Sexo embarazada, ¿hay riesgos para el bebé?

La sexualidad es una faceta de nuestra vida que nos aporta salud, bienestar, placer, nos permite expresarnos y limar roces habituales de la convivencia con la pareja. Tener una vida sexual plena contribuye a tener una salud física y psicológica también plena.

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Asumir que se puede practicar sexo embarazada es muy importante, pues la sexualidad está presente a lo largo de toda la vida, aunque haya fases en que se manifieste de formas distintas. El embarazo y el puerperio son fases, con sus connotaciones especiales, que afectarán, algunas veces de forma positiva y otras de forma negativa. Conocerlas nos ayudará a comprenderlas y a saber gestionarlas.

Sexo embarazada, ¿riesgo para el bebé?

Algunas parejas pueden tener algún temor de dañar al bebé o poner en riesgo el embarazo con las relaciones sexuales. A menudo, desde que conocen la noticia las evitan hasta pasado el primer trimestre por miedo a provocar un aborto. Es un temor infundado: en embarazos normales, si no existe una patología o antecedente que las desaconseje, se pueden seguir manteniendo relaciones sexuales con normalidad sin provocar ningún daño. Es más, las mismas ventajas que he mencionado en las dos primeras líneas de este texto son plenamente vigentes durante el embarazo, incluso más importantes pues los cambios hormonales del mismo pueden provocar labilidad emocional. El orgasmo hará que segreguemos endorfinas, responsables de bienestar, y esas mismas endorfinas que corren por la sangre materna también pasarán al feto generándole el mismo confort.

Es distinto en situaciones concretas de embarazos de riesgo, sangrados, placentas de inserción baja o previas… casos en los que el obstetra puede contraindicar las relaciones. 

Cómo influye el embarazo en la sexualidad

Durante el embarazo se producen una serie de cambios en la anatomía y la fisiología de la mujer que tendrán influencia sobre su sexualidad:

  • El aumento de peso y de volumen abdominal cambia sustancialmente el aspecto de la mujer y la percepción que tiene de ella misma. Y dificulta sus movimientos y limita ciertas posiciones durante la relación sexual.
  • Se produce una mayor vascularización y congestión de la mucosa vaginal, lo que conlleva un aumento de la lubricación y de la sensibilidad. Esto suele ser positivo pues incrementa la capacidad sensitiva y facilita el orgasmo.
  • Las mamas también cambian, y aumenta su tamaño y firmeza. Igualmente, los pezones se muestran mucho más sensibles y pueden doler.

La influencia de todos estos cambios es distinta a lo largo de todo el embarazo y el postparto, por trimestres:

  • Durante el primer trimestre es cuando los cambios hormonales son más acusados y se presentan con mayor frecuencia síntomas como náuseas, vómitos, cansancio, somnolencia. Es la época de mayor incidencia de abortos espontáneos, lo que genera cierta ansiedad y todo ello condiciona a menudo la disminución del deseo sexual y por consiguiente de la actividad sexual.
  • Durante el segundo trimestre aumenta la sensación de bienestar y confianza. Suelen haber desaparecido las molestias típicas del primer trimestre por lo que el deseo sexual aumenta, la gestante todavía se siente ágil y cómoda, por lo que es la mejor franja de embarazo.
  • El tercer trimestre vuelve a haber un declive propiciado por la incomodidad física del volumen abdominal y por el miedo a perjudicar al bebé o a provocar el parto. Hay que buscar la postura que ofrezca comodidad y no presione el abdomen.
  • El puerperio es el periodo en el que la libido toca fondo, prácticamente desaparece. Las secuelas del parto (episiotomía o cicatriz de cesárea) hacen que las relaciones sexuales sean la última prioridad. A nivel logístico los horarios del recién nacido y las pocas horas de sueño lo complican aún más, y las mujeres que lactan añaden la presencia de prolactina, la hormona de la lactancia que suprime el ciclo menstrual y disminuye el deseo sexual priorizando la crianza del bebé a la posibilidad de un nuevo embarazo. Este efecto hormonal se mantendrá durante todos los meses de lactancia, disminuyendo progresivamente.

En resumen…

Los cambios físicos y hormonales tienen influencia distinta en cada mujer, algunas mujeres aumentan su actividad sexual mientras otras la disminuyen. Debemos, desde la propia mujer, su pareja y el personal sanitario que la atendemos favorecer en la medida de lo posible que la actividad sexual se mantenga durante el embarazo porque favorece el bienestar y la autoestima de la mujer y la elasticidad y flexibilidad de los órganos pélvicos. Y, muy importante, el coito no es perjudicial en un embarazo de curso normal.

 

Dra. Natalia Garcia Montaner – Especialista en Ginecología y Obstetricia – Médico colaborador de Advance Medical

 

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