5 buenos hábitos para recuperar tras el verano

Está claro que el verano cambia nuestra alimentación, no sólo porque las altas temperaturas no piden más líquidos, sino porque también cambia nuestra rutina y, motivados por el buen tiempo, salimos más fuera de casa. Entre los helados, las bebidas refrescantes, las paellas, las tapas, las frituras… nuestra dieta destaca por un elevado contenido en grasas, azúcares simples y, en definitiva, calorías de más.

Miniatura

Septiembre se convierte en el mes de vuelta a los buenos hábitos saludables, más acordes con el ritmo habitual del resto del año. En pocas palabras, es hora de poner en orden nuestra alimentación.

Ordena tus comidas

El verano es muy propicio a la desorganización horaria, y las comidas y las horas de sueño suelen verse alteradas. En septiembre hay que volver a recuperar el hábito de 5 comidas al día. Recuerda que una buena distribución de las ingestas (desayuno, media mañana, comida, merienda y cena) va a ayudar a regular el apetito y a comer cantidades más adecuadas a nuestras necesidades calóricas.

Incluye verdura en la comida y la cena

En vacaciones solemos comer más fuera de casa y nos dejamos llevar más por los caprichos culinarios. Es cuando la ingesta de verdura diaria puede verse comprometida, y por ende también la ingesta recomendada de fibra diaria. Por tanto, en septiembre hemos de volver a recuperar el hábito diario de tomar dos raciones de verdura, una en la comida  y otra en la cena. La verdura es una de las mejores fuentes de vitaminas, minerales y elementos antioxidantes que nos van a ayudar a mantener el equilibrio y el balance de nutrientes esenciales para que nuestro organismo pueda afrontar mejor el síndrome postvacacional.

Controla el aporte de grasa en la dieta

Los fritos, los rebozados, las salsas, los helados cremosos… forman parte de los placeres de la época veraniega. Para seguir una dieta saludable, se recomienda que aproximadamente el 30% de la energía diaria proceda de las grasas, y la grasa saturada no debería superar el 10-11% de las calorías del día. Por tanto, hemos de limitar la ingesta de ciertos alimentos como quesos grasos, mantequilla, pastelería industrial, carnes grasas y derivados cárnicos grasos (salchichón, chorizo, bacon, paté, salchichas, etc…). Las grasas insaturadas gozan de mejor fama por sus propiedades cardiosaludables, así que optemos por ellas: aceite vegetal (mejor de oliva, girasol), pescado azul (2 veces a la semana), frutos secos (unos 20g al día), semillas y aguacate.

Ajusta la cantidad de hidratos de carbono a tu actividad diaria

En verano se consumen más azúcares simples a través, sobre todo, de bebidas azucaradas y helados. Los hidratos de carbono constituyen una buena fuente de energía, pero tomados en exceso favorecen el depósito de grasa corporal y, a largo plazo, la aparición de diversos tipos de complicaciones fisiológicas. Por tanto, hay que ajustar su cantidad en función de la actividad física diaria. Además, en cuanto a la naturaleza o tipo de hidratos de carbono es recomendable que la mayor parte sean complejos (legumbres, cereales, pasta, arroz, pan y patata), y en menor proporción los simples (azúcar blanco/moreno, miel).

Recuerda, la mejor bebida es el agua

Después de priorizar las bebidas refrescantes azucaradas, granizados, sorbetes, así como cerveza, vino, y otras bebidas alcohólicas, volvamos a recuperar el agua como bebida principal. Es con ella con la que debemos hidratarnos y acompañar los comidas principales.


 

Isabel López - Licenciada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos -Diplomada en Nutrición Humana y Dietética - Nutricionista consultora de Advance Medical