Sobrecarga informativa o infoxicación

El 62% de los españoles reconoce estar “infoxicado” o sufrir sobrecarga informativa en temas de salud, según un estudio realizado a más de 1.000 personas por Doctoralia, el Marketplace de salud más grande del mundo.

Sobrecarga informativa

En dicho estudio, pacientes, periodistas y profesionales sanitarios coinciden en considerar que existe un exceso de información de salud en la red y que, además, gran parte de la misma es errónea, escenario propicio para la sobrecarga informativa.

¿Qué es la infoxicación?

La infoxicación es un neologismo que mezcla la palabra información e intoxicación, y se utiliza para hacer referencia al fenómeno que se produce cuando hay una sobrecarga informativa, donde la información recibida es mucho mayor que la que somos capaces de procesar, hecho que genera consecuencias negativas en la persona.

¿Cómo puedo saber si estoy infoxicado por temas de salud?

  • Busco constantemente más información porque no lo acabo de tener claro.
  • Me cuesta tomar decisiones sobre cómo debo actuar.
  • Tengo dificultad para concentrarme.
  • Empiezo a notar fallos en la memoria.
  • Siento ansiedad cuando pienso, escucho o hablo sobre temas de salud.
  • Me dan ataques de pánico.
  • Siento que estoy perdiendo visión y tengo problemas en el sistema digestivo.

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¿Por qué nos tenemos una sobrecarga informativa?

  • Inseguridad: cuando nos sentimos inseguros, tendemos a pensar que acudir a distintas fuentes de información nos hará recopilar el conocimiento suficiente para decidir mejor sobre nuestra salud. Pero estar inseguro, convierte la búsqueda en algo obsesivo, que nos agobia y termina por colapsar la acción sin obtener nada en claro.
  • Cuanta más, mejor: a veces los títulos de los artículos o “noticias” son tan atractivos que, aún sin saber qué dice el post, lo guardamos o reenviamos sin ni siquiera habernos molestado en leerlo con atención. El “por si a caso” que todos en algún momento hemos utilizado, puede llegar a ser perjudicial e infoxicarnos.
  • No filtrar: hay un momento en el que nos encontramos con una infinitud de información a la que atender, pero hacerlo, conllevaría varias horas de lectura al día y, obviamente, muchos de nosotros no las tenemos. Es imposible seguir el ritmo de todas las publicaciones de salud que seguimos, redes sociales relacionadas, o documentos de Whatsapp recibidos. Es en ese momento cuando aparece el agobio, el escaneo y no la lectura compresiva de contenidos por querer llegar a todo y, tras ello, surge la sobrecarga informativa.
  • Necesidad de comparar: querer encontrar lo mejor de lo mejor respecto al tema de salud que nos preocupa, nos lanza a bucear entre miles de artículos que nos ofrecen más información de la que podemos gestionar. La incapacidad de interiorizar todo lo que estamos leyendo, nos infoxica, nos bloquea e impide que desarrollemos cualquier acción.
  • Miedo: el miedo a perdernos información relacionada con el tema de salud que nos interesa nos lleva directos a la sobrecarga informativa. Conocer de mucho, pero en realidad no saber de nada, genera falta de especialización.
  • Aparentar: la frase célebre que dice “la información es poder”, en ocasiones ha hecho mucho daño porque a menudo nos ha precipitado a utilizar la información simplemente para aparentar saber más frente a los demás. En ese caso, acumulamos cantidades ingentes de datos, exponiéndonos a la confusión por sobrecarga de información.

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¿Qué consecuencias tiene la sobrecarga informativa?

  • Síndrome de Fatiga informativa: se da en personas que tienen que lidiar con toneladas de información. Provoca la parálisis de la capacidad analítica, ansiedad, dudas constantes, conduce a tomar malas decisiones y a sacar conclusiones erróneas.
  • Pérdida de memoria: el exceso de información hace que pocos elementos queden fijados en nuestra memoria y que por tanto no podamos recordar algo que ya leímos.
  • Disminución de la atención: la multitarea que requiere manejar tantos datos o información nos convierte en seres más eficientes procesando, pero menos capaces de concentrarnos.
  • Superficialidad: al no leer los artículos o posts palabra por palabra, de izquierda a derecha y de arriba a abajo, no profundizamos en la información, nos quedamos en lo superficial y lo importante puede hacerse invisible.
  • Miedo: al poseer tanta información confusa, el cerebro entiende que debe protegerse de un peligro poco adaptado a la realidad, sino derivado de la mala gestión de la información. Y el miedo precisamente, es una emoción que bloquea e impide afrontar las crisis de salud con eficacia.

6 consejos para desinfoxicarnos

Se dice que la infoxicación es la enfermedad de la sociedad digital de principios del siglo XXI. Y aunque el origen está en la enorme cantidad de información existente en Internet, la responsabilidad de padecerla o no es sólo nuestra.

  1. Menos es más: poseer mucha información de salud aumenta la sensación de riesgo.
  2. Ojo con los bulos: gran parte de los mensajes e información que se comparten por la redes sociales e internet son falsos. Ponlos en cuarentena y contrasta la información.
  3. Confía en la ciencia: Soluciona tus dudas de salud e infórmate sobre las últimas noticias al respecto a través de canales oficiales o contrastados.
  4. Evita el “por si acaso”: comparte solo información relevante, nunca en caliente y solo una vez verificada que sea cierta.
  5. Crea tu propio criterio: todos sabemos usar un procesador de texto, pero pocos saben buscar información de calidad. Para ello, define qué es lo que te interesa, a qué le prestarás tiempo y atención, y qué es aquello de lo que no puedes estar informado.
  6. Pregunta a tu médico: los profesionales sanitarios deberían poder prescribir webs de salud a sus pacientes. Pregunta a un profesional por la mejor fuente de información para tu caso.

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