Síndrome del nido vacío

Llamamos síndrome del nido vacío a una etapa evolutiva que experimentan algunos padres cuando sus hijos se marchan definitivamente de casa.

Síndrome del nido vacío

En el síndrome de nido vacío pueden aparecer sentimientos de carácter negativo: tristeza, vacío, desánimo, soledad, melancolía, ansiedad, irritabilidad, inutilidad, etc., siendo los más importantes la soledad y el desánimo, como si la vida no tuviera sentido a raíz de ese momento de cambio o crisis en la estructura familiar. Los síntomas del síndrome del nido vacío son similares a los observados en cualquier proceso de separación o pérdida afectiva, pudiendo evolucionar hacia una depresión si no se ponen medios para prevenirla.

¿Se da por igual el síndrome de nido vacío en padres que en madres?

Hasta hace relativamente poco era más frecuente en mujeres. El rol que se le ha venido asignando tradicionalmente a la mujer como cuidadora de la familia hacía que fueran ellas las que renunciaban a sus propios sueños y aspiraciones para volcarse por completo en la crianza de los pequeños, por lo que, cuando estos se iban de casa, uno de sus principales roles quedaba por cubrir, sintiéndose solas y abandonadas. De hecho, esto sigue ocurriendo en las familias tradicionales, en las que las mujeres no trabajan fuera del hogar y convierten el cuidado de sus hijos en su objetivo de vida. Pero la tendencia indica que la incidencia es cada vez más similar en hombres y en mujeres.

En la actualidad, los roles hombre/mujer han cambiado, y la independencia de los hijos, más que ser una crisis personal, como sucedía con las mujeres, ha pasado a ser una crisis de pareja, entendiendo la palabra crisis como un momento de cambio familiar en el que deben generarse dinámicas de funcionamiento nuevas, distintas a las existentes anteriormente.

¿Cómo afecta el síndrome del nido vacío a la relación de pareja?

Después de más de 20 años dedicados a ser padres, la salida de los hijos implica un momento de reencuentro como pareja. Si estas dos funciones han estado equilibradas a lo largo del ciclo familiar, la adaptación al nuevo sistema se hará progresivamente y sin problemas, pero si, por el contrario, ha predominado el rol de padres descuidando la relación de pareja, o incluso los hijos han sido el único motivo para permanecer juntos, la independencia de estos puede suponer el inicio de una etapa de conflicto conyugal. Saldrán a la luz los problemas de pareja, enmascarados durante años por la dedicación que requiere el cuidado de los hijos o porque, mientras estaban en el hogar, ellos hacían de mediadores en las discusiones de pareja.

¿Afecta igual en las familias monoparentales?

La independencia de los hijos deja un vacío mayor en las familias monoparentales. Afrontar el cuidado de los hijos en solitario requiere de una renuncia mayor a los deseos y realizaciones personales para hacer de la crianza un proyecto de vida. Este funcionamiento genera un sentimiento mayor de pertenencia parento-filial, y el cambio que implica la salida de los hijos del hogar requiere emplear más recursos para superarlo.

¿Cómo prevenir el síndrome del nido vacío?

  • Permite y fomenta la autonomía de tus hijos desde su nacimiento. Deja que vayan a campamentos, excursiones, salidas y viajes con familia o amigos.
  • Haz evolucionar el vínculo. De modo que lleguéis a relacionaros de adulto a adulto, sin sermones, ni tratándoles como si todavía fueran niños.

¿Cómo gestionar el síndrome del nido vacío?

  • Acepta que la vida es una sucesión de etapas y que ésta es una de ellas. Lo único constante en la vida es el cambio.
  • Felicítate por el trabajo bien realizado. Si tus hijos se han ido de casa y se las arreglan solos quiere decir que has hecho bien tu tarea educativa.
  • Normaliza tus emociones. Es normal que le eches de menos y que eso te produzca dolor “la casa parece más grande, la nevera está más vacía, ya no existen las mismas conversaciones del día a día relacionadas con estudios, las clases, etc.”, pero debes asumir que tus hijos se han hecho mayores y que estas emociones irán diluyéndose a medida que os adaptéis a la nueva situación familiar.
  • Refuerza tu relación de pareja. No es conveniente encerrarse en uno mismo porque eso potenciará aún más los sentimientos de soledad que acompañan a la etapa, de modo que fomenta el diálogo con tu pareja, inicia actividades conjuntas y utiliza la creatividad para los nuevos desafíos de la vida.
  • Dedícate tiempo. No te abandones ni descuides tu alimentación, aunque vayas a cocinar solo para ti ahora que tus hijos ya no están. Retoma actividades a las que renunciaste anteriormente, desarrolla nuevas aficiones, realiza actividades físicas, estudia algo que te apetezca o apúntate a una actividad creativa. Esto hará que mantengas la mente ocupada, reduzcas el estrés y evites el insomnio que pudiera aparecer a raíz de la nueva situación familiar.
  • Mantén la comunicación con tus hijos. Fomenta el diálogo con ellos dejando de lado las críticas y reproches, así los hijos seguirán unidos, pero “de otra forma”.
  • No invadas su espacio. Tu hijo debe responsabilizarse de su nuevo hogar, por lo que no resulta de gran ayuda para su proceso madurativo, el que te ocupes de su limpieza, de llenar su nevera o de planchar su ropa.
  • Fomenta las amistades. Seguro que muchos de ellos están pasando o han pasado por la misma etapa en la que te encuentras tú.

  

Mireia Galán

Artículo de Mireia Galán

Psicóloga

Especialista en Psicología Clínica y Psicoterapeuta familiar y de pareja - Psicóloga consultora de Advance Medical

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