El descanso en el entrenamiento

Es importante permitir que el cuerpo se adapte a los cambios que supone un entrenamiento, sea de la disciplina que sea. Y es que el cuerpo tiene necesidad de recuperarse: las adaptaciones harán que esté más y mejor preparado para las exigencias del entrenamiento.

La glucosa en forma de glucógeno es nuestra gasolina. Gracias a ella los músculos tienen capacidad para moverse. Cuando la glucosa se acaba, que es la que proporciona energía de forma rápida, empezamos a usar los depósitos de glucógeno. Pues bien, gracias al descanso estamos regalando a los tejidos un tiempo precioso para la reposición de estos depósitos que volverán a ser esenciales al retomar la práctica activa.
No sólo hay que reponer estos depósitos sino que, debido a la pérdida de fluidos a través de la sudoración, por ejemplo, se hace necesaria una buena hidratación post-esfuerzo y un descanso asociado a éste.

Los microtraumatismos o pequeñas lesiones que no apreciamos y que no nos dan ningún tipo de problema físico requieren de un tiempo para poder restablecer el equilibrio y repararse. En general, son los tejidos como el músculo los que nos vienen a la mente al referirnos a descanso. Pero si pensamos en la carga que supone el ejercicio sobre las articulaciones es evidente que éstas también son candidatas a disfrutar de algún día de descanso dentro de nuestra rutina.
Quien entrena cada día, sea de la disciplina que sea, somete a su cuerpo a un ?estrés? elevado y probablemente acabe por sufrir lo que se conoce como sobreentrenamiento. Ese excesivo nivel de carga puede llevar a lo que en medicina se denomina lesión de estrés o sobrecarga. No es más que la carga repetida sobre una misma zona que predispone a una lesión. Es típica la afectación de la tibia en los corredores o la tendinitis del codo en el tenista.

En caso de lesión el descanso es otra razón para la correcta recuperación. Si se hace siguiendo las recomendaciones, la evolución será favorable y la reincorporación será más segura.
Un aspecto poco valorado cuando se habla de descanso es el mental o psicológico. La persona que dedica mucho tiempo a realizar su rutina de ejercicio o ir al gimnasio acaba por quemarse un poco. Los días de descanso permiten destinar este tiempo a otras tareas y en muchas ocasiones a encontrar un equilibrio entre el ejercicio y la vida cotidiana.
Disfrutar de actividades diferentes a las que se practican de manera rutinaria hará que el día que nos toque de nuevo hacer ejercicio nos lo tomemos con más ganas y exista una motivación extra.

En ocasiones, descansar no significa estar parado completamente. Se pueden trabajar otras áreas del cuerpo que habitualmente no entrenamos. Por ejemplo, si nuestro deporte es el fútbol, en alguno de los días de descanso podríamos dedicar el tiempo al tronco y a los brazos, es lo que se conoce como cross training o entrenamiento cruzado. No es necesario hacer siempre cross training o entrenar los días de descanso. Quien quiera hacerlo, adelante pero con cabeza.

El tiempo de descanso es un tiempo de recuperación y seguir ejercitándose sobre las mismas zonas sólo conseguirá agotar nuestras fuerzas antes de lo necesario. Sin embargo, si trabajamos grupos musculares diferentes podremos mantener un ritmo adecuado sin agotarnos.

No es lo mismo entrenar para una competición que siguiendo nuestra rutina habitual. El descanso, de todos modos, debe existir en ambos casos y quizá será más exigente cuando estamos preparando una competición que en otras circunstancias. Esto es así porque la exigencia es mayor en caso de tener cerca un objetivo claro y el cuerpo necesitará un periodo adecuado para recuperarse y prepararse.

Dra. Eva Ferrer Vidal-Barraquer - Especialista en Medicina Deportiva - Médico colaborador de Advance Medical