Trastorno obsesivo compulsivo, qué es y cómo detectarlo

Tanto el orden como el desorden, son conductas aprendidas. Como tales, podemos cambiarlas o potenciarlas. En el caso de ambas, llevarlas al extremo puede acarrear problemas de conductas, como ocurre con el trastorno obsesivo compulsivo.

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Ser ordenado es un rasgo de la conducta que implica disciplina y constancia, habilidades que se empiezan a desarrollar en la infancia, mediante comportamientos de imitación de las figuras de referencia, que normalmente son los padres. El problema reside en si se convierte en un trastorno obsesivo compulsivo.

  1. Desde la infancia...
  2. ¿Cuándo hablamos de un Trastorno obsesivo compulsivo?
  3. ¿Y qué esconde un desorden excesivo?
  4. Ni blanco ni negro
  5. Consejos para encontrar el equilibrio entre el caos y el orden excesivo

Desde la infancia...

Cuando los niños son pequeños, es importante que mantengan unos horarios de sueño, comida, actividades, responsabilidades, juego, etc., para que así, puedan predecir inconscientemente qué viene después y liberarles de la tensión de pensar constantemente qué deben de hacer. Y es que organizarnos físicamente tiene un efecto directo en nuestra organización mental, al poner en orden nuestras prioridades, ideas y proyectos personales y ayudándonos a ser más libres, responsables y maduros.

Pero una cosa es ser ordenado, metódico, pulcro y preciso, y otra muy distinta es vivir de una manera enfermiza el orden. La obsesión por tener todo en su sitio suele ser un reflejo de que la persona piensa que puede controlar la vida en sus aspectos ordinarios y que, por ende, puede evitar las catástrofes inesperadas de la existencia actuando según un orden rígido. De esta manera, llegan a pensar que, si no está todo ordenado por colores, tamaño, etc., puede suceder un desastre que arruine sus vidas.

De este modo, algunos llegan a convertirse en esclavos de rituales y conductas que deben ejecutar compulsivamente si no quieren que suceda algo malo, revelando la existencia de un trastorno obsesivo compulsivo (TOC) que genera mucho sufrimiento y ansiedad en la persona que lo padece. Se trata de personalidades perfeccionistas, descontentas siempre con lo que hacen y con un nivel de exigencia con ellos mismos y con los demás excesivos, que les lleva directamente a la insatisfacción personal, a la decepción con los demás, la frustración y el miedo al fracaso. Esto no debe asemejarse con el masturdating.

¿Cuándo hablamos de un trastorno obsesivo compulsivo?

Podría considerarse que existe un TOC cuando:

  • La necesidad de ordenar provoca verdadera angustia.
  • Existen pensamientos repetitivos y a menudo con un componente estrafalario “si no lo coloco así, ocurrirá tal cosa”.
  • Se realizan conductas repetitivas ejecutadas compulsivamente que alivian la ansiedad que produce no tenerlo todo en orden.
  • Se consume demasiado tiempo en tareas improductivas e inútiles.
  • La conducta ritualizada, genera dosis elevadas de sufrimiento y malestar.

Lo recomendado en estos casos es acudir a un psicólogo que ayude a la persona a remitir sus obsesiones, así como también a paliar sus ejecuciones compulsivas, sustituyéndolas por otros patrones de conducta que consigan mejorar su ansiedad.

¿Y qué esconde un desorden excesivo?

En el lado opuesto, demasiado desorden puede ser la manifestación de la existencia de un trastorno de la voluntad como es la apatía, la abulia o la astenia o ser un indicativo de la posible presencia de una depresión, ansiedad y, en menor medida, de un trastorno de la personalidad. Y es que el desorden en los espacios que habitamos es señal de desorden en nuestro mundo interior. Tener todo revuelto a nuestro alrededor lanza un mensaje de confusión interna, falta de estructuración y desorganización de los proyectos vitales, apoyado por emociones de inseguridad, miedo al cambio, confusión e incertidumbre. Podría decirse que estar saturado de objetos desordenados significa estar saturado de ideas y proyectos sin resolver.

Ni blanco ni negro

Pero como los extremos nunca son buenos, en referencia a las realidades humanas, también existe la posibilidad de tener un entorno desordenado, pero bien organizado. El orden hace referencia a la forma en la que están colocados los objetos, y la organización es un sistema para conseguir un resultado deseado. Si lo que buscas es eficacia, eficiencia y rapidez, entonces el orden tradicional puede ser los más apropiado, pero si lo ansiado es la creatividad, lo original y lo novedoso, hay experimentos que demuestran que los entornos flexibles y desordenados facilitan la consecución de éste objetivo. Por eso, popularmente se dice que los grandes genios han sido un verdadero monumento al desorden, aunque ser desordenado no te convierte en un genio, o que hay personas que siempre encuentran lo que buscan a pesar de tenerlo todo desordenado.

Consejos para encontrar el equilibrio entre el caos y el orden excesivo

  • Es importante poder habitar espacios que nos resulten agradables y cómodos de manejar. No es razonable estar a cada rato buscando cosas que se extravían por tanto desorden, ni agobiarnos con solo mirar el estado de nuestro lugar de trabajo o vivienda.
  • No es necesario invertir en la tarea de ordenar más tiempo de lo que realmente requiere, pues implica un gasto de energía innecesario que restamos a otras actividades más importantes.
  • Es primordial mantener un pensamiento y actitud flexibles al cambio para poder modificar el orden, en función de las necesidades presentes. No es lo mismo vivir en una casa con un niño pequeño, que estar solos, en pareja, con un familiar enfermo, etc. La vida es cambiante y debemos saber amoldarnos a cada momento.
  • Si todo está excesivamente ordenado, más fácilmente sentiremos la sensación de desorden si un objeto está fuera de su lugar, por ello es fundamental priorizar qué aspectos son más importantes tener controlados y con cuales podemos hacer la vista gorda.
  • La intransigencia respecto a la existencia de diferentes maneras de entender el orden nos hace presos de dicotomías: las cosas son blancas o negras y, por tanto, si no está ordenado, está desordenado. En este sentido, es de vital importancia aprender a movernos por la escala de grises.
  • La disciplina es uno de los principales antídotos contra el estrés y la vida acelerada del ser humano, por ello, es aconsejable tener una organización diaria dispuesta a cambios inesperados.

Así pues, podríamos concluir que, la manía por el orden y el afán de perfección y pulcritud que sienten algunas personas pueden ser un rasgo de personalidad muy ventajoso en algunas situaciones que requieren de un alto grado de rigurosidad, precisión y exactitud, pero también puede indicar la existencia de un trastorno obsesivo compulsivo. En cambio, la propensión al desorden y los espacios flexibles, movibles y de escucha al cambio, pueden avivar la creatividad, pero en exceso, pueden demostrar la existencia de un mundo interno caotizado, desorganizado y sufriente.

Mireia Galán – Especialista en Psicología Clínica y Psicoterapeuta familiar y de pareja – Psicóloga consultora de Advance Medical