primera, que en el volumen elevado de tu voz.
  • No des órdenes contradictorias: si le dices a tu hijo que se duche, recoja su cuarto y que se siente a la mesa a cenar, sin indicarle el orden, posiblemente lo bloquees. En lugar de eso, indícale lo primero que tiene que hacer, y cuando haya finalizado, lo segundo. Si tu hijo tiene edad para memorizar varias órdenes, enuméraselas indicando cuál es tu prioridad. No esperes a que él la sepa, pues tiene las suyas propias.
  • No te contradigas con tu pareja: no os descalifiquéis, ridiculicéis, ni contradigáis delante de él. Los niños tienen que saber la filosofía y la escala de valores de la familia parten de los dos, pues de lo contrario chantajearán a uno y a otro para conseguir lo que quieren. Todo aquello en lo que tu pareja y tú no estéis de acuerdo habladlo en la intimidad, negociad y llegad a un acuerdo sobre cómo proceder conjuntamente delante del niño.
  • No repitas las cosas mil veces: las cosas importantes arguméntalas solo una vez. Tu hijo no necesita más razonamientos, simplemente busca ganar tiempo para no hacer lo que debe hacer. Dile, por ejemplo, “esto no es negociable, cuanto antes empieces, antes podrás hacer lo que más te gusta”. Si se trata de un aspecto menos vital, negocia lo que veas conveniente, pero las rutinas diarias de disciplina en el hogar no son negociables, si no, marcarás un precedente y siempre intentará conseguir regatear hacia su favor.
  • No anticipes todo en lo que puede fallar: Cuando corrijas o muestres enfado con tu hijo, no le ningunees, ridiculices o hagas juicios de valor, pues además de afectar a su autoestima, es posible que termine por comportarse conforme a las expectativas que se han puesto él. Es mejor decir: “no me gusta ver tu cuarto desordenado, por favor, guarda tus cosas”, que decirle: “eres un sucio, qué asco de habitación”. Si le transmites que no confías en él y que no esperas nada, puede que se cumpla. Este fenómeno se conoce como “profecía autocumplida”.
  • No intentes cambiarlo todo: si te pasas el día diciendo a tu hijo todo lo que hace mal, te cargarás su autoestima. Elige una conducta a modificar y céntrate en ella siguiendo las pautas de este artículo. Cuando lo consigas, sigue con otra.
  • Nunca levantes los castigos: es preferible aplazarlo, pero que sea efectivo y lo cumpla, que imponer uno muy duro fruto de la ira y luego deshacerlo, ya que te convertirás en una figura a la que se puede chantajear. Si estás muy enfadado, anuncia que el comportamiento merece un castigo y que más adelante le dirás cual es.
  • No tires la toalla: evita hacerle entender que has perdido la batalla con frases como “puedes conmigo, me desesperas” o amenazarle con hablar con su padre, madre u otra figura de referencia, pues demuestra que tu autoridad frente a la situación es nula.
  • Mejor que el castigo, el refuerzo: presta atención a lo que hace bien y díselo. Los niños quieren conseguir la atención de sus padres y si, mediante el mal comportamiento lo consiguen, seguirán por ese camino. Todo lo que se refuerza, se repite. Además, a los niños les gusta que sus padres estén orgullosos de ellos, pero para que lo sepa, debes decírselo, no puede adivinarlo él.
  • Amor, ante todo: procura impregnar de amor la acción educativa. Tu hijo debe saber que le quieres, que le ayudarás a superarse, que estarás a su lado y que tu amor es incondicional. No lo quieres por sacar buenas notas o porque se porte bien. Dile que le quieres por sí mismo.

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Recuerda que a la hora de educar a los hijos…

Los niños aprenden en su mayor parte por modelaje, es decir, copiando a sus figuras de referencia, que suelen ser sus padres. Si tratas de educar a tus hijos en una dirección, pero tú te comportas en otra, será inútil.