Factores de riesgo cardiovascular

La salud cardiovascular, la capacidad de mantener un corazón sano con unas arterias coronarias en condiciones óptimas para que el órgano esté bien irrigado y, por lo tanto, pueda realizar su función de bombeo de la sangre hacia todo el organismo de la mejor manera, depende de diversos factores, algunos de ellos modificables y otros que no lo son.

Miniatura

Los principales factores de riesgo cardiovascular que no se pueden modificar son la edad, el sexo y la predisposición genética. Algunas alteraciones genéticas favorecen que determinadas personas puedan padecer una enfermedad cardiovascular y la edad conlleva que los tejidos se debiliten y deterioren y aumente así el riesgo de sufrir una patología cardiovascular a medida que se envejece. El riesgo de padecer una angina de pecho (también llamada ángor) o un infarto agudo de miocardio (IAM) es mayor en los hombres; no obstante, la mortalidad de las personas que sufren estas enfermedades es mayor en la mujer.

Los factores de riesgo modificables son sobre los que hacen hincapié en general las campañas de prevención de las enfermedades cardiovasculares, dado que, a diferencia de los mencionados anteriormente, son los que se pueden abordar. Estos factores son:

Tabaquismo

El consumo de tabaco multiplica por tres el riesgo de padecer un episodio cardiovascular en comparación con las personas que no son fumadoras. Dicho riesgo es directamente proporcional a los cigarrillos que se fuman al día y a los años de duración del hábito tabáquico. Los fumadores pasivos también están sometidos a un mayor riesgo de padecer algún problema cardiovascular, pese a distar bastante del de los fumadores. Es imprescindible abandonar por completo el tabaquismo con la ayuda de nuestro médico habitual para conseguir una mejor salud cardíaca.

Diabetes

Padecer diabetes hace que la glucosa excesiva en sangre dañe la capa más interna de los vasos sanguíneos, lo que favorece la arterioesclerosis, un endurecimiento de los vasos, hecho que dificulta el paso de la sangre y que, por lo tanto, aumenta el riesgo de que se produzca una oclusión arterial. Conviene que las personas diabéticas, tanto si están tratadas con insulina como con otros fármacos, mantengan un estricto control de la glicemia. Se recomienda que los niveles de glucosa en ayunas sean inferiores a 110 mg/dl para evitar el aumento del riesgo de padecer una angina de pecho o un IAM.

Hipertensión

El hecho de sufrir de hipertensión arterial conlleva que el corazón tanga que bombear la sangre con más fuerza para lograr que esta llegue correctamente a los tejidos. El excesivo trabajo al que se ve sometido el corazón hace que a medio plazo el órgano tenga que aumentar su masa muscular para hacer frente al sobreesfuerzo y que las arterias se engrosen, lo cual dificulta el riego sanguíneo y favorece que se dé un episodio cardiovascular. Es aconsejable que las cifras de tensión arterial se mantengan por debajo de 130 mm Hg en el caso de la tensión sistólica y alrededor de los 80 mm Hg con respecto a la tensión diastólica.

Colesterol

El colesterol se deposita en el interior de las arterias, lo cual provoca la creación de placas de ateroma que dificultan la circulación de la sangre y aumentan el riesgo de sufrir un ángor o una IAM. Se recomienda que los niveles totales de colesterol permanezcan de manera óptima por debajo de los 200 mg/dl. El colesterol puede unirse a unas proteínas que pueden ser de baja densidad molecular (LDL) o de alta densidad molecular (HDL). El colesterol del tipo LDL se deposita en las arterias y aumenta el riesgo cardiovascular, por lo que es deseable que sus cifras se mantengan por debajo de 160 mg/dl. El colesterol HDL va al hígado para su almacenamiento o excreción, por lo que su aumento supone una disminución del riesgo cardiovascular al disminuir la proporción del otro tipo de colesterol. Es conveniente que los niveles de colesterol HDL superen los 40-60 mg/dl.

Triglicéridos

Los triglicéridos elevados, al igual que el colesterol, también suponen otro factor que aumenta el riesgo cardiovascular y debería procurarse que sus niveles no superasen los 150 mg/dl.

Dieta

La dieta es un pilar fundamental en el control del riesgo cardiovascular. Se ha demostrado que la dieta mediterránea, más rica en pescado, cereales, frutas y verduras, disminuye el riesgo cardiovascular frente a las dietas más ricas en carnes y grasas. En la dieta diaria es aconsejable incluir frutas, verduras, cereales, hidratos de carbono, carne blanca y pescado azul, disminuyendo el consumo de carne roja y sal. El aceite de oliva, los cereales y los frutos secos son ricos en ácidos grasos insaturados, que disminuyen el colesterol LDL y total, a diferencia de los ácidos grasos saturados propios de la carne, la grasa y los lácteos. Los cereales integrales y las legumbres son ricos en fibras, que disminuyen los niveles de colesterol y regulan la tensión arterial. El pescado azul es rico en ácidos omega-3 y el efecto antioxidante de las vitaminas y los minerales abundantes en la fruta y la verdura previenen la formación de las placas de ateroma.

Obesidad

La obesidad y el sobrepeso predisponen a la aparición de diabetes, hipercolesterolemia e hipertensión arterial, consabidos factores de riesgo cardiovascular. Es recomendable que el índice de masa corporal (IMC) se mantenga por debajo de 25 kg/m2.

Sedentarismo

La falta de actividad física aumenta el riesgo cardiovascular al favorecer la aparición de hipertensión arterial, obesidad, arterioesclerosis y enfermedades respiratorias. Se recomienda una actividad física diaria de unos 30 minutos. Las actividades aeróbicas (nadar, correr, caminar, ir en bicicleta, remar), es recomendable realizarlas durante unos 20 minutos unas 3-5 veces por semana con una intensidad del 60-90% de la frecuencia cardíaca máxima (FCM), cuyo cálculo se obtiene restando la edad a 220. Las actividades anaeróbicas, como los ejercicios de musculación, se recomienda unas 2-3 veces semanalmente y siempre bajo supervisión de profesionales.

Estrés

El estrés comporta un aumento del riesgo cardiovascular. Verse sometido a una alteración emocional importante aumenta el riesgo coronario en las dos horas siguientes del episodio. Asimismo, estar bajo estrés también hace que se coma peor y se realice menos actividad física, lo cual aumenta el riesgo cardiovascular. Se debe procurar gestionar y disminuir este estrés, ya sea mediante ejercicios de relajación, una actividad física moderada o la realización de cualquier actividad saludable que nos sosiegue.

Son varios los factores que están en nuestras manos para intentar garantizar un mejor estado de salud cardiovascular y reducir el riesgo de padecer una enfermedad de este tipo. Es aconsejable dejarse guiar por los especialistas de la salud para proteger el corazón y poder llevar una vida más sana y más plena.


Dr. David Cañadas – Especialista en Medicina General – Médico consultor de Advance Medical