Antibiótico en pediatría, manual de uso

La mayoría de las infecciones padecidas por niños, principalmente en aquellos de corta edad , son de origen vírico y, por tanto, no sería adecuada la prescripción de antibióticos.

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Las infecciones víricas, en general, son benignas y autolimitadas. No obstante, existen otras enfermedades infecciosas que también afectan a los niños, de posible origen bacteriano (infecciones de orina, meningitis, amigdalitis, neumonías…), en las que es fundamental la administración de tratamiento antibiótico.

  1. Administración de antibiótico ¿cómo hacerlo?
  2. Antibiótico, siempre con prescripción médica
  3. Riesgos de la automedicación

La fiebre es uno de los principales motivos de consulta en los Servicios de Urgencias de Pediatría. Cabe destacar que es sólo un síntoma, no una enfermedad por sí misma, y no se trata, por norma, con antibióticos, sino con medicamentos antitérmicos, también llamados antipiréticos (paracetamol, ibuprofeno, metamizol). Sólo en el caso de que esa fiebre sea un síntoma provocado por una infección bacteriana, estará indicada la prescripción de medicación antibiótica.

Los medicamentos antimicrobianos pueden ser:

  • Antibióticos
    • Útiles para tratar las infecciones provocadas por bacterias (Escherichia coli, estreptococos, estafilococos…).
  • Antivíricos
    • Útiles para tratar las infecciones provocadas por virus (VIH, Virus de la hepatitis C, gripe…).
  • Antifúngicos
    • Útiles para el tratamiento de infecciones provocadas por hongos (cándida, tiñas…).
  • Antiprotozoarios/Antiparasitarios
    • Útiles para tratar infecciones causadas por protozoos (lambliasis, amebiasis…) y de tipo parasitario (piojos, sarna…), respectivamente.

Administración de antibiótico ¿Cómo hacerlo?

Existen diversas familias diferentes de antibióticos (betalactámicos, macrólidos, aminoglucósidos, quinolonas, tetraciclinas…), cada una de ellas con un distinto mecanismo de acción lesivo contra la bacteria y con unas características farmacológicas concretas, que van a influir en la forma de toma de la medicación como, por ejemplo, en los siguientes aspectos:

  • Vía de administración
    • Si es un medicamento que pueda administrarse por vía oral o intramuscular o intravenosa, rectal, tópica, inhalada…
  • Intervalos de administración
    • Si debe administrarse cada 8, 12 o 24 horas, p.ej.
  • Forma de administración:
    • Si, por ejemplo, debe ser administrado antes, durante o después de las comidas, si puede mezclarse su toma con determinados alimentos o bebidas…

Una de las primeras consideraciones que debe realizarse cuando se analiza la antibiótico-terapia en la edad pediátrica es la diferente constitución biológica del niño con respecto a la del adulto, que hace que la terapéutica antiinfecciosa sea distinta en función de la edad.

Concretamente, esas diferencias entre el niño y el adulto corresponden a una diferente composición de agua, grasa y proteínas del organismo, así como una diferente maduración de los sistemas de metabolización de los medicamentos, según la edad (el hígado y el riñón alcanzan su máximo poder de metabolización de sustancias hacia el primer-segundo año de vida). Además, se debe tener presente que en la infancia se suceden cambios progresivos en la función de algunos órganos (el tránsito intestinal del lactante y el niño pequeño es más rápido mientras que el proceso de vaciamiento gástrico es más lento). Todo lo descrito puede afectar potencialmente a los procesos de absorción-distribución-metabolización-excreción de los medicamentos en el organismo, entre ellos de los antibióticos.

Antibiótico, siempre con prescripción médica

Los antibióticos son medicaciones con necesaria prescripción médica, es decir, sólo deben tomarse cuando los prescribe el médico y, además, debe hacerse siguiendo las indicaciones precisas de administración indicadas por éste. Se desaconseja la modificación deliberada de la dosis prescrita (dar más o menos cantidad que la indicada por miedos infundados hacia los efectos del medicamento concreto), de su intervalo de administración (cada 8 horas; cada 12 horas) y/o del tiempo de duración de tratamiento (durante 5, 7, 10 o 14 días), ya que si se modifican estos aspectos indicados, se corre el riesgo de que no se obtenga el efecto deseado del antibiótico en cuestión. Llevando a cabo actos como el de suspender la administración del antibiótico a los pocos días de su inicio, por apreciarse ya una mejoría de la sintomatología, pueden provocarse recaídas en la enfermedad (por no haberse eliminado el total de bacterias causantes de la infección y el reducido número de bacterias todavía vivas podrían volver a multiplicarse provocándose con ello la reaparición de la sintomatología), y, lo que sería más grave, podría ponerse en riesgo serio la salud del paciente.

Riesgos de la automedicación de antibiótico

La automedicación de antibiótico tiene una serie de riesgos:

  • El riesgo de sobrepasar el autocuidado y caer en un tratamiento incontrolado, enmascarando o retardando diagnósticos.
  • Inducir la aparición de resistencias medicamentosas. En la actualidad, éste se puede considerar un problema de Salud Pública de primer orden en nuestro país.
  • Inducir la aparición de episodios de alergia evitables.
  • Promover la aparición de efectos secundarios indeseados y/o intoxicaciones medicamentosas.
  • En definitiva, todos los riesgos derivados del uso de una medicación de la que se desconocen sus características farmacológicas y efectos en profundidad, al administrarla sin haberse emitido un diagnóstico previo que la considere oportuna (riesgos de infra o sobredosificación).

Dra. Gemma Cardona - Especialista en Medicina de Familia - Médico consultor de Advance Medical


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