Esquí de fondo

En el ámbito del esquí, la modalidad de esquí de fondo es de las más antiguas que existe. Se datan sus orígenes en Noruega y Rusia, hace ya más de 5.000 años.

El esquí de fondo tiene sus inicios cuando aparece la necesidad de desplazarse de un lugar a otro teniendo que atravesar espacios nevados. Andando era imposible lo que agudizó el ingenio de nuestros antepasados que con una tabla crearon un utensilio que les permitía llegar a lugares a los que sin ella hubiera resultado imposible. Es a principios del siglo pasado cuando este deporte cuenta ya con competiciones oficiales y se sitúa en la agenda de los deportistas.

Un deporte completo

Como deporte podríamos incluirlo entre la lista de los deportes "completos". Debido a la técnica, el cuerpo se trabaja de manera global. Se obtienen beneficios  a nivel muscular y articular, y a nivel cardiovascular es un ejercicio aeróbico por excelencia.  Además, existen estudios que corroboran que los esquiadores de fondo tienen una muy buena capacidad pulmonar, por lo que a nivel respiratorio es también una "terapia" excelente.

Aprender no es complicado. Se trata de entrada de conseguir coordinar brazos y piernas. El movimiento debe ser fluido porque aunque puede parecer fácil, requiere de cierta práctica. Existen dos tipos de técnicas, la clásica y la de patinador, pero en ambas hay que deslizarse evitando el movimiento que realizamos al andar. Para quien se inicia, es mejor la clásica ya que la evolución es más progresiva y, sobre todo, es la mejor manera para conseguir alcanzar el equilibrio, que es la base del esquí de fondo.

Un buen entrenamiento para otros deportes

Pero que pueda ser sencillo no da por supuesto que no sea físicamente exigente, porque sí lo es. El esquí de fondo es uno de los deportes que más practican deportistas de otras disciplinas como preparación y para conseguir mejores resultados en sus respectivos deportes, así pues ya da a entender que esa exigencia es el peaje a pagar para llegar a ser mejor.  Se recomienda tener un mínimo de forma física, no sólo para aguantar correctamente las largas distancias sino para que los beneficios sean reales. Sería adecuado que durante la semana se pudieran dedicar unas dos o tres a realizar ejercicios combinados de trabajo muscular  con algún ejercicio aeróbico.

La bicicleta o la natación son perfectas, y si además se añaden rutinas de potenciación de brazos y piernas estaremos casi completando el círculo. No hay que olvidar reforzar la espalda y abdomen. Hay que pensar que las distancias equivalen a horas estando en posición erguida y una buena musculatura de soporte será la diferencia entre acabar antes de lo esperado o finalizar cansado pero feliz.

Un factor importante es el menor riesgo de lesión, si lo comparamos con el esquí alpino. No existe impacto, no se cogen las mismas velocidades, se sigue un mismo recorrido por lo que no se cruzan otros esquiadores y las contusiones son poco habituales.

¡Dicen que quien lo prueba, se "engancha"!

Dra. Eva Ferrer Vidal-Barraquer - Especialista en Medicina Deportiva - Médico colaborador de Advance Medical