Ejercicio y osteoporosis

Desde hace unos años, la osteoporosis ha alcanzado una “gran cuota de mercado” y es que las cifras dan para pensar. Es una enfermedad que puede afectar a ambos sexos, pero que claramente sufre más el sexo femenino, en concreto en un 80%. A nivel mundial se calcula que 200 millones de mujeres la padecen (3 millones en España), de las cuales muchas van a tener fracturas asociadas.

Esta enfermedad afecta a la calidad del hueso. Lo que sucede es que se va perdiendo densidad mineral ósea, es decir el hueso se debilita y como consecuencia es más factible que pueda fracturarse. En el caso de las mujeres, esta desmineralización tiene una relación directa con la época de la menopausia ya que las hormonas, los estrógenos, que hasta ese momento han fomentado que el hueso tenga una densidad apropiada, dejan de actuar a este nivel. El hueso puede llegar a perder hasta el 50% de su densidad, lo que hace que sea claramente más frágil.

¿Cómo puede ayudar la actividad física?

La actividad física es una herramienta muy potente porque puede ser preventiva antes y durante. Si antes de que se desarrolle la patología se consigue tener un buen hábito y la actividad física forma parte de nuestra rutina, conseguiremos que los huesos reciban estímulos para aumentar la densidad y, por tanto, estar más fuertes. Existen una serie de células que necesitan del estímulo del impacto para que se facilite la incorporación de mineral en los huesos. Si se estimulan estas células con ejercicios como andar a paso ligero, correr o bailar estaremos “mineralizando” los huesos. El trabajo de fuerza es también muy recomendable para complementar el efecto del impacto a nivel óseo. Además, hay que pensar que si se desarrollan los músculos, estos siempre serán un punto de apoyo que va a permitir que el hueso no reciba tanta carga. Se trata de evitar al máximo que el hueso se debilite y que las estructuras adyacentes se fortalezcan.

Elegir bien la actividad

Una vez la enfermedad está establecida hay que tener cuidado con el tipo de actividad que se escoja. Cierto es que es mucho más recomendable moverse que quedarse en casa, pero hay que valorar muy mucho cual es la actividad que se elige. Si existe ya debilidad ósea, la posibilidad de fractura aumenta, por lo que actividades en las que hay poco impacto o sean menos intensas serán las más recomendables. En este caso, andar, ir en bicicleta o incluso las actividades acuáticas están en la lista. Pero no hay que olvidar que la rutina estará completa si a estas se le añaden ejercicios donde se siga trabajando el músculo y la fuerza. Es por ello que actividades dirigidas en las que se trabaja de manera global todo el cuerpo son muy recomendables en esta etapa;  yoga, estiramientos, Pilates... Además con ellas se añade un componente importante: la mejora del equilibrio para evitar caídas y consecuencias peores.

 

Dra. Eva Ferrer Vidal-Barraquer - Especialista en Medicina Deportiva - Médico consultor de Advance Medical