Lactancia materna

Tras tener un hijo, se recomienda la lactancia natural, siempre que sea posible. El contenido de la leche materna es el idóneo para el crecimiento y evolución del recién nacido en sus primeros días o meses, por su composición en nutrientes y en otros compuestos importantes para el correcto desarrollo del bebé.

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Cuánto tiempo

Tanto el calostro (la primera leche que la madre segrega después del parto) como la leche posterior tienen la mejor composición para alimentar el inicio de una vida humana independiente (el contenido de la leche va cambiando a lo largo del período de lactancia, para adaptarse a las necesidades del bebé en cada momento). La recomendación general es que se intente mantener la lactancia hasta los seis meses de vida del bebé, en que ya se considera que su sistema digestivo ha madurado y ya tiene la capacidad de digerir con mayor facilidad otras proteínas, como las de la leche de vaca.

La leche materna, además de su composición alimenticia también puede proteger al bebé de algunas enfermedades, por el aporte de anticuerpos y algunas hormonas maternas. Así, los recién nacidos que son amamantados pueden padecer con menor frecuencia infecciones de oído o respiratorias, gastroenteritis, diarreas, dermatitis, asma u obesidad.

Cómo

La tendencia actual es dar el pecho al bebé tantas veces como lo solicite, generalmente entre 8 y 12 veces al día al principio, y cada sesión de amamantamiento se sugiere que dura hasta que el bebé parezca satisfecho. Sin embargo, estas reglas están en continuo cambio por las tendencias y las modas. Es importante comprobar que el bebé parece satisfecho después de cada lactancia, que aumenta correctamente de peso, que “moja” los pañales entre seis y ocho veces al día y que evacúa entre dos y cinco veces al día; estas señales pueden ser de un correcto y suficiente amamantamiento.

Los períodos de tiempo en que el bebé se alimenta de la leche materna son aquellos momentos íntimos en que madre e hijo se encuentran relajados y en contacto físico, ayudando a establecer un vínculo beneficioso para ambos. El estar en contacto físico ayuda al bebé a permanecer calmado, seguro y confortable, mientras que para la madre es un tiempo de aumento de la confianza en sí misma y de sentimientos de unidad con su recién nacido.

La posición de madre e hijo durante el amamantamiento es de gran importancia para la lactancia en sí misma, y para la prevención de dolores y contracturas musculares de la madre derivadas de una mala colocación. La conocida como “posición de arrullo” es una de las posiciones más recomendables; también la posición acostada de medio lado es una posición recomendable, especialmente para madres que han sido sometidas a cesárea, o en el caso de bebés de pequeño tamaño.

Consejos para la madre

La madre lactante debe seguir una correcta y equilibrada dieta alimenticia, conteniendo especialmente alimentos que contengan calcio, hierro, proteínas y vitaminas: frutas, vegetales, lácteos, cereales, legumbres, carne y pescado, generalmente calculando unas 500 kilocalorías más que en una persona que no esté amamantando. Se recomienda que las madres que están amamantando no ingieran alimentos que puedan dar mal sabor a la leche (ajo, espárragos, etc.), así como se abstengan de tomar compuestos que pueden excretarse por la leche como cafeína, alcohol o muchos medicamentos. El tabaco tampoco es recomendable.

A partir de los seis meses de edad, puede iniciarse paulatinamente la incorporación de otros alimentos en la dieta del bebé, como por ejemplo verduras y carnes, cereales o alimentos con más contenido en hierro. Estos alimentos no reemplazarán al principio la leche materna, sinó que la lactancia se recomienda que continúe al menos hasta el año de vida del recién nacido.

Igualmente es importante durante la lactancia prevenir enfermedades de las mamas o del pezón, como grietas, heridas, infecciones, etc.

Parece ser que las madres que han amamantado a sus bebés podrían padecer un menor índice de depresión postparto, y quizás también de algunas enfermedades metabólicas. También se ha observado cierta tendencia a un menor índice de osteoporosis en las madres que amamantaron a sus bebés. De igual manera, se ha sugerido que el índice de algunos cánceres puede ser algo inferior entre mujeres que han amamantado a sus bebés.

Las madres que padezcan enfermedades infecciosas como el SIDA o la tuberculosis no deberían amamantar a sus bebés por el riesgo de transmitir la enfermedad al recién nacido, así como aquellas madres que sigan ciertos tratamientos farmacológicos o que sean adictas a drogas o al alcohol.


Dra. Elisabeth Herrero Vila y Dr. Jordi Esquirol Caussa - Especialistas en Medicina Familiar y Preventiva - Médicos Colaboradores de Advance Medical